Mística del pololo

José Antonio Primo de Rivera creó la Sección Femenina en 1934, como rama femenina de Falange Española. Ausente el líder por causas ajenas a su voluntad, la dirección de la Sección Femenina fue asumida por su devota y temperamental hermana, Pilar Primo de Rivera, que se responsabilizó de la empresa hasta su extinción en 1977, annus horribilis para Carmen Polo y todas las de su calaña.

La invención de José Antonio tenía que ver con una hábil domesticación del feminismo palpitante, que en tiempos de la II República avanzaba a pasos agigantados, hasta el punto de llegar a legalizar el sufragio femenino en 1931 y de eliminar del código penal el uxoricidio, esto es, el “privilegio acordado al marido matador de su esposa adúltera”, sacramente mantenido en España desde los fueros locales del siglo XVI hasta su derogación en el tardofranquismo de 1963. Era perentoria, pues, la necesidad de un organismo que corrigiese conductas torcidas, canalizase roles equívocos y evitase probables desmanes. De este modo, la Sección Femenina desplegó su ideario en torno a la mujer asumiendo la trilogía nazi “Niños, Hogar, Iglesia” (“Kinder, Küche, Kirche”) y proponiendo una triple vía de acción (adoctrinadora, educadora y asistencial), fórmula que para muchas mujeres acabaría resultando, a la vez, protectora en su vertiente hogareño-maternal y liberadora en lo que de social e intelectual tenía.

La Sección Femenina no prohibió a las mujeres el acceso a la formación, antes al contrario: recogiendo el testigo de ilustres escritos humanistas, pero saltándose las distancias cronológicas, que supongo que no venían al caso (un buen ejemplo es el de La perfecta casada de Fray Luis de León), la legión de Pilar alistó en sus filas mujeres de todas las clases sociales. A través del Servicio Social, de las Cátedras Ambulantes o de los Círculos Medina,  ofreció a las desheredadas la instrucción básica que la Guerra Civil y la miseria posterior les habían negado, y dio a las mejor posicionadas la oportunidad de obtener suficientes refinamiento y disciplina como para picar muy alto y matrimoniar convenientemente.

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Punto nueve de la “Guía de la buena esposa”.

Tengo para mí, no obstante, que la mujer soñada por José Antonio –refinado, esteta, sentimental…– no hubiera resultado del todo acorde con la que finalmente diseñó su hermana quien, obsesionada con su propia soltería (que se sepa, sólo hubo un intento fracasado de concertar un matrimonio con Hitler, para crear así una dinastía fascista), concentró su condena en las prostitutas y, en general, predicó entre sus pupilas las ventajas y bendiciones de la virginidad o, en cualquier caso, de la renuncia al sexo. “Con un pequeño gemido es suficiente”, se aleccionaba desde los púlpitos del Servicio Social al referirse a esos momentos en los que, quizás inevitablemente, la mujer pudiera encontrar placer en el ayuntamiento con su esposo. Arraigó así un feminismo extraño y autocomplaciente que –a mi modo de ver– está muy vivo hoy, o que al menos alimenta –y envenena– las entrañas del feminismo honrado. A las niñas educadas en la escuela franquista Pilar nos uniformó con trajes regionales y, sobre todo, nos convenció de lo saludable que resultaba hacer gimnasia con pololo, ese grácil cinturón de castidad cuya etimología mapuche alude paradójicamente a un significado sexual. El pololo nos hacía olvidarnos del sexo, de nuestro sexo, y nos convertía en heroicas caperucitas místicas: si nos encontrásemos con el lobo, seríamos capaces de esquivarlo, de hacernos irreductibles ante su seducción. Mucho de eso hay en cierto feminismo español del siglo XXI, mucha mística del pololo. Y sé lo que me digo: Pilar Primo de Rivera me regaló en mi bautizo (1962) un escapulario bendecido; le tenía un gran afecto a mi madre, hija de un anarquista pobre y represaliado, una mujer de inmensa altura intelectual a quien los fascistas expulsaron del colegio y exiliaron a un taller de costura, y a quien la sacerdotisa Pilar “redimió” a través del Auxilio Social.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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