Comer y cantar

La cocina de los ángeles, pintura de Bartolomé Esteban Murillo, retrata un amoroso trasiego en el que seres humanos y seres seráficos conviven entre fogones y ollas. Retrata, precisamente, eso que el buen guisar siempre tuvo y que —si desviamos nuestra boba mirada de la televisión— puede seguir teniendo, a saber: la dimensión celestial que la música otorga. Hubiera poco o mucho, fuera el puchero de frondosa carne o humilde boniato, las burbujas de la cocción habían de bailar. Y era el canto quien las acompañaba.

El idilio entre la poesía y la comida es secular y la literatura lo testimonia desde siempre. Hay sabrosas playas literarias en las que recalar para apreciar el aroma del jamón y las berenjenas con queso (Baltasar de Alcázar), el crepitar de las castañas en el fuego (Góngora), el sabor intenso y montaraz de la cecina (Cervantes) o el de las dulces viandas de una rústica boda (Quevedo). Pero más viva —como suele ocurrir— se muestra la literatura oral cuando lo que se trata es de apreciar la longeva historia de amor entre la música y el guisado.

'La cocina de los ángeles' de Bartolomé Esteban Murillo.

‘La cocina de los ángeles’ de Bartolomé Esteban Murillo.

Las comunidades sefarditas del Mediterráneo conservan coplas deliciosas para acompañar el buen comer y para celebrar la alegría de la cocina o la compañía de la mesa. De entre ellas, Siete modos de guisar las berenjenas revela hasta qué punto la tradición significa, para las culturas con memoria, diversidad, pues da cuenta la canción de hasta una docena de recetas distintas (en las versiones más extensas), elaboradas cada una por una mujer de distinta edad, gusto y formación: la abuela elabora “bocadicos”, la esposa prepara un relleno de arroz y especias, la joven  cocina “almondrote”, la enamorada invita a gozar de su alboronía y la vecina dora la “merenjena” en el horno con mucho aceite y pimienta.

En la mitad sur de la Península cantan aún las mujeres de más edad una copla jocosa que —dicen—, si se entona mientras se cocina el pollo, estimula el sabor del plato. Vistiendo al pollo suplanta los avíos del guiso por las ropas con las que burlescamente se adorna al ave y, sobre todo, transmite la alegría de lo que fueron cocinas comunitarias y vidas compartidas en torno a los fogones.

Berenjenas

Berenjenas.

Cantar para cocinar, cantar para comer y comer para gozar, incluso para curarse. Hay en la tradición poético-musical platos que sanan, como el “caldo de gallina negra” que el médico receta a Don Gato antes de que este, definitivamente, resucite al olor de las sardinas. Y hay platos que despiertan los sentidos y que deshacen las frágiles fronteras entre el paladar y el sexo: la aromática sopa que toma el fogoso Tarquino antes de violar a Tamar, las “gallinas sobredorás” que la adúltera ofrece a su ocasional amante, los estofados de perdices o conejos con que las mujeres montaraces seducen a los caminantes, o el chocolate que el cura demanda a su criada antes de gozarla.

Como todo asunto que atañe a los sentidos, el canto culinario también tiene su lado perverso, a veces obsceno. En el oriente de Andalucía se perpetuaron durante siglos las festivas reuniones masculinas en torno al salmorejo: consistían estas en preparar la popular receta en un ambiente exclusivo de hombres que, al tiempo que cocinaban y bebían, cantaban coplas de marcado carácter misógino y clara vocación ofensiva hacia las ausentes mujeres. Hay, en esta vertiente oscura del comer y el cantar, romances que detallan cómo ciertos personajes especialmente malvados, los infanticidas, culminan su crimen cocinando la carne del niño al que han segado la vida… En fin.

Canibalismos aparte, la tradición oral levanta acta, otra vez, del tesoro que perdemos cuando la desmemoria nos abruma y nos vuelve torpes y mudos en la cocina.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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