Franz Kafka: las cuatro paredes de un adjetivo

Franz Kafka por Manuel Martín Morgado.

Entre aquellas cuatro paredes, sentado en su pupitre, un adolescente desea ser Kafka. ¿Cómo es posible que un señor se transforme una buena mañana en un insecto? El profesor esboza unos argumentos turbadores que le resultan inquietantemente cercanos, reconocibles. La angustia, la opresión. Lo absurdo. Aún no ha leído un solo libro del autor de Praga, pero sabe del hombre que nunca llegará a conocer el delito del que se le acusa, de las sesiones del juzgado de instrucción que se celebran en casa de un carpintero o de los libros de la ley que no son más que novelas lujuriosas. Toma apuntes con la imaginación disparatada, anota títulos. K., Gregorio Samsa, Joseph K., ejercen sobre el joven una atracción enigmática. Hay algo mágico en todo aquello. Ha de hacerse con los libros de ese tipo. Si desea ser Kafka, el adolescente habrá de leer a Kafka.

Años después aquel adolescente conoció ese mundo diminuto de que hablaba el autor checo. El barrio judío de Josefov, la calle Celetná, los tejados, las cúpulas, las buhardillas. Ya entonces ha releído sus cuatro novelas y ve el cuerpo vacío de un hombre, con chaqueta y pantalones, acoger, donde debería estar su cabeza, la figura sedente de Franz Kafka. A saber qué diablos significa esta escultura, se dice, pensando en las múltiples interpretaciones que de sus parábolas y símbolos se han realizado.

Nuestro adolescente, ahora, hoy, ya no desea semejante delirio —ser Kafka—, un hombre enfermo, complicado de amores, triste burócrata.  Pero posee —es posible— una certeza.  Cuando mira a su alrededor, pesimista, irónico, y se detiene en el desamparo que parece envolverlo todo, aquel adolescente sabe que —para describir, para comprender, para avanzar— ha de aferrarse a las cuatro paredes de un adjetivo.

Autor

  • José Rasero Balón

    José Rasero Balón (Alhucemas, 1962). Soy autor de los blogs 'E la nave va!' y 'Humanos' (www.joserasero1.com) con fotografías realizadas en Holanda, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Austria, Italia, Alemania y diversas poblaciones de la geografía española. He publicado las novelas 'Laila' (1997), 'Badián no es un anís' (2012) y 'Áticos y viento' (Ediciones Mayi. 2015), así como el poemario 'Brochazos' (2001). Vivo en La Viña.

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