En las escuelas de negocio enseñan que las oportunidades empresariales parten de saber detectar carencias; creo que en tu caso fue así, cuando descubriste que las personas que visitaban Cádiz no contaban con un buen material de orientación: ahí empezó todo.
Sí, es verdad que en las escuelas de negocios enseñan a detectar carencias, pero en mi caso no fue en una escuela de negocios donde detecté la falta que tenía Cádiz de buenas guías como las que yo encontraba de otras ciudades. Cuando preparábamos un viaje buscaba guías y libros que me informaran sobre el lugar al que iba y los encontraba sin ningún problema. En esos años aquí carecíamos de guías, o las que existían tenían información caduca. Algunas dejaron de imprimirse, no sé por qué, ya que se hablaba de Cádiz como un buen destino turístico. Así que me puse a manos a la obra y proyecté lo que fue mi debut editorial: Cádiz guía turística.
Cómo recuerdas el momento en el que la Ana Mayi trabajadora de una imprenta se convierte en la Ana Mayi que se atreve a dirigir un proyecto editorial.
Pues fue una idea que me costó unos cuantos años llevar a buen fin. Lo primero que hice fue hacer un curso de la E.O.I., que se impartió en la Fundación de la Mujer, al que le saqué mucho partido. Creí conveniente ponerme al día en cuestiones fiscales, económicas, de mercados y de otra índole, porque una editorial es también una empresa y se necesita tener alguna idea de cómo funcionan éstas. A partir de entonces maduré el proyecto y comencé mi andadura creando Ediciones Mayi con dos líneas bien definidas pero muy distintas entre sí: viajes y cómic.
El año en el que nace tu editorial recuerdo haber entrevistado a Beatriz de Moura, fundadora y directora de Tusquets, y me dijo algo que me dejó un poco turulato: el futuro de los libros estará en pequeños sellos independientes. Eran tiempos en los que los grandes grupos absorbían sin empacho a todo lo que se movía y carecía de la suficiente estatura como para hacerles sombra. Diez años después, y a la vista de cómo se han consolidado propuestas periféricas como el tuya, parece que no andaba descaminada la señora De Moura.
Llevar un negocio editorial de grandes o medianas dimensiones requiere estar continuamente publicando títulos que copen las mesas de novedades de las librerías y los escaparates. Eso supone grandes inversiones en producción y en promoción que hay que recaudar y en esa vorágine puede pasar que no todo tenga calidad, que se busque más la comercialidad que la calidad literaria. Digamos que las grandes están más sujetas al mercado, a las promociones. Las pequeñas, aunque no podemos perder de vista ese mercado, parece que podemos tener más independencia a la hora de publicar. Algunas tienen su nicho muy definido, con títulos dirigido a un cierto tipo de lectores que siempre van a encontrar lo que les gusta leer y puede ser que lo literario sea lo que prime en sus catálogos. Quizás a eso se referiría Beatriz de Moura.

¿Qué nombres te apoyaron en aquellos inicios? ¿Quién no debería faltar a la fiesta de cumpleaños de Ediciones Mayi?
Dar nombres es muy comprometido porque siempre se te olvida alguien pero puedo decir que Pedro Jiménez-Mena, Fran Sánchez Mazo, Juan Manuel Fernández de la librería Manuel de Falla, el profesor Juan Abellán, Julio Molina Font… Creyeron en mi proyecto y me ayudaron a crecer. Y a la fiesta no pueden faltar todos los autores que me han confiado sus textos, profesionales que me han prestado algún servicio y la prensa gaditana.
Volvamos al principio: tras varios títulos de corte turístico, das un giro: apuestas por Julio Molina Font y no parece que te saliera mal la apuesta.
No nos salió mal la apuesta, de hecho La historia pequeña de Cádiz ha dado para una trilogía de la que el primer libro lleva seis ediciones y una reimpresión. Julio da cuenta del aire de una época no tan lejana que cautivó a un público muy variado en edad. Los más cercanos a la edad del autor se sentían protagonistas porque habían compartido los mismos escenarios, el mismo paisaje; habían conocido a las mismas gentes y cada uno lo adaptó a sus propias vivencias. A los más jóvenes, les recordaba lo que sus padres y sus abuelos les habían contado de la ciudad. El primer libro fue un éxito rotundo. La primera edición de mil ejemplares se agotó en dos semanas. Antonio Burgos se ofreció a hacer un prólogo en el que decía que era “una biblia de gaditanía” y ya la segunda edición salió con dos prólogos, el de Ignacio Moreno y el de Burgos. Los demás títulos de esta trilogía fueron esperados con gran expectación y, aunque no han llegado a ese record de ventas en tan poco tiempo, sí que hemos lanzado segundas ediciones y reimpresiones.
