Narrar el pensamiento


En el centenario del nacimiento de la escritora Carmen Martín Gaite, el profesor José Teruel publica Carmen Martín Gaite. Una biografía (Tusquets, 2025), obra ganadora de la última Edición del Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias.

Para expresar la imposibilidad de la autobiografía, Simone de Beauvoir comentaba que “uno no puede conocerse, sino solamente narrarse”. Una de las citas de Martín Gaite que José Teruel pone al frente de este libro viene a decir lo mismo: “La vida es una narración que se va haciendo aunque no la escribas […]. Uno es lo que narra y cómo lo narra”.

Las comunes reflexiones sobre el narrar de las dos escritoras me invitan a subrayar desde ahora el primer valor de esta extraordinaria biografía: la magistral urdimbre tejida por el autor entre el contar y el vivir de la biografiada, la naturaleza orgánica que sustenta la escritura por esa comprensión mutua entre lo que Martín Gaite escribía, lo que anotaba, lo que pensaba, lo que decía y lo que vivía. Captar y explicar “una escritura haciéndose”.

Tal condición sólo puede proceder de un conocimiento profundísimo de la obra de la escritora, lógico si tenemos en cuenta que entre 2008 y 2019 -y en un total de siete volúmenes- José Teruel fue abordando la edición de las obras completas de Carmen Martín Gaite; y más lógico aún si cabe si, guiados por el propio Teruel, advertimos que casi dos terceras partes de la escritura de la autora estuvo dedicada al ensayo, lo cual destierra desde el primer minuto esa imagen algo simple de mujer-novelista que pesó -pesa aún- sobre su figura; unas palabras de Rafael Chirbes traídas a colación por el biógrafo arrojan mucha luz sobre esa valoración sesgada: “emparedada entre los grandes nombres de la generación de los cincuenta, mujer entre hombres, demasiadas veces se ha querido ver en la Gaite el contrapunto blandamente femenino -y un tanto candoroso- de aquella hornada de escritores. La Gaite -según esta visión- brindaría una literatura intimista, relajada, escrita en tono menor, y alejada de los avatares de la sociedad de su tiempo”.

Además de esa indagación profunda y minuciosa en la obra de la escritora, esta biografía se sustenta en la consulta de un buen número de archivos y colecciones (institucionales y personales), en muchas entrevistas mantenidas con contemporáneos de Martín Gaite, amigos personales, editores, compañeros de generación…, y en los frondosos “cuadernos de todo”, como bautizara Marta Sánchez Martín, la hija, a los muchísimos cuadernos manuscritos en los que su madre iba anotando cuanto le venía a la pluma.

Así compuesta y trazada, la obra de Teruel produce en el lector un vuelco sobrecogedor -emocional e intelectual- al descubrir a una mujer de letras del todo implicada en su escritura, y al regalar la oportunidad de releer a Martín Gaite en su compleja heterogeneidad y en sus arriesgadas rupturas de cánones. Más allá, mucho más allá de la novelista, incluso de la ensayista amena que tanto saboreamos, hay una voz potentísima y elevadísima que está transformando -como quien no quiere la cosa- la literatura femenina de la segunda mitad del siglo XX.

En su escritura radica, por ejemplo, la disolución de fronteras entre la narrativa y el ensayo que tanto deslumbramiento nos produjo en publicaciones de jóvenes autores hace veinte o treinta años; fue también Martín Gaite quien antes que nadie presentó una saludable falta de respeto ante los límites entre historia y ficción; ella fue asimismo quien se adelantó entre sus contemporáneos a usar el material autobiográfico como fuste de textos diversos (“la convivencia entre ficción y escritura del yo es clave de bóveda de toda su obra”, explica Teruel); y ella quien puso en práctica de forma magistral y exquisita la oralidad de la escritura, guiada en cada línea por esa “búsqueda del interlocutor” (verdadera “poética de la comunicación literaria” para el biógrafo), que no deja de estar ligada a una de las zonas más íntimas de La Gaite, la que se refiere al cobijo y amparo que en la escritura encontraría una mujer para quien “la única fortaleza a la que puede aspirar el ser humano es aprender a estar solo”.

Escribir, conversar y rememorar se entienden como términos más que aproximados en la trayectoria vital y literaria de una escritora que tenía un trato íntimo y cotidiano con los muertos y con los fantasmas, que fue consciente de habitar la literatura desde la adolescencia, y para la que la autofiguración, el ensayo y la narración fueron siempre vasos comunicantes: “Yo misma soy como una mujer de un cuadro de Hopper comiéndome una manzana en soledad”.

El libro de Teruel tiene un valor añadido vinculado al compromiso moral de Martín Gaite y al del propio biógrafo. Subraya éste en varios momentos cómo la escritora asumió la responsabilidad (en su hacer vital y en su escritura diversa) de ser legataria para las generaciones más jóvenes de la memoria de los que -como ella- fueron “niños de la guerra”. En tal sentido, esta biografía es también una investigación sobre la generación de nuestros padres y arroja mucha luz sobre la lectura cabal de buena parte de la obra ensayística e historiográfica de Martín Gaite, entendida por la autora -desde El proceso de Macanaz hasta los Usos amorosos de la postguerra española, pasando por su texto medular El cuento de nunca acabar– como el intento de captar “el murmullo de lo cotidiano”, es decir, la intrahistoria, los secretos y los ademanes más fieramente humanos escondidos tras la Historia con mayúscula. Quizás fue un encargo de Unamuno, el primer escritor que puso su mano sobre la cabeza de la niña Carmen Martín Gaite.

A Unamuno atribuía la autora una anécdota cuyo significado recorre todo su pensamiento escritural: paseando un día con Amado Nervo, éste le preguntó cómo se llamaban unas hermosas flores suspendidas sobre el agua en un estanque; “¡Nenúfares! -contestó aquél-, eso que saca usted siempre en sus poemas”. Al hilo de lo cual comentaba Martín Gaite: “La mayor parte de los intelectuales -palabreja a la que, dicho sea de paso, tengo una gran antipatía- plagan sus discursos de nenúfares. En nenúfares se convierten la libertad, la condición de la mujer o la justicia social para quien al mismo tiempo que elabora peroratas más o menos brillantes sobre dichos asuntos, no se entera de que está tiranizando a los demás…”.

Sin duda a Unamuno le hubiera satisfecho y conmovido ver cómo aquella hija pequeña de su amigo, el notario José Martín López, llegó a construir un corpus literario inmenso, sólido y coherente donde no podemos encontrar ni un solo nenúfar.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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