De qué hablo cuando hablo de cocinar

No voy a decir que cocino desde que recuerdo porque sería mentira, pero casi. Ayudar fue el primer paso, hacer yo sola lo que a mí me salía mejor fue el segundo. Y enseguida, cocinar para los amigos. En los fríos campings entre alcornoques (los demás jugaban a las películas y yo me divertía escuchándolos mientras cuidaba de los fogones), en las reuniones de aquella primera casa alquilada que tuvimos; cenas para dos, cena fija para tres durante mucho tiempo; almuerzos festivos con niños…

Para mí cocinar siempre ha sido un placer, aunque hacerlo a diario puede ser un fastidio, y cocinar para los demás, un vicio reconocido. Cocinar en cocina ajena, una perversión que nunca me he detenido a analizar.

Higos frescos rellenos de 'foie:' sencillos y sorprendentes.
Higos frescos rellenos de ‘foie:’ sencillos y sorprendentes.

Puede que dar de comer a los demás forme parte de un proceso creativo difícil de sustanciar, pero, en mi opinión, cocinar para los demás forma parte de un proceso puramente emocional con un arranque puramente intelectual: el diseño del menú. Conocer a las personas que se van a sentar a la mesa es fundamental. No sé cómo lo hacen ustedes, pero yo tardo días en decidir qué voy a poner sobre el mantel cuando tengo invitados. Tengo en cuenta, por supuesto, la época del año, pero, sobre todo, tengo en cuenta qué les gusta y qué les puede gustar a los comensales. También cómo sorprenderlos. Y, en la mayoría de los casos, no es fácil. Descartadas aversiones y alergias, suelo consultar algunos libros y alguna página web: ésta la suelo visitar para inspirarme. Pero cuando llega ese momento ya tengo decidido qué tipo de cena (suelen ser cenas) quiero hacer.

Me gustan más varios platos para compartir. Da más juego, se prueban más cosas y la necesidad de pasar los platos favorece la relación entre los comensales, sobre todo cuando alguno de ellos es nuevo en el grupo. Normalmente me decido por integrar recetas de diferentes países, pero tengo mucho cuidado de que formen un conjunto congruente: ingredientes, colores, sabores, texturas y olores. También es importante que queden bien sobre la mesa. Como en casi todo, la puesta en escena es fundamental. Soy un poco histérica con las cantidades: necesito que sobre. Y qué buenas están las sobras al día siguiente.

Aunque parezca una tontería, creo que del diseño del menú depende, fundamentalmente, el éxito o el fracaso de la comida.

Tengo por norma no cocinar nunca para personas a las que no les gusta comer. Ya lo hice en el pasado y no estoy por la labor de soportar tal nivel de frustración. Porque, hay que reconocerlo, todo cocinero, profesional o aficionado, como es mi caso,  tiene un punto exhibicionista y quiere ser mínimamente reconocido. Por eso, el que cocina para los demás no es tremendamente generoso, sino, al menos un poquito, egoísta. Lo hace para dar placer al prójimo, pero fundamentalmente para darse placer a sí mismo: el placer de hacer disfrutar a los demás. En grupo y en público.

Autor

  • Mª Ángeles Robles

    Soy periodista especializada en temas culturales. He trabajado en Diario de Cádiz, en la agencia de noticias Europa Press y he sido redactora y fundadora del periódico El Independiente Cádiz. Colaboradora habitual de diversas publicaciones culturales en las que he escrito de teatro, cine y literatura.

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