Una luciérnaga entre el musgo. Sonia San Román. La Zamarra. Torrecilla en Cameros, 2026. 220 pp.
La estructura de una novela, al igual que los cimientos y las vigas, sostiene la casa. Pero también le da la forma. En la novela Una Luciérnaga entre el musgo de Sonia San Román las vigas que la sostienen son bellísimas vigas vista de roble que bien podrían hallar su origen en hermosos robles galegos, pues como indica la autora: «Cada capítulo de esta novela –incluido su propio título–está hilvanado con pequeñas hebras extraídas del libro En las orillas del Sar, de Rosalía de Castro».
Hermosas vigas que ni quedan ocultas ni se olvidan pues «las cosas eternas ni se mudan ni se cambian», así la poesía, así las metáforas, así la memoria histórica.
Sonia San Román –igual que Lorca y su concepción de lo que debía alcanzar la metáfora– consigue sorprender con las imágenes, crear imágenes nuevas, que nos sugieren sus bellísimas y sorprendentes metáforas. La propia San Román escribe: «Las palabras y su fuerza antigua son, a veces, capaces de remover y de resucitar, de activar y de empujar como si las personas estuviéramos hechas de términos y de símbolos de los que cuelgan metáforas, bolas de nuestro abeto navideño».
Muchas de estas metáforas nos llevan con gran acierto al campo, a la España rural, pues es trasunto de la novela, la España vacía: «Todo junto daba al templo la apariencia del cadáver de un mulo de carga que ha muerto de pie», o bien «el chillido de un cerdo mientras se desangra era como mirar a una víbora a los ojos». «Pero con ella todo su cuerpo, que estaba siempre en tensión como el pellejo de un pandero, se abultaba y cogía el peso de un plumón de pájaro joven».
Pero el tejado de esta casa de hermosas vigas de roble también tiene sus agujeros de bala, sus heridas de la vida, «de la dura injusticia del más alto, /de la saña mortal de los pequeños». Los personajes de esta historia son personajes heridos (Chiqui, Isla, Oklahoma, Apolonia, Catalina). Personajes de diferentes épocas de la historia reciente de España y su gran herida que fue la guerra civil española y la disolución de la Segunda República, la herida del fascismo; el tiempo que nos sostiene y nos hiere: 1931, 1935, 1936, 1988, 1989, 1990, 1999, 2000, 2006, 2008, 2018. Tiempo que «Chiqui no sabía bien si lo veía transcurrir o si todo sucedía a la vez».
Esta casa con su tiempo y su resistencia que nos sostiene donde hallamos la luz de una pequeña luciérnaga: «Dar para ser y resistir». Yo soy nosotros; incluso «como la flor morada de un espantapastores naciendo en mitad de una boñiga seca». Una Luciérnaga entre el musgo, de Sonia San Román, publicado por La Zamarra, como la flor morada de un espantapastores, nace en mitad de nuestro tiempo incierto.


