3XTR4Ñ0, una ‘pulp fiction’ bíblica de García Argüez


3XTR4Ñ0. Miguel Ángel García Argüez. Colección Narrar Contracorriente. Libros de la Herida. Sevilla. 2024. 456 pp.

Si éste es un libro sobre las construcciones de la memoria, cotejando datos he descubierto que mi primer recuerdo de Miguel Ángel es equivocado, y es significativo porque creo que también explica la esencia de esta novela. Había leído muy buenos textos suyos antes de conocerlo. Siempre creí que había ganado un concurso que organizaba la Universidad de Cádiz, El Drag, por un cuaderno de poesía maravilloso donde versionaba el Cantar de los Cantares de Salomón, uno de los 24 libros canónicos de la Biblia hebrea, y una rareza por su belleza y su vitalismo erótico en un libro tan belicoso y tan lleno de prohibiciones y leyes. Pero Argüez nunca ganó El Drag de poesía sino el de cuentos. Ese cuadernillo, revisitado, lo incluiría en uno de sus libros de poesía, La Venus del Gran Poder (2004). Un libro donde ya lo bíblico se encontraría con naturalidad con la ciencia ficción de unos cosmonautas de ojos helados. Los mismos que dirán: «parece que el mundo entero está de caza, la gente deambula por la calle/ con el corazón lleno de armas cargadas». En esta novela, Extraño, esa cacería ya se ha cobrado sus piezas. Lo que no quiere decir que haya acabado sino que está recién empezando. De hecho, la novela es una Biblia contada hacia atrás, con los capítulos en cuenta atrás, como hace la NASA en el lanzamiento de un cohete, donde el Apocalipsis es el principio del viaje que Adán y Eva deben emprender para encontrar el Edén.

Mezclar poesía con ciencia ficción parece uno de esos cócteles con los que algunos perjudicados terminábamos rebujando todos los restos de la fiesta. Pero en García Argûez no chirría lo más mínimo, porque quizás su mejor estilo personal es un entreverado de lo popular y lo culto donde no sobresale ni lo magro ni la grasa. Esta novela puede leerse, sin remordimientos, como una pulp fiction de consumo popular, un homenaje al género de la ciencia ficción que nos enseñó a soñar, a ensanchar las fronteras de la realidad. Y puede leerse, a la vez, y también sin sentimiento de culpa, como una reflexión sobre la soledad, las esperanzas o los espejismos de lo que nos rodea. Aunque el tema principal, el que traduce todos los demás, es la memoria. Al Apocalipsis devastador que arrasa la Tierra desde el principio de la novela, le acompaña el Apocalipsis personal de perder la memoria, de tener que empezar sin la defensa de nuestra memoria. Desde el principio, y no cuento nada de la trama, sabemos que ese viaje que es toda la novela va a ser el de recuperar la memoria, quizás en el Edén.

La novela Extraño rebosa referencias a películas y textos de esa creación popular. He pensado especialmente en dos películas, Blade Runner (1982), de Ridley Scott, y Desafío Total (1990), de Paul Verhoeven, con Arnold Schwarzenegger. Curiosamente ambas tratan sobre cómo la memoria afecta a nuestra percepción de la realidad, y cómo esa misma memoria construye nuestra identidad. Ambas películas son versiones de textos del mismo escritor, Philip K. Dik. La primera, la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; y la segunda, el relato corto Podemos recordarlo por usted al por mayor. En ambas se les implantan recuerdos ajenos porque los van a necesitar para estar vivos. En la novela de Argüez, sus protagonistas se reconstruyen una memoria con los retales que apenas recuerdan del tiempo anterior al Apocalipsis. Una memoria postiza pero imprescindible para vivir. Dice en Extraño: «vivimos en nuestra memoria». Y se vive mientras se ama. El ángel bíblico que les mostrará el camino al paraíso les ofrece paz y reencontrarse con los seres queridos. En Blade Runner se escucha: «necesitamos los recuerdos para tener algo en que apoyar nuestro afecto».

Tanto en la película como en la novela, una nueva generación de androides replicantes, Nexus-6, es difícilmente distinguible de los humanos. Sólo pueden detectase, a través del test Voight-Kampff, por su falta de empatía. Sólo los humanos son capaces de identificarse con los sentimientos de otro. En el relato que inspira Desafío Total, la única forma de que su protagonista sienta la necesidad de seguir vivo es implantarle un recuerdo donde salva a la humanidad porque trata bien a unas ratas invasoras extraterrestres, las trata con empatía. En Extraño, sin contar apenas de su trama, esa empatía se tambalea. Y plantea una pregunta: ¿dejamos de ser humanos cuando perdemos la empatía? Porque la novela también tiene una lectura política. Una novela tan bíblica, tan violenta por tanto, tiene que estar protagonizada también por «el pueblo elegido por Dios», que no es uno sino todos los que en su soberbia se creen esa exclusividad, ese monopolio de Dios para actuar impunemente para eliminar a sus infieles, los que ocupan el espacio que consideran suyo. Este fanatismo –a veces presentado como ideología, a veces como religión-, tan bien vendido y tan bien comprado en tiempos de crisis, se ofrece como refugio frente a la hecatombe exterior. Un plácido corral mientras las ovejas del rebaño sigan al pastor sin incumplir las órdenes, ni se espanten por el mal necesario ni por los daños colaterales. Donde, en suma, no quepa la empatía. Ahí la pérdida, voluntaria o accidental, de esa memoria que podría defendernos será siempre aprovechada en beneficio de los elegidos. En su origen griego, la palabra bárbaros sólo reproducía el sonido indescifrable –bar,bar,bar– de esos extranjeros a quienes no se entendían, esos que no eran «de los nuestros», una división del mundo que aparece con frecuencia en esta magnífica, sobrecogedora novela. Bárbaro no deja de ser otro nombre para no empatizar con el extraño.

Autor

  • Manuel Ruiz Torres

    Manuel J. Ruiz Torres es escritor, con trece libros publicados, tres de ellos sobre gastronomía histórica. Miembro de la Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo. Premio Al Andalus 2024 al Mejor Crítico Gastronómico de Andalucía, otorgado por la Federación de Cofradías Enogastronómicas de Andalucía. Autor del blog 'Cádiz Gusta'. Dirigió durante cuatro años el programa de la Diputación de Cádiz para recuperar la cocina gaditana durante la Constitución de 1812.

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