Alicia Domínguez impulsa ‘Memorial a ellas’, un proyecto que reivindica a las heroínas anónimas

Es complicado hoy día, y más en el panorama cultural y literario, conocer a una persona cuya vitalidad e ilusión sean tan contagiosas. Alicia Domínguez puede con todo: novelista, ensayista, colaboradora en medios de comunicación y promotora de un proyecto que va a dar mucho que hablar, como “Memorial a Ellas. Que su rastro no se borre”.

Y con motivo de este último proyecto no perdemos la oportunidad de conocer a Alicia Domínguez es una de las promotoras de este libro que recogerá cincuenta y dos historias de mujeres, nombres de personas importantes e imprescindibles, historias vitales ejemplares que merecen preservarse.

El objetivo del libro es la concienciación social, ya que los beneficios obtenidos sufragarán otros proyectos relacionados con la igualdad, para que la voz de esas mujeres clame contra la injusticia y la violencia. Algo muy importante es que, para echar a andar y financiar su publicación, se ha puesto en marcha un exitoso crowfunding (recaudación en Verkami, activa hasta el próximo 25 de agosto). Ya son muchos los mecenas que apoyan el que será, sin duda, uno de los acontecimientos del año.

Pero para conocer a fondo el alma de un proyecto, es necesario el acercamiento, la conversación pausada con la principal promotora, Alicia Domínguez.

Queremos saber de ti, pues eres el impulso de proyectos muy interesantes, que compartes con otras compañeras. ¿De dónde vienen tus inquietudes?

Yo pertenezco a una familia de vencidos de la guerra civil. Sé que es remontarme muy atrás, pero soy hija de esas circunstancias. Mi abuela, cuyo marido iba casi a diario a la Casa del Pueblo a enseñar a pequeños y mayores a leer y escribir, me repetía continuamente: “Estudia, que la única forma que tenemos los pobres de salir de la miseria es mediante la instrucción”. Y estudié y me formé y, desde luego, salí de la pobreza: de la cultural, de la intelectual, de la que constriñe la vida porque te lleva por una vía de un único sentido. De ahí me vienen las inquietudes, y del consejo de mi Tata Lola de preguntar siempre. A ella le debo mucho, pues siempre me decía: “Nunca dejes de preguntarte por el mundo que te rodea. Jamás pierdas la curiosidad ni las ganas de jugar. El día que lo hagas, serás una persona mayor y, consecuentemente, aburrida”. Entonces no lo entendía. Tras medio siglo vivido, lo comprendo y lo comparto totalmente.

Por eso me gusta afirmar que soy una buscadora y, por lo tanto, eterna aprendiz en el arte de la vida. Es precisamente esa búsqueda constante lo que me animó a escribir: primero un ensayo histórico sobre la represión franquista, El verano que trajo un largo invierno; luego ficción, Viaje al centro de mis mujeres; ahora una colección de historias de mujeres reales, Memorial a Ellas. Que su rastro no se borre y un libro de relatos La culpa la tuvo Eva. Elogio del libre albedrío que publicaré antes de final de año.

Alicia Domínguez.

¿Y merece la pena dedicar tanta energía a escribir y gestionar cultura en un panorama que, seamos realistas, no es muy halagüeño para algo más que no sea fútbol? ¿Qué opinas? Seamos optimistas…

Sí. La cultura te permite estar en el mundo de otro modo: enriqueciéndolo, engrandeciéndolo, haciendo de él un lugar mejor. Aunque existen cientos de definiciones de cultura, yo me quedo con el que se extendió en el siglo XIX que se refería al mejoramiento o refinamiento de lo individual a través de la educación. La cultura para mí es lo que nos hace humanos en el sentido amplio de la palabra. Quien no conoce su mundo y sus infinitas posibilidades se queda estancado, no se pregunta, no interactúa, no ayuda a que avancemos como sociedad.

En cuanto a escribir, a mí me sirve para conocer mi mundo y a mí. Es una especie de bálsamo contra la desesperanza, una vacuna contra el pesimismo y una manera de volar. Como decía Truman Capote: “El que no imagina es como el que no suda: almacena veneno”. Yo imagino, sudo escribiendo, creo mundos que, de otro modo, no existirían, comparto emociones, reflexiones que, a veces, cambian los estados de ánimo de otras personas, les lleva a cuestionarse cosas, a tener otros puntos de vista. La escritura me hace crecer, expandirme, ser.

¿Narrativa o poesía?

