El ruido y la furia

Arrancaron en 2013, alertados por la estruendosa caída de ventas del CD discográfico aunque estimulados por la idea de “editar y dar a conocer material que nos agite, nos estremezca o simplemente despierte nuestra curiosidad”. No, no parecía una idea brillante poner en marcha un proyecto de sello discográfico en un momento de tan aguda crisis pero la pasión de sus promotores no solo por la música sino por el valor como fetiche del soporte que la ofrecía, unida a unas expectativas asociadas a unos limitados aunque esmerados procesos de fabricación y distribución, se encargaron de activar una aventura que hoy sigue creciendo en cantidad y calidad.

David Cordero (Úrsula), Pedro Román (Monkey Priest, Tentudía) y Fran López dieron vida en Sevilla a Knockturne Records y su irrupción fijó desde el principio las bases de una filosofía asociada a una música arriesgada y exigente, siempre turbadora y enemiga de los estándares. Por si faltara algo, el desembarco también sorprendía por su apuesta por un formato casete que parecía enterrado en la noche de los tiempos y que el sello hispalense relanzaba antes como reivindicación del objeto que como ejercicio de nostalgia: a la inicial referencia Jacob meets Blooming Látigo, en la que David Cordero y Marco Serrato (Orthodox, Hidden Forces Trio) se vestían de Jacob para remezclar tres cortes incluidos en Esfínteres y Faquires (2012) de Blooming Látigo, se sumaba Der Fliegende Holländer, un concierto de los soberbios Orthodox presentado en un coqueto casete.

Aquel doble lanzamiento de inauguración fijó el carácter de una diáfana declaración de intenciones que la historia se ha encargado de consolidar y ensanchar. Desde entonces, el equipaje de Knockturne ha ido robusteciendo la personalidad de una marca convertida en casa y refugio de una ecléctica batería de propuestas conectadas por su vocación por el compromiso y la intensidad. Una visita a su web permite chequear un racimo de nombres sin desperdicio que, en buena parte, alimentan hoy la más que pujante escena sevillana ligando free jazz y noise, improvisación y flamenco, sin miedo a las acusaciones de radicalidad: a los ya citados se añaden Malheur, Tetundía, dot tape dot, Pylar, Oikos, Hidden Forces Trio, José Cicuta (Agustín Suárez y Eduardo J. Benítez) o esa anomalía flamenca que es Niño de Elche con la intención de seguir aportando argumentos y sensaciones dispuestas a calar hondo en los oídos menos pusilánimes. Busquen y encontrarán.

Autor

  • Salvador Catalán

    Desde hace más de veinte años desarrollo mi labor profesional en el ámbito de la gestión cultural universitaria. Durante este tiempo también he abordado una permanente colaboración como crítico musical en medios generalistas (Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, La Voz de Cádiz,...) y especializados (Rockdelux) y como programador de festivales y ciclos musicales.

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