La libertad, querido Sancho
May04

La libertad, querido Sancho

Creo que todos hemos dicho u oído alguna vez esta frase tan sentenciosa de Don Quijote (II, LVIII): “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”. Pero...

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Escenas costumbristas
Abr28

Escenas costumbristas

I A unos metros por debajo de mi ventana hay una azotea a la que solo se puede acceder desde alguno de los balcones que desembocan en ella. Cuando hace sol, dos mujeres y un hombre, los tres de cierta edad, trepan por la baranda de una de las terrazas y montan en la azotea lo que el pijerío cateto ha dado en llamar un chill out. Ellas van siempre vestidas con batas de guatiné de llamativos colores, hablan en voz muy alta y ríen todo...

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Nuestro sistema métrico emocional
Abr22

Nuestro sistema métrico emocional

Hay un pequeño texto de Alejandro Casona especialmente delicioso, se titula “Sistema métrico espiritual” y forma parte de las charlas radiofónicas (“Charlas de un fumador”, las tituló él) que el escritor emitió desde varias emisoras de radio de Argentina y Uruguay entre 1955 y 1962. Comienza así: “Un día tiene 24 horas, un kilo es el peso de mil gramos, y un metro es la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano. Perfectamente....

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Metamorfosis
Abr17

Metamorfosis

La novela con la que Juan José Millás ganó el Premio Nadal de 1990 (La soledad era esto) se abre con una cita de La metamorfosis de Kafka: “¿Es que deseaba de verdad se cambiase aquella su muelle habitación, confortable y dispuesta con muebles de familia, en un desierto en el cual hubiera podido, es verdad, trepar en todas las direcciones sin el menor impedimento, pero en el cual se hubiera, al mismo tiempo, olvidado rápida y...

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El nido
Abr10

El nido

He leído en algún informe que las mujeres emplean el doble de tiempo que los hombres en el cuidado de la casa porque, entre otras razones, desarrollan una inercia patológica que les impide hacer solo una tarea. Sí, ese “pues ya que estoy” que nos murmuramos a nosotras mismas cuando, camino de poner una lavadora, nos detenemos a limpiar el lavabo o cuando, antes de recoger la tabla de la plancha (que habíamos desplegado solo para...

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