La poesía para mí es como un túnel subterráneo que me permite adentrarme en mis más oscuras profundidades y, al contrario, en las emociones más gozosas y vivificantes, pero no domino ese arte. La narrativa, tampoco, pero es el género en el que me siento más cómoda, en el que me expreso con más facilidad y el que encaja en esa idea de crear otros mundos de la que te hablaba antes.

Toda tu trayectoria está enfocada hacia los temas de género, la lucha por la igualdad. Tu obra rezuma una sensibilidad especial, rebosante de sororidad, un término muy en auge en los últimos tiempos, a pesar de que aún el concepto no está del todo integrado, por desgracia. ¿Es el feminismo una moda? ¿Cómo ves el nivel de hipocresía actual? ¿Hay esperanza?

El feminismo no es una moda. Sigue siendo una necesidad, porque, aunque hemos avanzado en igualdad, aún hay mucho que conseguir: acabar con la lacra social de la violencia de género, con el techo de cristal que aún sigue siendo de acero (hay cada vez más mujeres en cargos intermedios, pero en altos cargos, aún su presencia es testimonial), con la discriminación laboral y la sobrecarga familiar de la mujer y su focalización hacia los cuidados… En ese sentido, el 8M de este año supuso un antes y un después en el movimiento feminista. El clamor de millones de mujeres, y también hombres, a favor de la igualdad fue un acto que demuestra que el feminismo no es una moda y que está más vivo que nunca. Ver a mujeres de todas las edades: niñas, adolescentes, jóvenes, maduras, ancianas reclamando igualdad real demuestra que hay esperanza, pero esta debe fundarse en una lucha continua, sin tregua, porque derecho que no se defiende, derecho que se pierde. No obstante, yo soy optimista. Como dice la crítica de cine y feminista, Pilar Aguilar: “El pesimismo es reaccionario”, y yo no soy pesimista. Creo en la lucha sostenida. Se trata de ir ganando batalla a batalla. Y vamos ganando muchas.

Ilustración de Rosa Olea para la portada de ‘Memorial a ellas. Que su rastro no se borre’.

Por eso es tan necesario algo como el Proyecto Memorial a Ellas…

Por supuesto. Este proyecto nació hace casi tres años. Comencé contando en la página de Facebook ‘Memorial a Ellas’ la historia de las mujeres de mi entorno. Era una manera de rendir homenaje a las heroínas invisibles que poblaron mi vida desde pequeña. Con el tiempo, se fueron sumando más relatos: la gente que lo leía me preguntaba si podía contar la historia de sus mujeres en esa página. Y cuando ya alcanzamos un número considerable de historias, tantas como cincuenta y dos, me planteé publicar un libro con ellas. Le propuse a la genial Rosa Olea ilustrarlo y a la escritora Nina Pena prologarlo y aceptaron. También aceptaron colaborar con poemas o historias de sus mujeres las escritoras Grela Bravo, Rosario Troncoso, María Luisa Domínguez Borrallo, Ricardo García Aranda, Juan José Téllez, Yolanda Vallejo, Blanca Flores y Susana Ginesta. Como todos los beneficios de su publicación irán destinados a contribuir a proyectos a favor de la igualdad y contra la violencia de género, hemos abierto un proyecto en Verkami para financiar su publicación en el que animo a participar. Para que el rastro de estas mujeres no se borre y las huellas de las que hoy estamos aquí y las de las que vendrán, queden fuertemente impresas en nuestra memoria. Por ellas y por nosotras.

La idea es presentarlo a mediados de Septiembre en Cádiz, Sevilla, Málaga y Madrid.

¿Qué crees que dirían de ti tus amigos para describirte? ¿Cuál es tu huella?

Me pones en un aprieto. ¿Qué me dirían a la cara o por detrás? Creo que dirían que, aunque a veces soy muy mandona y llevo mal las críticas, aunque luego recapacito y las acepto, intento ser una persona constructiva que les facilita la vida y les transmite energía y ganas de vivir. Trato de dejar el mundo un poco más hermoso de como lo encontré.

¿Inspiración en los tiempos que corren?

A mí me inspira la gente buena, la gente valiente que es capaz de luchar por los demás.

Una sentencia para cerrar.

Una de Ralf Waldo Emerson: “Ser uno mismo en un mundo que, constantemente, trata de que no lo seas es el mayor de los logros”. Y yo añadiría: y la mayor felicidad. Contentar a todo el mundo es una pérdida de tiempo y de energía que nos desvía del propósito para el que vinimos aquí.

Rosario Troncoso

Autor/a: Rosario Troncoso

Profesora. Escritora. Editora y directora de El Ático de los Gatos. Articulista y gestora cultural. Gente. Arte. Gastronomía. Curiosidades.

Comparte en
468 ad

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *