Si una se salva, se salvan todas
Sep09

Si una se salva, se salvan todas

El teléfono me despertó a las tres y media de la madrugada: «La señora está muy mal. El doctor dice que no pasa de esta noche». Me levanté de un salto. En el aturrullamiento me golpeé el dedo meñique del pie izquierdo con la pata de la cómoda. Mi grito despertó a Julián. -¿Qué pasa cariño? -Me ha llamado Alexander, el que cuida a la Tata. Tengo que ir corriendo. -¿Te acompaño? —negué con la cabeza mientras me echaba el bolso al...

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