Si dos se besan, el mundo cambia

¿Llegaron a las manos (y por tanto a los besos) la reina Isabel y Cristóbal Colón? La iconografía más popular representa el encuentro como escena de vasallaje en la que un marino humilde se arrodilla ante una reina valiente y firme que le entrega poderes para conquistar, en su nombre, la otra parte del mundo. Está probado, sin embargo, que a la consagrada por el franquismo como Reina Católica le pirraba –entre otras aficiones subidas de tono– la lectura del Decamerón y, a decir de algunas malas lenguas, estaba profundamente aburrida de su matrimonio. Colón, por su parte, arrastraba fama de borracho y embaucador y, en el tiempo en el que vino a dar con la real madrina, la belleza que le había llevado a romper un puñado de corazones femeninos entraba en declive, delatado por un cierto descuido físico y una calva que atormentaba su antaño hermosa cabellera.

Probablemente cautivado por esta posibilidad de amor fogoso y clandestino silenciada por la Historia, Salman Rushdie publicó hace unos años un relato que apostaba por exhibir el sexo ardiente que pudo estallar entre la reina y el marinero, Cristóbal Colón e Isabel de España consuman su relación: “A su llegada a la corte, cuando la reina le preguntó personalmente qué deseaba, se inclinó sobre su mano aceitunada y, con los labios a un milímetro de la gran sortija del poder, murmuró una única y peligrosa palabra: Consumación…”.

La actriz Michelle Jenner caracterizada como la reina Isabel de Castilla.

Michelle Jenner caracterizada como la reina Isabel de Castilla.

No sé si la tradición oral se hizo eco alguna vez de esta versión de los hechos. Si así fue, es probable que esa vertiente de la memoria popular hubiera ido desapareciendo, apagada por los romances y canciones que los románticos tradicionalistas del siglo XIX inventaron y los libros escolares del siglo XX difundieron masivamente y acabaron imponiendo.

De 1862 es El libro de los cantares de Antonio Trueba, un compendio de poemas compuestos bajo el hechizo de lo que el romanticismo entendió como natur poesie, a saber, los cantos gestados espontáneamente por un pueblo en estado de gracia: “He compuesto mis cantares como sé –dice Trueba–, a la buena de Dios, como el pueblo compone los suyos”. Bajo el epígrafe de “Isabel la Católica” el autor incluye entre sus cantares dos textos. El primero retrata el casto enamoramiento y matrimonio de Fernando e Isabel y eleva a la heroicidad la figura de la reina por mor de su carácter hacendoso: “Casadicas y solteras / de esta señora aprended / que ella corta y ella cose / las camisicas del rey. / De oro son las tijericas / y las agujas también, / pero aunque sean de oro / trabajo cuesta coser”. En el otro irrumpe, gloriosa, la figura de Cristóbal Colón (“Por el mundo va un marino, / un marino genovés, / diciendo que dará un mundo / al que un barquito le dé.”), de la reina se diviniza su generosidad y humildad (“Marinero, marinero, / -dice la reina Isabel- / para darte navecicas / yo mis joyas venderé, / que bendiciones del pobre / le bastan a una mujer.”), así como su arrojada lucha contra el invasor (“Aún manda en España el moro, / -dice la reina Isabel- / dadme una cota de malla / y un caballo cordobés, / que de la tropa cristiana / capitana quiero ser!”) para, finalmente, culminar en la gloria patria que supuso el viaje de Colón: “¿Qué barquitos son aquellos / que entre la niebla se ven / dando contentos al aire / las banderas de Isabel? / En ellos vuelve el marino, / el marino genovés, / llorando vuelve de gozo, / que Dios le vuelve con bien / y la reina de Castilla / reina de dos mundos es.”

‘El beso’, de Robert Doisneau.

Textos como el de Trueba fueron, andando el tiempo, los responsables del canon con el que la reina y el marinero se instalaron en la tradición oral infantil que, al son del corro y de la comba, fue transmitiendo el trascendental encuentro en tales términos decimonónicos, como en esta versión de la Sierra de Cádiz: “Cogiditas de la mano, / dando vueltas al placer, / vamos a cantar la historia / del marino genovés. / De padres humildes y honrados nació, / de Génova, Italia, Cristóbal Colón. / Su ciencia asombrosa  llegó a demostrar, / un mundo ignorado en medio del mar. / Ningunas ideas llegó a comprender / y loco llamaron al gran genovés. / De España la reina primera Isabel / prestole su apoyo y en buen hora fue”.

Pero la pregunta era: ¿Llegaron a las manos (y por tanto a los besos) la reina Isabel y Cristóbal Colón? Quisiera creer que sí. Siempre me he querido explicar la aventura del genovés desde esa óptica, quizá por parecerme tan rechazable que únicamente la ambición fuera la causa de tanto atropello. No entendería de otro modo la emoción de los versos de Octavio Paz: “Amar es combatir, si dos se besan, / el mundo cambia…”.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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