José Mateos acaba de reunir sus últimas obras pictóricas bajo el título Misterios Naturales, una colección evocadora de sus paseos por el campo y la playa en busca de esos momentos de revelación que la naturaleza le proporciona y de los que se nutre también su obra literaria. Paisajes contemplados con quietud, con empatía y con esa capacidad suya de ver más allá, de encontrar el alma de lo que nos rodea.
En Misterios Naturales ganan la partida en número los paisajes recorridos por el autor “en el último verano”, reproducidos en sus acuarelas, que “siempre pinta del natural”, aunque en ocasiones, cuando no está “satisfecho con el resultado”, vuelve a recrear ese paseo en su casa a partir de su imaginación, del recuerdo.

Con su obra pictórica, José Mateos pretende “acariciar el paisaje como se acaricia a un animal”. Para él es una forma de “celebrarlo”, de hacer que “la sensación que ese paisaje otorga dure más tiempo, de que permanezca la emoción que produjo”.
Escritor, poeta… José Mateos asegura que la palabra nunca “da la oportunidad de quedarse en la superficie, que es encantadora, obliga a profundizar, a ser preciso”. Quizás esta libertad que encuentra en la pintura se da porque no la aborda de manera “profesional” y no le pone “tanta ansiedad como cuando se escribe”: “Con la pintura me quedo en el encanto de las cosas”, asegura Mateos.
Y es que el autor aborda su labor como acuarelista de una manera muy particular. Huye “de términos como expresión y originalidad, que gustan mucho a otros pintores”. Para él “la belleza es lo esencial” y poner la atención sobre ella su objetivo. No teme a las palabras, por muy denostadas que estén: “El hecho de que algo exista tiene una belleza consustancial que es lo que me interesa recoger”, explica.

Pero sobre todo, en la obra de José Mateos hay “una sorpresa ante lo que existe”. También “una mirada disciplinada” y un patente “gusto por el silencio”, que se refleja en los blancos de sus obras.
Su interés por atrapar ese alma del paisaje se revela también el título de algunos de sus cuadros –Zahora antes que se pierda en otro instante, Hacia El Palmar tiempo a través o Reconstrucción de un día de verano–, que ayudan al espectador a centrar la perspectiva emocional que refleja el momento inmortalizado.

En Misterios Naturales también tiene presencia la figura humana representada por una breve serie protagonizada por personajes que el pintor encuentra en lugares como bares, iglesias y hospitales: lugares que Mateos define como “sitios en los que nadie permanece, pero en los que ocurren cosas”.