El cómic también tuvo su momento: Don Juan Tenorio y Halloween, de Joaquín Rodríguez y Jesús Méndez. ¿Por qué no tuvo continuidad esa vertiente?
El mundo del cómic es difícil. Ni siquiera con la distribución nacional de Tenorio y Halloween se han logrado vender muchos ejemplares. Tampoco, en este tiempo, me han ofrecido publicar cosas interesantes, pero algunos títulos como Llamadme Cabrón y Lanza y oro llevan dibujos de Jesús Méndez y Fuga a Titán lo lleva de un dibujante, Miguel Ángel Sáez, que ilustra libros para grandes editoriales. Hasta este año de 2016 no hemos publicado otro cómic: Pelucas y Cicatrices de José Manuel Serrano Cueto, que ha sido dibujado por Francisco J. Asencio. Un cómic basado en el corto Pelucas, que tanto éxito ha cosechado y el guión inédito Cicatrices.
Tiempo añadido. Crónicas cadistas, de David Almorza, inaugura otra línea, la de los libros de contenido deportivo. ¿Era cuestión de ir probando o se trataba de situarse en un eje central, Cádiz, a partir del cual aprovechar toda la diversidad posible?
No era cuestión de ir probando, se trataba más de situarse en ese eje central de Ediciones Mayi que es Cádiz.

¿Cuáles eran, en los inicios, los principios sobre los que se asentaba el catálogo de tu editorial y cómo han cambiado en estos diez años, a la vista de la experiencia, tanto cultural como empresarial?
Los principios de antes son los mismos que los de ahora: un catálogo cuyo eje sea Cádiz, si bien ahora tengo abierta otras líneas editoriales de narrativa en la que incluyo relatos, novelas y ensayo.
Cádiz. Una provincia para comérsela, de María Luisa Ucero, llegó en un buen momento para los libros de cocina. ¿Se trataba de pasar a limpio toda esa tradición culinaria nuestra que lleva siglos yendo de boca en boca?
Se trataba de dar a conocer toda esa maravilla que encierra nuestra provincia. De difundir las costumbres culinarias de nuestro territorio, que para algunas personas resultaron sorprendentes. Lo cierto es que o no sabíamos que existieran o no nos dábamos cuenta de que estaban ahí; siempre tendemos a apreciar lo típico de otras provincias porque lo promocionan. A lo nuestro, con el mismo potencial gastronómico y de recursos, no le damos importancia. El trabajo de campo de ese libro fue extenso e intenso, duró casi dos años. María Luisa recorrió la provincia recopilando recetas y curiosidades y se metía en las cocinas de las casas a ver cómo la gente mayor realizaba los platos. Un libro que nos sigue dando muchas alegrías.
Javier Fornell, con Llamadme Cabrón, y José Manuel Serrano Cueto, con Cádiz Oculto, conocen varias ediciones de sus muy interesantes libros. Los triunfos se acumulan en aquellos tiempos de crisis general y la editorial se consolida. ¿Tienes una especie de sexto sentido para intuir manuscritos que se convertirá en títulos exitosos?
No sé qué contestar a esta pregunta. Sí es verdad que Llamadme Cabrón y Cádiz Oculto son libros de muchas ventas pero hay otros que no lo son, por eso no sé si tengo un sexto sentido o no. Siempre que me decido por algún original lo hago porque creo en su éxito, algunas veces acierto y otras no. Pero con todo lo que llevo publicado he disfrutado mucho.
Hace diez años, cuando empezaste, las redes sociales no habían alcanzado la inmediatez y la potencia de la que hoy gozan. ¿Cómo te llevas con ellas? ¿Son imprescindibles para un proyecto como el tuyo, o quizá se sobredimensiona su importancia?
Las redes sociales son de gran ayuda. Las pequeñas editoriales que no contamos con un gran presupuesto para promoción tenemos a las redes sociales como aliadas que son como un escaparate de toda nuestra labor.
También has estado atenta a creadores gaditanos —distantes en el tiempo, pero respetados— como Manuel de Falla y Javier Ruibal. ¿Crees que una editorial tiene un compromiso con la cultura del lugar donde tiene su domicilio?
Cada editorial, esté donde esté, tiene sus propios compromisos culturales, no necesariamente del lugar en donde se asienta, pero en una cuyo eje sea Cádiz no puede faltar un libro sobre Manuel de Falla, tanto por el artista como por la leyenda que se mueve alrededor de su figura. La idea de este libro surgió porque le oí decir a un agente cultural que Falla nació en Granada. Fue como un mazazo que me dio y sentí la necesidad de contar los veinte años que Falla pasó en su ciudad natal. La idea de escribir sobre un músico actual como Ruibal fue porque sobre él no había nada escrito.
¿Qué no publicarías nunca, por muy gaditanísimo que fuera?
