Nodrizas

“Bajan de los montes o vienen a lo largo de nuestros ríos para darnos la primera lección de Historia de España y poner en nuestra carne el sello áspero de la divisa ibérica: solo estás y solo vivirás”. Con estas palabras se refería Lorca a las nodrizas o amas de cría, esas mujeres que desde el siglo XVI, primero en las casas aristocráticas y más tarde en las de la mediana burguesía, nutrieron con su leche rural a los recién nacidos urbanos, vástagos privilegiados de madres que alcanzaron el lujo de no dar de mamar evitando así perder la figura.

'Nodriza pasiega' de Veleriano Domínguez Bécquer.
‘Nodriza pasiega’ de Veleriano Domínguez Bécquer.

No eran criadas cualquiera. Las familias pudientes buscaban en las nodrizas la salud y la vitalidad que la vida de oropel no podía ofrecer a los niños. Bajo el asesoramiento de médicos y curas rurales, al ama de cría se la seleccionaba por sus cualidades morales y físicas. Documentos del siglo XIX expuestos en el Museo de las Amas de Cría de Selaya (Cantabria) hablan de que la mujer que había de amamantar al niño rico debía ser “de temperamento sanguíneo, constitución vigorosa, estatura mediana, carnes consistentes y falta de todo predominio bilioso, nervioso y uterino”; y en lo tocante al intelecto y la ética añaden lo imprescindible que resulta “una conducta moral intachable, no ser conocida por su carácter violento e irascible” y estar dotada “de un suficiente sentido común”.

De una buena nodriza se hacía ostentación. La familia podía haber llegado a pagar mucho por sus servicios: en el Valle del Pas, por ejemplo, fértil cantera de amas de cría durante el siglo XIX, la mujer seleccionada podía recibir como pago una vaquería, con lo que salvaba del hambre a su numerosa familia y a sus descendientes. Siendo así, a la nodriza se la ataviaba de modo generoso: tejidos vistosos y resistentes para faldas y sayas y prolijidad en pulseras, collares, pendientes y agujas para trabar el pañuelo de seda.

Las monedas de plata y latón que pendían de las orejas o del cuello del ama de cría los niños  la interpretaban como sonajas, de modo que, junto con la primera leche, de ellas recibían la primera música, los primeros ritmos, poco vinculados al piano que sus madres tocaban en la lejana sala del palacio. Y de éstas madres postizas recibían los niños las primeras canciones: “El niño rico tiene la nana de la mujer pobre… Estas nodrizas están realizando hace mucho tiempo la importantísima labor de llevar el romance, la canción y el cuento a las casas de los aristócratas y burgueses” sigue relatando Lorca, reconociendo así la raíz primera de su culto por lo popular, igual que Manuel de Falla, que atribuía a las canciones de su nodriza, La Morilla (natural de Vejer), el sustrato folklórico de sus composiciones.

Ana de Austria con sus amuletos, retratada por Juan Pantoja de la Cruz.
Ana de Austria con sus amuletos, retratada por Juan Pantoja de la Cruz.

Antes de que la grosera cultura urbana se adueñara del mundo rural, las amas de cría enriquecieron casas burguesas y palacios con su sofisticada magia, poniendo freno a las precipitadas imposiciones de la moda y conservando en la infancia de sus niños el misterio y la protección que toda infancia necesita. A Ana de Austria (1601-1666, futura reina de Francia) se la retrata en su niñez ataviada con varios amuletos, con lo que el lienzo testimonia que su cuidado estaba a cargo de una mujer rural, ocupada en que a la niña no le alcanzara el mal de ojo o en que tuviera una mudanza de dientes  fuerte y saludable.

Hasta por lo menos mediados del pasado siglo hubo amas de cría amamantando a niños ricos en las ciudades de España. Calladamente, agrietaron con su rumor aldeano y sus aromas campesinos el silencio de los mármoles y la fetidez de los perfumes.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

2 thoughts on “Nodrizas

  1. Quisiera saber si existe un listado con los nombres de las nodrizas, ya que en las historias contadas de generación en generación de mi familia, existe la posibilidad de descender de una de ellas. Gracias

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