El góspel y el sur. El algodón y el pantano. Cuatro puntos cardinales en la vida de un joven Tony Joe White (Oak Grove, Lousiana, 1943) que precipitó su maduración en un musical ambiente doméstico donde descubrió los fundamentos del blues. Fue la música de Lightnin’ Hopkins la que empujó al sureño a cantar imitando a sus ídolos hasta que Bob Beckham, de Monument Records, sello de Dolly Parton, Ray Stevens o Roy Orbison, le dio alas para expandirla hacia dominios más personales. El propio Stevens no dudó en producir en diciembre de 1966 una versión de “Georgia Pines” completada en su cara B por un “Ten More Miles to Louisiana” de propio cuño. Su primer single.
De ahí en adelante, la música de Tony Joe White fue conquistando terrenos agarrada a una voz profunda pero sutil y a una diestra guitarra, capaces de unificar efluvios de rhythm & blues, country y soul en un catálogo de canciones sostenido en una excelente partitura propia aunque siempre abierto a lecturas de firmas de prestigio como Jimmy Webb, Bob Dylan, Otis Redding, John Lee Hooker o el tándem Bacharach & David. Swamp rock lo llamaron.
Su rutilante ópera prima, Black & White (1969), sintetizaba a las mil maravillas tal confluencia, apadrinado por músicos de la factoría Muscle Shoals y producido por Billy Swann. Allí estaban “Willie and Laura Mae Jones”, “Soul Francisco” y, sobre todo, “Polk Salad Annie”, adoptada poco después por el mismísimo Elvis Presley durante su etapa en Las Vegas y convertida en su mayor hito comercial.
Hasta 1970 el sello Monument (etapa perfectamente documentada en la soberbia caja Swamp Music. The Complete Monument Recordings de 2006) y después la potente etiqueta Warner, entre 1971 y 1973, fijaron las marcas de su época dorada –seis álbumes en total– aunque posteriores décadas también fueron testigos de su enjundia creativa. Los dos CD de Swamp Fox: The Definitive Collection 1968-1973 (Salvo-Rhino; 2015) aportan ahora el enésimo recordatorio de aquellos chispeantes años, tomando como itinerario cuarenta y dos canciones sin baches ni desperdicio. La reivindicación es más que oportuna: Tony Joe White siempre fue antes reconocido por sus propios colegas que por las audiencias mayoritarias, incapaces de detectar su inspiración en muchos de sus ídolos, de Brook Benton a Tina Turner, de Dusty Springfield al mencionado Elvis. Hasta llegó a compartir con el Rey una apariencia física que hoy sigue paseando con sobrada dignidad por álbumes como Hoodoo (2013). Otro privilegio del Zorro del Pantano.

