El cine español de “aquellos tiempos” tenía como protagonista habitual al cateto de pueblo. Con su inseparable boina, lo veíamos empinar el porrón jugando al mus, viajar en tren llevando un cesto con gallinas, sufrir novatadas en la mili o contemplar con la boca abierta el tráfico y los altos edificios en su primera visita a la capital. Era un cateto entrañable. Pocas películas (Calle Mayor, por ejemplo) lo mostraban zafio, cruel o dañino. Normalmente, el paletillo del cine, pese a su simpleza, tenía un fondo noble y justo: ponía orden en las familias peleadas (La ciudad no es para mí) o llevaba a cabo algún acto heroico (Cateto a babor). Era ignorante pero sencillote y humilde, y no se metía con nadie más que para ayudar. Era un cacho de pan (con chorizo).

El Toro de la Vega de Tordesillas nos ha mostrado la verdadera cara del paleto de pueblo. Y ya no me refiero a la “fiesta” en sí, que naturalmente es una salvajada propia de la Edad Media, sino a las imágenes de las agresiones a periodistas, imágenes medio robadas que, días después del suceso, van cayendo en goteo por los canales de televisión. En ellas aparece en todo su esplendor un cateto que tiene poco que ver con el campechano y jovial Paco Martínez Soria. Este otro es bronco, violento, primitivo, dispuesto a enarbolar el cayado para echar del pueblo al “de ciudad” después de romperle la crisma. Y luego celebrarlo en la taberna con unas risotadas. Lo que decía Gila sobre una broma de los mozos: “Me habéis matado a mi hermano pero lo que me he reído…”.
El cateto de pueblo no era cosa de la España franquista y atrasada, como creíamos, ni un bendito. Ya no usa boina y seguro que tiene un móvil de última generación y un i-pad, pero sigue siendo un bruto sin desbastar, prepotente y cerril, que ejerce su poder y marca su territorio. Los años y Europa no han pasado por él. Este, este es el único y genuino cateto español de pueblo de toda la vida.


Estas manifestaciones anti-humanistas como la de la foto me parecen condenables. Cualquier ataque a la cultura como este me parece despreciable y perdonen la obviedad. Dejarse llevar por la corriente de pensamiento que predomina me parece poco interesante, se pide a un articulista de una revista cultural un poco de madurez intelectual y una visión algo mas sofisticada de la realidad. Este moralismo progre de a peseta, sobra.
Hoy en dia el «cateto de pueblo» en España no lleva boina, lleva gafas de pasta y habla de lo que no conoce y desprecia lo que no conoce.
Ya no tiene callos en las manos, tienes las manos blandas y es blando todo entero. Blandas son sus ideas. Lo peor es que el «cateto de pueblo» de la España de hoy, ha ido a la universidad. Alli los crian.