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Me encantan los anuncios. No lo puedo evitar. O mejor: me encanta fijarme en cada detalle. Me fascina una nueva temporada de publicidad, lamento profundamente cuando un anunciante lleva años y años con el mismo anuncio y me dedico a opinar ante todo el que quiera oírme si la nueva campaña de una marca es peor que la anterior.

Hay una comparativa de campañas que no consigo hacer: no soy capaz es de elegir entre el nuevo y el antiguo anuncio del perfume Chloe.  Ambos se centran en la figura de lo que yo llamo la ‘pava’, una chica pavisosa que se supone que es muy femenina. En el anuncio antiguo, entre otras paverías, la pava daba saltitos mientras se ponía un jersey. El motivo es uno de los grandes misterios de la publicidad. Se dan saltitos para entrar en pantalón justito de talla, o para evitar caerse al calzarse pero ¿al ponerse un jersey? Pava a más no poder. La de ahora está como acurrucada en un sofá mirando a cámara, como si fuera un gato, y al final suelta una risita mientras nos aclara que ella es Chloe in person. Horror. Otra de las grandes pavas de los últimos tiempos era la de Trivago, la que hacía el tonto en la habitación de un hotel de Venecia y al final acababa asomada a un balcón, con medio cuerpo fuera. Confieso que alguna vez imaginé que cambiaba el final del anuncio y la pava caía. Chof. De cabeza al canal (jeje). En este caso no cabe duda: la nueva campaña es mejor. Cualquier cosa es mejor.

Lo de los detalles es algo que disfruto mucho. Hay un anuncio de Fairy lavavajillas en el que un pueblo (que manía tiene esta marca con los pueblos) hace el cafre sobre una sábana. La cosa es que a esta sábana le pasa como a aquella reliquia de calavera de santo, que la había en versión de cuando era niño, y en versión adulta. Es como si hubiera objetos que se duplicaran y una copia quedara congelada en el tiempo mientras la otra avanza. A ver si me explico: en el anuncio hay UNA sábana que acaba pringadísima. Pero después exponen, juntitas, en el balcón del Ayuntamiento, la sábana ANTES DE LAVAR y la sábana DESPUÉS DE LAVAR ¿? Espíritu de Einstein, yo te convoco para que vengas y nos expliques esto. Si puedes.

Recordemos el anuncio de Invictus…. Recordemos al protagonista del anuncio de Invictus… Un ratito más… Solo un ratito más… ¿ya?…. Bueno, al lío: pues ese anuncio no es del que voy a hablar, sino del otro, el de la versión femenina, Olympéa creo que se llama el perfume. Esta muchacha entra en la piscina con unas sandalias con un tacón altísimo. Y sin inmutarse. Esta es la parte en la que te da pena la modelo y piensas en la que habrá pasado para conseguir dar un par de pasitos por la piscina sin resbalar. Dónde está la prevención de riesgos laborales cuando hace falta.

También da mucha penita la protagonista de un anuncio que solo he conseguido ver una vez y que era de una revista. Servía para anunciar que publicaban recetas en dos versiones: light y normal. La pobre muchacha decía que hacía una comida para el resto de la familia y otra sin chicha para ella. Automarginación se llama eso. Se ve que las únicas que necesitan mantener la línea son las mujeres, pero mejor no meternos mucho en el tema mujer-publicidad porque iría para largo.

Mira que son grandes las cocinas de los anuncios… pues se ve que las casas no lo son tanto o al  menos están muy mal distribuidas. Normalmente, los dormitorios dan a un pasillo. Pero en el caso del anuncio de no sé qué desayuno infantil que emitían hace algún tiempo, el niño despertaba en la cama: en esa escena se veía claramente cómo el dormitorio comunica directamente ¡Con la cocina!

Hay más ejemplos de detalles curiosos, de anuncios horribles y estereotipados, surrealistas. Y también muchos más de anuncios bien hechos. Me gustan mucho los de ikea, especialmente aquel del señor mayor y la silla, uno de los mejores de los últimos años para mi gusto. Y confieso que espero con expectación que el conductor de no sé qué coche pequeño mire hacia atrás y pegue un gritito al ver que cabe un pasajero atrás. Siempre me río con ese grito, no falla. Y también hay que reconocer que los anuncios tienen sus ventajas: es ver uno de colonia y empezar a oler a chamusquina: “alguna fiesta de regalar se acerca ¿Qué se me está olvidando?”. Lo que lamento decir es que estos anuncios, buenos o malos, no consiguen que compre nada. Qué le vamos a hacer. Lo mío es el arte por el arte. Cosas de la economía.

Ángeles Peiteado

Autor/a: Ángeles Peiteado

Ángeles Peiteado es periodista y editora de estrenacadiz.com. Ha trabajado en Diario de Cádiz, en diversos gabinetes de comunicación y ha sido codirectora y fundadora del periódico El Independiente de Cádiz.

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2 Comentarios

  1. Íñigo Blanco Alegre

    A mí me llamaba la atención el detergente para prendas delicadas que era capaz de deshacer el punto en aquellos sitios en los que se hubiera incrustado una motita de suciedad. La pregunta es, ¿el jersey se autorecomponía después de esto?

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