Herodes y otros infanticidas

Cuando mi hija era pequeña, por Navidad me gustaba hablarle de Herodes. Supongo que tengo una idea muy particular de la pedagogía, pero sigo creyendo que merece la pena hablarle a los niños no solo de las fantasías animadas de Disney, sino también de nuestros mitos más perversos, sobre todo porque a medio o largo plazo aprenden y eso los inviste de buenas herramientas para ser libres, único objetivo que deberíamos perseguir los padres. El resultado inmediato de aquellos relatos sobre Herodes fue que, al encontrar a un señor vestido de cartero real en un centro comercial (y después de haber departido con tres Melchores, un par de Gaspares y otro par de Baltasares), la niña le espetó: “Tú entonces eres el que faltaba, el que le corta la cabeza a los niños, ¿no?”. El Cartero Real enmudeció. Si hubiera sido Herodes, se hubiera apresurado a degollar a la niña pues era evidente que, con sus palabras, estaba despojando de sus ropajes a la mentira y, por tanto, haciendo tambalear al poder.

Eso significa el infanticidio en la cultura popular. El niño –como el loco– es temido por los mediocres poderosos porque no ha aprendido a disfrazarse, a mentir, y su voz constituye una amenaza. Es lo que viene a decir el viejo cuento de El traje nuevo del Emperador: unos pícaros sastres cosen un traje de tela mágica para el presuntuoso Emperador, a quien hacen creer que sólo los muy inteligentes pueden ver la tela, siendo ésta invisible para los demás; el día de su coronación el Emperador pasea triunfalmente, y desnudo, sobre su caballo entre la multitud que lo vitorea; a su paso todos alaban la magnífica indumentaria pero un niño, sentado sobre los hombros de su padre, grita “¡El emperador está desnudo!”; el pueblo reconoce la verdad, el Emperador hace un tremendo ridículo y (supongo) a partir de ahí el pueblo inventa la República.

Una inquietante escena de '¿Quién puede matar a un niño?' de Chicho Ibáñez Serrador.

Una inquietante escena de ‘¿Quién puede matar a un niño?’ de Chicho Ibáñez Serrador.

En el repertorio del romancero tradicional, el infanticidio está en manos de mujeres y, más concretamente, de mujeres adúlteras. La razón del crimen, por lo demás, viene a ser la misma. La esposa infiel tiene como testigo no deseado de su pecado al niño, quien revela al padre quién entra y quién sale de su casa cuando él se ausenta. La solución naturalmente pasa por hacer callar al infante, objetivo que solo puede cumplirse con la drástica desaparición de éste. Así ocurre en el romance de La infanticida, que se adentra en el terreno de lo gore y de lo sobrenatural al presentar a una madre perversa que descuartiza y guisa al niño y se lo sirve como suculento manjar a su marido, y al hacer que la carne del guiso, servida en el plato, hable así: “No coma padre, no coma, / que come de mis entrañas, / que esa madre que yo tengo / merecía degollarla”.

Tengo la impresión de que es en esa imagen popular de la madre cruenta donde ciertos sectores reaccionarios se basan para criminalizar el aborto, apelando así a resortes emocionales tenazmente escondidos en nuestra memoria cultural. Lo vio con lucidez Chicho Ibáñez Serrador en aquella película marginal, ¿Quién puede matar a un niño? (1976), antes Roman Polansky en La semilla del diablo (1968) y antes aún Wolf Rilla en su controvertido film El pueblo de los malditos (1960): en la última escena el maestro (infanticida) consigue exterminar a los niños que ven más allá de lo que los adultos ven, que se adelantan a la verdad expresando así el miedo y la mediocridad de los humanos.

Puede que no sea Herodes el peor enemigo de los niños, sino los adultos que mentimos y mintiendo otorgamos poder a los Herodes.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

Comparte en
468 ad

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *