A punto de nieve

No hay nadie más miedoso que un torturador

(Pedro Sevilla, La fuente y la muerte)

Llevar a punto de nieve seis claras de huevo requiere exactamente tres minutos y treinta segundos de batido ininterrumpido y enérgico. Casca los huevos en el borde del cuenco produciendo un sonido como de campana agujereada, una campana en la que no hay cámara de aire para que resuene el badajo, de manera que el gong, frustrado, se escapa como una ventosidad ridícula por la grieta, que es al mismo tiempo su herida, ésa por la que entra la luz. Quebrar los huevos es la secuencia cero del proceso, la que avisa al monstruo de la normalidad de su vida. Alertado, se despereza en el sillón orejero, retira la manta de las piernas, agarra el mando a distancia (en el segundo intento, en el primero el mando se le resbala entre las manos mientras lo maldice), apaga el televisor e irrumpe en la cocina, donde ella está terminando de separar las claras de las yemas. El quehacer minucioso despierta su furia: «¿Qué alquimia te dispones a hacer?, ya que lo haces todo tan bien podrías instalarme el escáner, ya sabes que yo no tengo paciencia, llevo varios días esperando que lo hagas, te lo pedí por favor». El silencio de ella lo enerva. Ha empezado a batir y sabe que sólo si lo hace en silencio podrá lograr el punto de nieve. «Me das miedo -sigue diciendo-, cuando bates huevos o pelas patatas me das miedo, a veces apareces en el salón con el cuchillo de pelar patatas en la mano porque se te ha ocurrido algo y tienes prisa por decírmelo, no dejas el cuchillo en la cocina y yo pienso que me vas a agredir, y eso me da miedo, ya sabes lo miedoso que soy». Lo mira. Quiere hacerle llegar una mirada piadosa, no quiere humillarlo, pero es la compasión lo que desencadena su ira. Le grita: «¡Deja eso, hace mucho ruido, deja eso, te estoy hablando, deja eso!». Ella le da la espalda antes de empezar a llorar, no quiere que vea la lágrima rotunda que empieza a resbalar por su mejilla. Su llanto, definitivamente, lo libera del más mínimo resquicio de empatía, abandona la cocina dando un portazo, golpea con el puño el respaldo de la butaca al pasar por el salón, sale al jardín y el gato, aterrorizado, trepa al tejado para no encontrarse con él. Ha terminado. Llevar a punto de nieve seis claras de huevo requiere exactamente tres minutos y medio de batido ininterrumpido y enérgico. Es el tiempo que ella necesita para no responder a sus provocaciones.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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