Al pasar la barca: mito y folklore del agua

Estamos hechos de agua y de memoria. En nuestra memoria cultural el agua pervive como símbolo primordial desde el momento en que –desde el lado afortunado de nuestro ser– el simbolismo sigue siendo el órgano de nuestro pensamiento, como lo fue para el hombre medieval. Seguimos, pues, trasponiendo una idea por otra y, en ese proceso, el agua, cada vez más turbiamente, nos evoca otras realidades.

El erotismo y la fecundidad son ideas asociadas al agua desde un pasado remotísimo. El primer romance documentado por escrito, La dama y el pastor (1421) ya recoge el motivo cuando sitúa el encuentro entre la “gentil dona” y el “escudero” en la “verdura” de un deleitoso locus refrescado por el agua; y a partir de ahí la canción tradicional abunda en estas citas, que se intuyen siempre clandestinas, y que hablan de la fuente o del río como los sitios adecuados para que el amor fluya, como en este villancico anónimo del siglo XVI: “No me habléis, conde, / d’amor en la calle; / cata que os dirá mal, / conde, la mi madre. / Mañana iré conde, / a lavar al río; / allá me tenéis, conde, / a vuestro servicio”. Lorca, entendiendo siempre los hilos que enhebran el cuerpo con el alma de la mujer, puso en boca de Bernarda Alba la condena simbólica de sus estériles hijas: “Es así como se tiene que hablar en este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el agua con el miedo de que esté envenenada”.

El agua que fluye, pues, de la fuente o por el río, es trasunto de fluidos eróticos, muchas veces ornamentados por frutos o árboles que simbolizan la fertilidad consecuente. A caballo entre lo popular y lo culto, el poeta portugués Gil Vicente ambientaba así la acción de su dramaturgia en los albores del siglo XVI: “Por las riberas del río / limones coge la virgo”. En pleno y terrible siglo XXI las comunidades sefarditas que más esmeradamente conservan su tradición poético-musical entonan el canto de La galana y el mar para homenajear a la mujer que está a punto de casarse: mientras realiza su baño de amor pre-nupcial y el esposo la espera con anhelo, se dice que entre la mar y el río ha nacido un árbol de “bembrillo”, y entre la mar y la arena “un árbol de canela”.

Especialmente fertilizadora es el agua de la noche de San Juan que abre el solsticio de verano y que tiene en el fuego el otro polo simbólico de la purificación y de la renovación de la vida. En todo el mundo mediterráneo hay (o ha habido) ritos acuáticos vinculados a este momento y los “baños de amor” que frecuentan muchas canciones sitúan aquí la noche más propicia. En la noche de San Juan las mujeres yermas bañan sus cuerpos en el mar, la fuente o el río, y por el mismo tiempo refiere la canción que van las solteras a “lavar camisas”, evocando con ese término un significado mucho más amplio que el de la simple indumentaria, pues “camisa” (prenda que tuvo contacto entero con el cuerpo) se entendió, por extensión metonímica, como el propio cuerpo, acarreando así una carga erótica considerable.

Pero las aguas no siempre vienen claras, y no siempre sumergirse en ellas hace presentir la vida. El agua enturbiada, el agua que se teme o el mar ignoto son la otra cara de un elemento que, por lo desconocido, se ha vinculado también a la muerte. Un villancico del siglo XV suplica al ciervo en celo “no enturbiar el agua fría”, y una canción popular evidencia el miedo al encuentro: “A mi puerta nasce una fonte: / ¿por dó saliré que no me moje?”. Desde las cantigas de amigo galaico-portuguesas la mar “ancha y larga” es símbolo de la inmensa pena por la ausencia, y desde la antigua mitología la laguna Estigia y su barquero Caronte emergen como imágenes amenazadoras de la otra orilla que a todos nos espera. Cuando las niñas cantan, a la comba, “al pasar la barca / me dijo el barquero / las niñas bonitas / no pagan dinero…” cantan al amor y a la muerte y empiezan a saber de los peligros de pasar las aguas.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

One thought on “Al pasar la barca: mito y folklore del agua

  1. Comentario de Mari Cruz Garrido (folklorista, Bilbao) en facebook: «Muy lindo. El agua…. siempre asociada al erotismo, lo prohibido, la virginidad (esa morita cautiva lavando su pañuelo en la fuente fria), ese arroyo claro, fuente serena, quien te lavó el pañuelo saber quisiera….
    Igual las fuentes han sido escenario de encuentros amorosos. Mi madre me cuenta que su madre le cantaba:
    Niña si vas a la fuente
    Aprieta bien el cántaro
    Que si el cántaro se rompe
    Difícil es de arreglarlo»
    Siempre, como dices, el agua y sus peligros….»

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