Muerte que a todos convidas

«Que allá en el horno nos vamo a encontrar». No ya profético –como bien se afirma– sino eterno, ese Cambalache de Discépolo concluye con la primera certeza que tenemos de la vida: la muerte que a todos iguala. Claro que un poco antes (unos siglos no es nada en la historia del hombre) Jorge Manrique adivinaba el mismo poder en La Parca cuando, al despedir a su padre, evocaba el estuario al que todos iremos a parar: “allí los ríos caudales, / allí los otros medianos / y más chicos; / allegados son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos”.

En realidad, la cultura popular ha sido siempre en este caso –como en tantos otros– certera y desvergonzada y, antes de que lo hiciera Manrique, ya puso a bailar a la Muerte con papas, obispos, canónigos, emperadores, escuderos, mercaderes, condestables, médicos, ermitaños, villanos, caballeros, menestrales, generosos y usureros, obligando a todos a marcar el mismo paso. La Danza Macabra medieval no perseguía, de este modo, tanto el terror cuanto la enseñanza plástica de que todos vamos a morir. Teatralizar lo indudable, pues las danzas de la muerte medievales no solo fueron texto, sino también –y antes aún– imágenes: pinturas, dibujos o grabados, como quizás la más célebre de sus representaciones, el Mural del Pórtico del Cementerio de los Inocentes de París, coronado con versos que intentan transmitir la idea de consuelo pero que, al mismo tiempo, provocan el estremecimiento inevitable de la idea del fin.

La cultura popular ha manejado una segunda certeza en torno a la muerte: la de que nada ni nadie puede retrasar su hora, la prevista, la escrita en algún libro. Es el mensaje que prevalece, por ejemplo, en el romance de El enamorado y la muerte: entre sueños, al caballero se le aparece la Señora Blanca, que le apremia a acompañarla; el hombre le suplica un día de plazo, pero la Muerte le concede una sola hora; apresurado por abrazar a su amante antes de morir, el caballero se precipita desde la escala de seda que, de no haber dado fin a su tiempo, le hubiera llevado hasta los brazos de la dama… “Vamos, el enamorado, / que la hora ya está cumplida”.

La tercera certeza es que la Muerte llega burlándose de nosotros. Como las danzas medievales (“Riendo sarcásticamente, con el andar de un antiguo y tieso maestro de baile”, describió su apariencia Huizinga), así las culturas más necrófilas rinden tributo al gesto macabro en rituales alborotados y jocosos. Es proverbial, en este aspecto, el culto a la muerte en México: por las fechas en que se celebra el Día de Muertos se venden por ciudades y pueblos pliegos impresos con “las canciones del espanto”, conocidos popularmente como La voz de los muertos. Cientos de coplas que han quedado prendidas de la memoria folklórica mexicana: “¡Caramba! ¿Qué está pasando? / ya los muertos resucitan, / salen de su sepultura / bailando la morenita”; “Este es el jarabe loco / que a los muertos resucita, / salen de su sepultura / meneando la cabecita”.

Con la burla, la Muerte es menos triunfante. Hacer frente a la risa sarcástica (la del alma) con la risa carnavalesca (la del cuerpo) no evita la llegada de La Parca, pero casi iguala su naturaleza a la naturaleza humana. Celebramos a nuestros difuntos con la memoria, pero no deberíamos olvidar que también con la risa podemos celebrar nuestras inevitables certezas.

Imagen de portada: Danza de la muerte.  Clusone, Italia.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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