Nick Cave: elegía en la oscuridad

El pasado mes de julio, Arthur, el hijo de quince años de Nick Cave, falleció al despeñarse por un acantilado cercano a Brighton, ciudad de residencia del músico australiano, su mujer Susie Bick y su otro hijo Earl, gemelo del desaparecido. Un amigo del joven fallecido reconoció que ambos tomaron tres sellos de LSD el día del suceso hasta el punto de alterar totalmente su percepción. Una paradoja en la crónica de un artista cuyo padre murió en un accidente de tráfico cuando él tenía diecinueve años y que convivió con la heroína durante mucho tiempo.

Nick Cave

Nick Cave.

La tragedia ha actuado habitualmente de espoleta creadora en el mundo del arte. A veces por pura y dura necesidad emocional y en otras ocasiones como premeditada y consciente terapia a la que acudir cuando no se hallan respuestas. En el caso de Cave, ambas vertientes parecen haber confluido hasta convertirse en motivación de un doble trabajo —película y disco— que manifiesta explícitamente las circunstancias que lo promovieron.

El documental One More Time With Feeling fue estrenado el pasado 8 de septiembre con la firma del director neozelandés Andrew Dominik y sucede a otro film de análogo formato —20.000 días en la tierra (2014)— que Cave protagonizó a modo de biografía audiovisual. Su contenido discurre por una selección de grabaciones y entrevistas íntimas realizadas tanto a Cave como a su familia o a su banda, The Bad Seeds, con el gran Warren Ellis al frente. El trabajo no apela a la lágrima fácil sino que aborda con crudeza y honestidad el adverso contexto en el que fue creado, recalcado además por su rodaje en blanco y negro en su práctica totalidad. La intensidad inspira un trabajo duro a la vez que poético donde el australiano desgrana su dolor sin atisbo de exhibicionismo emocional. No se esquiva, no obstante, la sombra de la culpa y la presencia de su mujer y de su hijo enfatizan este ejercicio de confidencia al que incluso el mismo Cave no sabe encontrarle explicación. La voz del hijo muerto, interpretando Deep Water de Marianne Faihfull, pone cierre a un documento penetrante y conmovedor como pocos.

En este contexto, las canciones suelen hablar por sí solas. Y la colección que Nick Cave & The Bad Seeds presenta aquí encarna a la perfección la magnitud del momento. Skeleton Tree (Bad Seed Ltd; 2016) lo plasma en formato disco, desde su negra portada hasta su título, convirtiéndose en un trabajo devastador aunque también hermoso. De “Jesus Alone” —escrita antes de la muerte de Arthur con un profético arranque: “You fell from the sky, crash-landed in a field near the river Adur”— a la composición que da título al álbum, Cave exprime su dolor destilando textos que combinan la llamada — “With my voice I am calling you”—  y el vacío, el amor y el grito, la resignación y la ausencia  —”All the things we love, we lose” canta en “Anthrocene”, la duda y, finalmente, la esperanza mientras la música empasta sobre atmósferas reflexivas y profundas, esencial y sin decorados. El decimosexto álbum de Cave marca un antes y un después en su brillante trayectoria tanto por su marco personal como por el resultado creativo. Un disco turbador y emocionante condenado a perpetuar una tragedia, por más que a su propio autor le pese.

Salvador Catalán

Autor/a: Salvador Catalán

Desde hace más de veinte años desarrollo mi labor profesional en el ámbito de la gestión cultural universitaria. Durante este tiempo también he abordado una permanente colaboración como crítico musical en medios generalistas (Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, La Voz de Cádiz,...) y especializados (Rockdelux) y como programador de festivales y ciclos musicales.

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