Ediciones, adaptaciones, selecciones, antologías, versiones y nuevas creaciones. Hasta sesenta y ocho Quijotes componen el catálogo de la exposición Los Quijotes infantiles del CEPLI, coordinada por César Sánchez y Arantxa Sanz (de la Universidad de Castilla-La Mancha) y extraída de los fondos de la Biblioteca del CEPLI (Centro de Estudios de Promoción de la Literatura Infantil).
Los Quijotes infantiles del CEPLI se exponen en la sala ACUA, un espacio encaramado en la Ciudad Encantada que a lo largo de 2015 –y para conmemorar los cuatrocientos años de la segunda parte del Quijote- alterna exposiciones de cierta envergadura con otras que –como ésta- adoptan el cervantino nombre de “entremeses” y sirven para conocer algunos entresijos de las aventuras de Alonso Quijano y su escudero, tal es su suerte en la lectura para niños a lo largo del siglo XX.
La mítica Editorial Saturnino Calleja abre la exposición con una edición de 1905 de su colección “Calleja para escuelas”, y la cierra Quién es Don Quijote de la Mancha (2015), una adaptación de Rosa Navarro Durán para Edebé. Entre una y otra, libros salpicados de deliciosas ilustraciones anteriores a la Guerra Civil, adaptaciones más austeras de los años cincuenta y sesenta, quijotescos cómics y tebeos de los ochenta en adelante y, de nuevo, melancólicos Quijotes, ya del siglo XXI, arropados por la palabra de Saramago y por las románticas imágenes de Gustavo Doré, como si a este siglo nuestro de tinieblas le pareciera irremediable imaginar el desencanto quijotesco de otra manera que no sea la ensoñación decimonónica.
Cumpliendo en general con la misión particular de cada libro expuesto, el maravilloso catálogo registra cada edición acompañándola de una ilustración y de un fragmento del Quijote que, leídos en el orden cronológico que sigue, componen una antología esencial de la obra, de diletante y fácil lectura para niños que teman la letra sobrecargada o para adultos que alberguen el mismo miedo. El catálogo nos revela, pues, un Quijote en estado de gracia –como corresponde al estado infantil–, pero de ningún modo alterado.
Estos Quijotes de la Mancha –Los Quijotes del CEPLI– hablan además de un amor por la literatura sin alardes, sin sepulcros erráticos y sin grandes bombazos editoriales. Hablan desde la humildad, como Sancho, y dejan en la libertad del lector –de los niños, a quienes tanta falta les hace- las oscuras cuestiones de autoría: “Sí, seguro que es un encantador –dijo Sancho–, el bachiller me dijo que es un tal Cide Hamete Berenjena, será nombre de moro, porque a los moros les gustan las berenjenas”.



