Reinventando a Benedetti
May18

Reinventando a Benedetti

Alrededor de las ocho y media, Benedetti apareció en el bar cuyas señas me había facilitado un colega de la facultad. El corazón me dio un vuelco. Estaba tan delgado y avejentado que me costó reconocerlo. Solo su bigote, canoso y poblado, y el hoyuelo de su barbilla permanecían inalterables. Vestía un abrigo de espiguilla y se apoyaba en un bastón. Me pareció muy pequeño, tal vez siempre lo fue o los años lo habían achicado, pero lo...

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Que vuelvan los abrazos, aunque sean rotos
Abr27

Que vuelvan los abrazos, aunque sean rotos

Debo confesar que no llevo mal el confinamiento, excepto por la falta de abrazos. Por eso, cuando oigo que durante una larga temporada habremos de respetar ciertas medidas de distancia social, siento como si me dieran una coz en el estómago. Saber que cuando nos desconfinen va a pasar un tiempo, aún por determinar, hasta que podamos abrazarnos, besarnos o tocarnos como hacíamos antes, me aflige. Y así, voy como Quevedo: «A fugitivas...

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Nos queda la palabra
Mar26

Nos queda la palabra

Hoy me despertó el silencio, algo bastante inusual en mi casa: a diario hay tanto ruido en la avenida que, a pesar del aislamiento de las ventanas, siempre hay algunos decibelios que consiguen burlarlo. Volví a la conciencia con una extraña sensación de estar viviendo algo ajeno, una broma pesada, una alteración incomprensible del guion. En ese estado entre el sueño y la vigilia, me vi envuelta en una enorme vaina partida por la mitad...

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Clara Obligado, la belleza de contar
Ene10

Clara Obligado, la belleza de contar

Debemos agradecer al silencio de la Pampa, a Borges y a su voracidad lectora —desde pequeña ha leído de todo, sin prejuicios— que hoy podamos disfrutar de esta escritora que se propuso buscar la belleza y la encontró en las palabras. A Clara Obligado, la autora que arriesga en cada libro, porque «escribir sin arriesgar no parece interesante», le hubiera gustado escribir El Quijote, además de todos los libros que lee y le apasionan:...

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¿Y tú no tienes nada estropeado?
Ene03

¿Y tú no tienes nada estropeado?

Esa noche, Marcelo sale del despacho a las once y diez. Está exhausto. No ha comido desde el mediodía y un hambre feroz le muerde el estómago. Pasa por delante del McDonald. Odia ese lugar —nunca entendió cómo podía gustarle tanto a Manu ni cómo él accedió a almorzar cada sábado esa comida insana—, pero sabe que a esa hora no tiene mucho donde elegir, así que, venciendo sus reparos, entra y se pide un wrap de pollo y una Coca-cola. A...

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