Frontera de los besos

De saber que la boca no es un escaparate de Tiffany sino la primera ventana al amor de los seres humanos, los dentistas no se lanzarían sin ton ni son a instalar barreras en ella. Léase, claro está, brackets y férulas dentales. O quizás haya formulado mal la frase y la correcta sea: de ser los dentistas seres humanos, no se lanzarían a instalar objetos en la boca de sus iguales como si éstas fueran escaparates de Tiffany.

En la época en la que casi todos éramos pobres –y eso duró un buen puñado de siglos– se forjó la idea de que, si aceptábamos el dogma de la resurrección de los cuerpos, habríamos de tener una boca intacta en el momento de la muerte o, a lo sumo, tener a buen recaudo los efímeros dientes de leche para, llegado el momento, volver al mundo a dentelladas. Por aquel entonces era temida la figura del barbero, oficio cargado de mañas, que, de pueblo en pueblo, llevaba el consuelo de sus tenazas a las bocas enfermas y también la amenaza del dolor y la pérdida. Por aquel entonces también se prefería rezar cien oraciones a Santa Apolonia si apretaba el dolor de muelas (“Te prometo, Apolonia / por el sol reluciente / y por este precioso niño / que llevo en mi vientre / que el que esta oración / tres veces dijese / no le ha de doler / ni muela ni diente”) y, en cualquier caso, aspirar humo de beleños, una planta solanácea a la que ya los egipcios atribuyeron efectos mágicos y con la que se mitigaba el dolor de los sentenciados a tortura.

'El beso' de Rodin.
‘El beso’ de Rodin.

Ajenas a la miseria bucal de los pobres, las damas medievales y renacentistas blanquearon sus dientes con el polvo del mejor mármol y pusieron color a sus labios con pigmentos extraídos de minerales y vegetales, hasta hacer desvariar a sus trovadores en metáforas exultantes: “Clavel dividido en dos, / tierna adulación del aire, / dulce ofensa de la vida, / breve concha, rojo esmalte. / Puerta de carmín, por donde / el aliento en ámbar sale, / y corto espacio al aljófar / que se aposenta en granates…” (Juan Pérez de Montalbán). Labios rojos ad nauseam que Quevedo denostó: “En vos llamé rubí lo que mi abuelo / llamara labio y jeta comedora” sentenció en un soneto titulado “Riesgo de celebrar la hermosura de las tontas”.

Nuestra postguerra dio fuerzas renovadas a la proverbial hambre española. La boca entonces solo se abría para bostezar y el bostezo iba ineludiblemente acompañado de una señal de la cruz con la que se simulaba una reja, de modo que por la boca no saliera el alma ni entrara el Demonio. Teniendo hambre de todo menos de Dios, nuestros padres y abuelos más orgullosos exhibían desde el alba hasta la queda un palillo entre los dientes fantaseando así sobre unos restos de comida que clamaban por su ausencia. Sólo con el hambre algo mitigada del final del franquismo unos pocos españoles empezaron a atisbar más allá de los Pirineos la vocación amorosa de la boca y, renunciando al Dios de la postguerra y al bostezo enrejado, contemplaron con esperanza películas como Garganta profunda (1972) y otras de su estirpe.

La primera ventana al amor y el último resquicio por el que escapa el alma. Miguel Hernández la dibujó como límite (“Frontera de los besos serán mañana / cuando en la dentadura sientas un arma” le cantaba a su hijo en La nana de la cebolla) y como infinitud (“el labio de arriba el cielo / y la tierra el otro labio”).

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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