Clint Eastwood y otros dinosaurios

¿Quién cree en el tiempo? El patrimonio desde luego que no. En contra de una opinión demasiado extendida, el valor patrimonial no se vincula necesariamente a la antigüedad; depende más bien de otra cosa, en concreto del sentimiento de identidad que un colectivo humano muestra hacia el objeto en cuestión, del afecto que a un grupo le despierta su memoria compartida. Vienen a demostrarlo casos realmente interesantes.

Al suroeste de la provincia de Burgos se extiende la Sierra de la Demanda. Dominada por la Peña de Carazo, su contemplación nos evoca inevitablemente el paisaje arisco y escarpado –piedra desoladora– de las películas del lejano oeste. Nos detenemos a tomar un respiro en el pueblo de Salas de los Infantes y descubrimos que en bares, tiendas y museos hay una evocación constante de Clint Eastwood, de la mítica película El bueno, el feo y el malo, rodada en estos parajes en 1966. La documentación fotográfica es profusa: Eastwood junto a un sonriente y españolísimo guardia civil satisfecho de ese momento de gloria; Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef dispuestos a batirse en duelo por un puñado de dólares al pie del Valle de la Mirandilla; Sergio Leone –el director del film– contemplando el cementerio de Sad Hill –cinematográfica trasposición de una planicie próxima a Santo Domingo de Silos– o dirigiendo la escena de la voladura del Puente de Langstone, rodada en el Valle de Arlanza con la colaboración de dos mil extras, soldados rasos españoles a los que la obligatoria “mili” incluyó en tal situación extraordinaria. Hasta han diseñado un itinerario turístico-cultural, la Ruta BFM, que propone un recorrido circular de 54 kilómetros a lo largo del cual se pueden visitar las localizaciones de la película, minuciosamente explicadas en un primoroso mapa.

Rodaje de ‘El bueno, el feo y el malo’ en el valle del Arlanza.

Si al patrimonio le diera valor el tiempo, Clint Eastwood no tendría nada que hacer en esta comarca plagada de icnitas, huellas de dinosaurios cuya edad ronda los ciento cuarenta millones de años. Sin embargo, la conciencia patrimonial de los habitantes de la zona es muchísimo más viva con respecto a la película de Sergio Leone que en relación a las icnitas y a los huesos, colmillos y huevos fósiles de fitófagos, tireóforos o alosaúridos. El peregrino cultural se las ve y se las desea para localizar uno de los doce yacimientos existentes, poco o nada señalizados e incompresiblemente ignorados por la mayoría de los lugareños; si lo que buscas es el gigantesco árbol fósil (¡ciento veinte millones de años!) próximo a Castrillo de la Reina, solo la buena suerte y la tenacidad te llevará hasta él tras conducir por caminos de tierra y andar desorientado entre espinos. Por lo demás, la precariedad expositiva del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes resulta mil veces más desoladora –y desde luego mil veces menos poética– que la Peña de Carazo.

Icnita en el yacimiento de Quintanilla de las Viñas.

A pocos kilómetros de Salas, en el bellísimo Covarrubias, nos sale al paso otra ocasión para apreciar los caminos insondables de la memoria colectiva. Se yergue en medio de la hermosa alameda del pueblo la estatua de una mujer adolescente en cuyo pedestal reza: “La princesa Kristina vino a España en 1257 desde Tönsberg, Noruega, y contrajo matrimonio con el Infante Felipe Abad de Covarrubias. La estatua es una donación a la Villa de Covarrubias con motivo del milenario de su Infantado 1978 por la ciudad de Tönsberg y otros donantes. Obra de Brit Sorensen”. La evidente curiosidad que nos despierta aquello queda más que saciada por la información de primera mano que nos da la propietaria de la cercana tienda de souvenirs. Su relato es, a un tiempo, erudito y sentimental. Al parecer, la princesa Kristina llegó efectivamente desde las tierras heladas de Noruega para contraer matrimonio con Alfonso X, cuya entonces esposa, Violante de Aragón, parecía ser estéril; el viaje de Kristina fue naturalmente largo y penoso y, cuando finalmente llegó a Castilla, la reina Violante ya estaba embarazada, por lo que casaron a Kristina con uno de los hermanos del rey; de este matrimonio no nacieron hijos y Kristina murió a los cuatro años de su llegada, algunos dicen que a causa de una dolencia ya contraída en su país natal y otros que por razones de soledad y melancolía.

Estatua de la princesa Kristina en Covarrubias.

La memoria de la princesa llegó a tener tanto arraigo en Covarrubias y en Tönsberg que, andando los siglos, las ciudades se hermanaron y mantienen hasta hoy un trasiego constante de visitas mutuas justificadas por el patrimonio común. No sé si debido a los tiempos devotos que ahora corren o a la naturaleza surrealista de nuestra cultura patria, la figura de Kristina ha entrado, entre las gentes de Covarrubias, en un pseudoproceso de beatificación: a poco más de un kilómetro del pueblo se levanta la capilla de San Olav, una moderna construcción auspiciada por el Ayuntamiento de Covarrubias y la Escuela de Arquitectura de Oslo, en torno a la cual se ha celebrado este verano la primera romería en honor a la princesa noruega.

La entrada al camino que conduce al sitio exhibe un cartel indicador: “San Olav, ermita del siglo XXI”, desafiando así el valor que el tiempo pudiera otorgar a las muchas ermitas románicas y prerrománicas dispersas por la misma comarca. Tampoco aquí a las icnitas de dinosaurios le han servido sus millones de años para imponerse como el patrimonio más identitario del pueblo, seducido este por la odisea sentimental de Kristina. A veces los eslóganes turísticos dicen la verdad: “Castilla y León: ni te lo imaginas”.

Imagen de portada: Peña del Carazo (Burgos).
María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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