No olvidamos, seguimos luchando

Derecho al olvido. José Blanco. Plataforma de Poetas por Teruel. Teruel, 2026. 100 pp.

Escribir poesía en Bilbao, eso es una cosa aparte. Haber nacido y crecido en Bilbao y que no tengas más remedio que escribir sonetos y titular a los sonetos Blas de Otero kalea; y que no tengas más remedio que dejar que entre tus propios versos se te cuele algún verso imprescindible de Gabriel Celaya; y que no tengas más remedio que consignar en el Laus Deo de tu poemario (que se titula Derecho al olvido ) que el libro se terminó de imprimir el 3 de marzo de 2026, al cumplirse cincuenta años de la matanza de Vitoria, la policía posfranquista reprimiendo a los trabajadores en huelga, asesinando a cinco de ellos; y que no tengas más remedio que hacer tuyos los versos de Goiko: “Soy un obrero del arte y como tal me visto, me presento y me comporto”; y que no tengas más remedio, en fin, que alterar el corazón de quienes no somos de Bilbao con un libro titulado Mira mi corazón preso en el ámbar de los instantes eternos.

Me he pasado todo el verano leyendo a José Blanco: doméstico, matemático, teórico y sublime. El objetivo era reseñar Derecho al olvido, libro que, según el propio autor explica, alude a dos inexistencias: el necesario huir de la “gran cháchara” (el derecho al olvido como fórmula jurídica que garantiza que podamos borrar nuestra huella digital en Internet); y la ineludible desaparición hacia la nada en la que todos andamos. Voluntad y conciencia de olvido para un escritor que sustenta su palabra en la memoria y que en torno a la memoria ha desarrollado una escritura-urdimbre en poemas, diarios y ensayos que no admiten fronteras genéricas entre sí. Derecho al olvido es todo eso.

Doméstico (que no domesticado) es el aire de la parte III de Derecho al olvido: «Diario de un poeta fracasado». El amor y el eros transcurren en una casa donde el poeta no ordena su ropa todo lo que debiera y en la que un corazón algo desaliñado procura en todo momento mantener la dignidad de quien ama por principio y por fin. Domesticidad consignada, sin embargo, en sonetos, endecasílabos y alejandrinos de una factura palaciega, espléndidos, rimas perfectas que coronan la imitatio de las cascadas de palabras de Góngora, de la afilada pluma de Quevedo, de la poesía diarística de Machado.

Matemático en todo el poemario, aunque especialmente en la parte II, «Museo de cera». En esos poemas se concentra una de las destrezas más llamativas en toda la obra del autor: el azar ordenado del Universo es nuestro propio azar, los grandes templos poéticos se resuelven en un minúsculo gesto de la amada, un paisaje cósmico proyectado en una nuca deseada, la mayor abstracción numérica en el deseo inmediato: “Tu abrazo es la unidad indivisible, / número Fibonacci que inaugura / la secuencia infinita de tus besos”. Deduzco que «Museo de cera» se escribió durante la pandemia, transpira esa lucidez científica que a algunos concedió tanta irrealidad.

Teórico del tiempo. La mirada de José Blanco se acerca tanto al tiempo que lo desvela, lo deconstruye. Vuelve aquí, en el largo poema que sirve de prólogo (igualmente titulado «Derecho al olvido»), a esa declaración de visiones tan personales ya presente en Las nubes (2006), donde los «Haikus del metro» explican con maestría lo inexplicable de nuestro ser temporal: “Volver es ir. / Si vas, regresas. / Quedarse es recordar”. Ahora, el poeta, menos joven pero igual de sabio, acerca su mirada al tiempo y actualiza el principio de Heisenberg al desarticular las convenciones del antes y el después, de la memoria y la muerte, por tanto: “El tiempo es consecuencia del recuerdo… El fracaso es el tiempo sin huella en la memoria… El tiempo se acelera con cada nuevo poema”.

Teórico de la poesía, que según Blanco es literatura, ficción por consiguiente. Nada de lirismo íntimo, nada de floripondios; el texto construyéndose de la mano de un hombre invisible (habitante de la parte I, «Horario de invierno») que “no fía la resolución de sus poemas a ráfaga alguna de iluminación”. Meditar apasionadamente la palabra y ejercitarse como ensayista desde el verso, igual que lo hiciera desde la prosa en ese libro de enorme delicadeza filológica que es El hombre bajo la lluvia (2024), en el que no deja sitio para la duda: “lo contrario de la muerte no es la vida, sino la creación”.

Y sublime. En un breve y brillante ensayo (Extrasistolismo: la escritura como anomalía) escribía José Blanco: “No puedo evitar pensar que escribir es ya de por sí una anomalía. Observando a las personas con que uno se cruza por la calle, o que comparten vagón en el metro, la conclusión resulta patente. Nadie escribe. ¿O quizás están disimulando?”. En la parte IV de Derecho al olvido («El paso del cometa») el poema es resultado visible de esa anomalía, infalible siempre en su habilidad para convertir en verdad la neurosis (“Acaso imaginas que alguien camina / detrás de ti borrándote las huellas, / porque no sabes que tú eres / el último hombre sobre la tierra”), o para diluir (otra vez) el tiempo por la contemplación de la belleza (“Quien va a Venecia ya no vuelve más”). Nota bene: el lector puede encontrar al José Blanco más sublime en Denmark Street (2019).

¿Y todo esto para qué, si el poeta comienza y termina Derecho al olvido obviando nuestro derecho a ser recordados? Para que -dice también- estos poemas propongan una “severa reflexión sobre nuestra manera de vivir, relacionarnos y morir en un mundo cada vez más distópico”. Porque la poesía (que no nosotros, devenidos todos en seres débiles e inservibles) es (quizás la única forma de) resistencia, la palabra que deja constancia del no olvido, las palabras de la pancarta de los actos de protesta por la matanza de Vitoria: “No olvidamos / Seguimos luchando”.

Imagen de portada: Espíritu sobre el agua de Anselm Kiefer.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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