El latido de la zambomba

Pandorga en Alicante, burrumbún en Cáceres, puto y zambombo en la Sierra de Madrid, bramatopin en el Valle de Arán, ximbomba en Baleares, sarronca y samburra en Portugal… Todos estos –y más– nombres se le ha dado en la Península a lo que en el sur del sur llamamos zambomba, un corazón festivo y doméstico cuyos latidos emergen de botes de lata, orzas de barro, cantarillas metálicas o pequeños barriles de madera, cubiertos con tela de muselina o piel de animal, según nos documenta con detalle el folklorista José Manuel Fraile.

La fiesta a la que sirve de centro tal instrumento es, en este sur, navideña; pero es fiesta de carnaval en Mallorca y fiesta de verano en los atardeceres calurosos de la Sierra de Málaga. Con frío o calor, desde las irreverentes carnestolendas hasta las piadosas navidades, la zambomba sostiene un amplio y frondoso repertorio de romances, canciones, ritmos de baile, aguinaldos y jerigonzas; profanos, eróticos, anticlericales y burlescos muchos de ellos, devotos, históricos y trágicos otros muchos también. Repertorio compartido por una comunidad millonaria de trasmisores, desde Finisterre hasta Cabo de Gata, que, ajenos a las imposiciones de la globalización, nos recuerdan que cada día del año suena una zambomba y se canta al ritmo de ella en algún rincón de la Península.

Valgan estos sucintos apuntes para curar en algo a los que, en cierta Andalucía, han enfermado de etnocentrismo y como rebeldía ante quienes han hecho de la zambomba un BIC, léase Bien de Interés Comercial.

Escribo desde el sur del sur, una tierra que por estas fechas –y desde que concluye noviembre, el mes de los muertos– ha reunido a sus gentes en torno a una hoguera, unos buñuelos, una botella de anís y una zambomba para cantar romances y canciones, siendo hasta hace nada uno de esos reductos excepcionales donde el canto tradicional sucedía espontáneamente, es decir, con la cadencia que la costumbre, la ritualidad, el clima y la sensibilidad humana iban imponiendo. Hasta hace nada.

Artesanos de la zambomba en San Pablo de Buceite.
Artesanos de la zambomba en San Pablo de Buceite.

Hoy por hoy, se celebran zambombas en peñas, salas comerciales, discotecas y teatros. He estado en algunas de ellas. En ninguna he oído un romance, en ninguna ha sonado la zambomba, el corazón de la fiesta, el ronco y hermoso son que invita a cantar juntos. Ahogada su voz por cañas rocieras, cajas y guitarras, he visto a la zambomba muda, colocada en una esquina, adornada con espantosos espumillones y con siniestras telas de lunares, como esperpénticas mortajas de una mujer anciana que molesta.

Al compás de esos nuevos ruidos, he oído chirriantes villancicos de nuevo cuño, muchos con estribillos tan dantescos como “Vámonos pa el Rocío / que es Nochebuena…”, que sonaban como adolescentes maleducados y ebrios. Y he oído alguna antigua canción deshilachada, hecha engendro por obra y gracia de la sacrosanta bulería.

¿Qué ha ocurrido en los últimos treinta años para que se haya arrasado con la memoria de al menos ocho siglos?, ¿qué se ha entendido como patrimonio cultural, un asunto al que ha ido a parar mucho dinero público?, ¿cómo se ha aplaudido este desprecio a la cultura? Hay algunas explicaciones. Canal Sur, la televisión autonómica de Andalucía, ha derrochado en españas de charanga y pandereta, ha magnificado un tipismo indolente y abotargado, ha alimentado la peor autoestima de los andaluces. Muchos ayuntamientos, en connivencia con cajas de ahorros, han falseado el folklore, travistiéndolo, poniéndole un traje de flamenca muy parecido al que luce Lolita Sevilla en Bienvenido Mr. Marshall, editando discos infames en los que la mentira se hacía moda. Y de parte de políticos y demás responsables de la gestión cultural se ha ejercido una sublimación estética y comercial del flamenco, a todas luces bastarda, interesada y fraudulenta.

Y por eso aquí ya no se oye el latido de la zambomba.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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