Reliquias

Para el cristianismo, el cuerpo vivo es objeto de desprecio, pues la carne representa el pecado; sin embargo, el cuerpo muerto es objeto de veneración. Bajo esta idea esencial la mitología cristiana ha amasado durante siglos su culto a las reliquias, que en principio se entendieron como los restos mortales de un ser humano, pero que con el tiempo ampliaron su significado hasta considerar también reliquias a las ropas u objetos que hubieran entrado en contacto con el ser venerado, generalmente santos o mártires.

Aunque el culto a las reliquias no nació con la cristiandad (en el antiguo Egipto, en Grecia y en Roma se veneraron cuerpos desmembrados, tumbas y objetos tan disparatados como huevos de avestruz), fue el cristianismo el que impulsó la costumbre y la hizo triunfar, a veces hasta extremos desmesurados. Al respecto, el folklorista Prat Ferrer menciona que las ansias reformadoras de Juan Calvino y Erasmo de Rotterdam los llevaron a protestar contra el abuso que la Iglesia hacía de la adoración a las reliquias y contra el tráfico de reliquias fraudulentas que por su época asolaba Europa. No exageraban: en el momento de la salida del presunto oscurantismo medieval se veneraba en distintos lugares de Francia un diente de Cristo, la leche de la Virgen, una de las planchas del Arca de Noé y la cresta del gallo que cantó cuando las negaciones de Pedro; en toda Europa se llegaron a contabilizar hasta catorce clavos de la Cruz, más de quinientos dientes de Santa Apolonia, diecisiete brazos de San Andrés, sesenta dedos de Juan Bautista, carne asada de San Lorenzo y dos penes de San Bartolomé.

Mano de Santa Teresa.
Mano de Santa Teresa.

España no fue a la zaga. País desmemoriado pero paradójicamente encadenado a cultos y reliquias, entró en el siglo XX exhibiendo dedos incorruptos de San Juan de la Cruz, brazos intactos de Santa Teresa y cadáveres de santos y beatos aquí y acullá que, pese a no haber sido embalsamados, exudaban aromas de rosas y jazmines. Quisieron algunos republicanos poner coto a tanto perfume, pero la Guerra Civil y las décadas siguientes estropearon esos intentos. En un afán de extender la reliquia a nuestro lado menos santo y así democratizarla, Raquel Meller y Sara Montiel nos pusieron a bailar un pasodoble, El relicario, que también exhalaba olor a muerte heroica, a sangre de torero. En fin, en 1976, cuando media España procuraba que las reliquias importantes fueran “aquellas pequeñas cosas” de Serrat, olvidadas en un cajón y no expuestas en una vitrina, evocadoras “de un tiempo de rosas” y no de un tiempo de sangre, en la ciudad de Ronda procesionaba triunfalmente la mano izquierda de Santa Teresa, reclamada para su convento por las Carmelitas tras permanecer cuarenta años en la mesita de noche de Franco. La verdad es que Carmen Polo devolvió la reliquia intacta y aún más, pues al guante que la portaba adornó con una insignia de oro y brillantes, siguiendo la voluntad de su difunto marido.

Las reliquias –contra lo que pudiera pensarse- no tienen nada que ver con la memoria, al menos en este país. La memoria está en las cunetas, en las fosas comunes, deshilachada y vaga, huérfana de protección oficial e incómoda para tantos y tantos. Las reliquias permanecen en los altares, en las procesiones y en los desfiles, ostentando insignias y exudando perfumes. De ahí que en nuestra reciente Fiesta Nacional el desfile más aplaudido fuera el de la Legión, con su cabra, verdadera reliquia.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

One thought on “Reliquias

  1. Jose Joaquim Dias Marques, colega folklorista de la Universidad de Faro (Portugal) me envía el siguiente comentario: «Un relicario con leche de la Virgen María existe todavía en la catedral de San Marcos, en Venecia (al menos yo lo he visto allá en 1978). «De lacte Virginis Mariae», está escrito, si no me falla la memoria, en ese relicario (que es pequeño, de plata)».

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