Nunca me he hecho esta pregunta, lo que sí he hecho es rechazar originales de un gaditanismo tópico.

Lo cierto es que no se te puede acusar de no asumir riesgos, así, en 2013 publicas Una ciudad en la que nunca llueve, de Eduardo Flores, una novela dura, nada complaciente ni escrita para venderse como rosquillas. ¿Qué te llevó a asumir ese reto?
No lo vi como riesgo; cuando la leí me gustó, está bien escrita y, de hecho, el distribuidor de Madrid la sigue pidiendo. Son de esas obras de larga duración, que van saliendo a cuentagotas y de las que de vez en cuando te encuentras con una reseña inesperada.
¿Qué se te pasa por la cabeza cuando sufres un revés editorial? ¿Cuántas veces, en estos diez años, has estado a punto de tirar la toalla o te has preguntado que quién te mandaría a ti meterte en este lío?
Cuando he sufrido reveses editoriales me ha entrado tal desasosiego que me he creído que era el final. Después me sereno y me doy ánimos a mí misma para seguir. Y lo de tirar la toalla, cada vez que me envían las liquidaciones los distribuidores y comentan que las ventas están bajando, que nadie lee y esas quejas que ya todos sabemos.
Supongo que habrás ganado amigos en este recorrido, pero también inevitables enemigos; hablo de todos esos manuscritos que tienes que rechazar. ¿A razón de cuántos llegan a tu mesa al cabo del mes?
Los manuscritos me llegan por email, así que me evito ver las caras de las personas que los envían. A los que he rechazado casi siempre les explico las razones de por qué no me interesan. ¿Número?, pues dependiendo de la época hay veces que me llegan cinco, otras veces diez o ninguno. Lo que siempre procuro es leerlos todos y dar una respuesta.
No quiero dejar de preguntarte por tus relaciones con los distintos organismos de la administración relacionados con el mundo editorial. ¿Has pedido apoyo, te has sentido apoyada en caso de hacerlo, crees que, en general, hacen el camino más fácil?
Yo no he recibido mucha ayuda de la administración, la verdad. He pedido todos los años las ayudas para la producción editorial en Andalucía, desde que existo como editora, sin recibir nada. Actualmente las subvenciones están cerradas en nuestra Comunidad Autónoma, así que solicito las del Ministerio de Cultura; pero, por ahora, nada de nada. Vamos, es que ni siquiera compran libros para las bibliotecas públicas.
Recientemente te has iniciado lo que parece ser una serie detectivesca protagonizada por Benito Bram; también han visto la luz Fuga a Titán, de Avelino Sáez, y un volumen de cuentos de Enrique Montiel, además de San Fernando secreto, entre otros títulos. Ficción, no ficción, crónicas… El caso es que has sabido hacerte un hueco en un mundo lleno de aristas, como es el de la edición, atravesando, ya lo dijimos, una crisis económica sin precedentes. ¿Hacia dónde te gustaría que fuera Ediciones Mayi? ¿Qué proyectos esperan a sus lectores, si es que pueden contarse?
Lo de Benito Bram sí que me gustaría que fuera una serie detectivesca: el personaje creado por Rasero Balón lo merece; pero eso, el tiempo lo dirá. Fuga a Titán es un buen libro entre la ciencia ficción y la aventura, un volumen escrito con un lenguaje clásico que recuerda los mejores títulos de Jack London y de Julio Verne. Lo de Enrique Montiel es pura literatura; he disfrutado como editora y como lectora de esos relatos. Me gustaría que a Ediciones Mayi se le conociera más fuera de las fronteras locales. Los autores de mi catálogo tienen tanta calidad como los de cualquier lugar; desde luego trabajamos para ello, y mi única pretensión es publicar y ofrecer a los lectores que nos sigan obras que ellos merezcan. Hay unos cuantos proyectos, pero todavía no están hilvanados; en estos momentos seguimos leyendo manuscritos. No me importa no sacar nada este año si no se me presenta algo que valga la pena, esa es la independencia que te da el ser pequeña y periférica, y que las grandes editoriales no se pueden permitir.


A Ana Mayi hay que felicitarla por su magnífico trabajo editorial y a Ángel Mendoza por la entrevista. Ahora bien como autor de Javier Ruibal, más al sur de la quimera me duele que parezca que el libro lo ha escrito Ana cuando la idea y escritura corresponde al autor. El trabajo de edición fue magnífico y compete a Ana. Pero esta tendencia a no citar a los autores de los libros me parece cuando menos desconsiderada. Llevo muchos años además publicando libros dedicados a cantautores. El de Ruibal fue un proyecto muy personal y querido. Queda la sensación de que Ana es la única artífice de aquel proyecto. Felicidades a Cao Cultura por el trabajo que realiza en difusión precisamente de la cultura. Luis García Gil.