La materia de España en John Dos Passos

‘Invierno en Castilla y otros poemas’. John Dos Passos. Traducción de Eulalia Piñero Gil. Renacimiento. Sevilla, 2018. 349 pp.

Publicado a continuación de la novela Tres soldados (1921) y el libro de impresiones españolas Rocinante vuelve al camino (1922), el libro de poemas de John Dos Passos (1896-1970) A Pushcart at the Curb (1922) –que se publica ahora en español bajo un título tomado de su sección primera, Un invierno en Castilla y otros poemas– supone un punto intermedio entre los dos hitos mencionados: incluye vívidas expresiones del sentimiento antimilitarista que dictó la novela, a la vez que se abre a un ponderado aprecio a la vida tal como ésta se presentó al joven escritor durante su periplo europeo –y, muy señaladamente, por tierras de España, Francia, Portugal e Italia– inmediatamente posterior a la guerra mundial de 1914-18.

Se trata, efectivamente, de un libro terapéutico, en el que el poeta se erige en observador de la vida tal como ésta se manifiesta en las clases populares y en los paisajes y costumbres de países que de algún modo parecían haberse mantenido un paso atrás del capitalismo agresivo que Dos Passos, entonces simpatizante del movimiento obrero, veía como causa primera del sangriento conflicto en el que él mismo, como otros jóvenes americanos, había querido participar como conductor de ambulancias, antes de que su propio país se involucrara militarmente. La contemplación de los paisajes y modos de vida de estos países, y sobre todo de España, que aporta el escenario predominante de estos poemas, infunde en el joven observador una especie de renovada aceptación de la vida en sus pormenores más elementales, tal como éstos le asaltan desde las calles de Madrid y alrededores, del Levante español y otros lugares: mendigos, muchachas campesinas, vendedores ambulantes y pastores, por un lado; pero también las multitudes que llenan las calles de la capital y sus cafés y restaurantes. Dos Passos, a diferencia de los “poetas de la guerra” ingleses, por ejemplo, no se inclina sin más hacia un bucolismo nostálgico que le haga olvidar los horrores de la guerra, sino que también se deja empapar por el bullicio y la energía que percibe en las grandes ciudades, que son también, para él, escenarios de civilización. Así, el eco de una tertulia entre amigos, en la que, entre libaciones y expansiones cordiales, los concurrentes han exaltado el recuerdo de algunos representantes eximios de la conciencia crítica europea –Lucrecio, Erasmo, Voltaire–, resuena en el poema X de la segunda sesión del libro, “Noches en Basano”, en el que “los nombres ondeaban como estandartes en nuestra conversación”. El propio Dos Passos intentará, al modo del ya influyente Ezra Pound, sugerir en otros poemas la pervivencia de esa tradición más allá del paso del tiempo, ya sea en recreaciones poemáticas de pinturas famosas, como el “Embarque para Citera” (o Citerea) de Watteau, o en sus poemas de ambientación china o ambiente trovadoresco o neopagano, también claramente inspirados por Pound, como el que empieza “Había un rey en China” o el VI de la sección última, presidido por una irónica interpelación a Eros.

John Dos Passos.

El impacto de la poesía “modernista” –es decir, la de vanguardia– es visible, en efecto, en gran parte de este poemario, pero –y aquí señalamos nuestra discrepancia de lo que afirma la traductora y editora de esta versión española– solo superficialmente. Los intentos de verso más o menos “libre” conviven con las pautas versales tradicionales en la poesía anglosajona –pentámetros, ritmo yámbico, rima–, e  incluso cabría decir que el descriptivismo que impera en gran parte del libro está más cercano al de románticos como Keats –cuya influencia es palpable, por ejemplo, en muchas de las “odas” (aunque solo un poema de la sección utiliza esta palabra en el título) que componen la ya mencionada secuencia “Noches en Basano”– o al preciosismo victoriano que al prurito de precisión y economía que dictaba la poética “imagista” de Pound o el primer Eliot, a quienes Dos Passos se acerca más en las secciones primera y tercera (“Vagones de tercera”) del libro, donde el carácter de apuntes del natural o breves notas de viaje que revisten muchos poemas se aviene bien a ese designio de economía y exactitud. Solo muy tímidamente, sin embargo, intentará Dos Passos el recurso poético más característico del “Imagismo” de sus maestros: la simple imagen yuxtapuesta, sin nexos que indiquen comparación, a modo de destello que eleva la intensidad emocional o el potencial evocador de una situación dada a un superior plano imaginativo. Ocurre, por ejemplo, en el poema IX de “Invierno en Castilla” –aunque el efecto se pierde en la sintaxis de la versión que propone la traductora de esta edición–: después de describir detalladamente a un grupo de escolares que retozan en una plaza, Dos Passos remata la secuencia con dos versos que convierte a los zagales en “invitados al banquete que pronto se emborrachan / con el vino muy frío del año marchito”. O cuando, sin elevar mucho el vuelo, el poeta denomina a sus deseos “[como] sabuesos que han perdido el rastro” –sin el “como” comparativo que añade la traducción, como es característico de la sintaxis “imagista”–. También se aproximan al proceder “imagista” las campanas que “bostezan” –es decir, dejan ver su boca desde abajo– en cierta escena granadina, o la farola de gas –que la traducción llama “lámpara”– que se convierte en “un tulipán impreciso en la noche nebulosa”.

Fotograma del documental ‘Robles, duelo al sol’, de Sonia Tercero.

Este carácter tentativo del vanguardismo de Dos Passos, sin embargo, no ha de ser entendido como una carencia: sitúa su poesía, por el contrario, en esa interesantísima encrucijada en las que determinados creadores fueron conscientes de la necesidad de depurar la retórica finisecular, pero incorporaron despacio o muy limitadamente los procedimientos programáticos de las vanguardias más agresivas, ofreciendo una poesía renovada pero que todavía no había renunciado a los resortes que podían asegurarle la comprensión y simpatía de un público receptivo. Posiblemente sea éste uno de los factores que hace más grata la lectura de este poemario.

También, por supuesto, y de cara a sus potenciales lectores españoles, su particular visión de las gentes y paisajes de nuestro país. La probada hispanofilia de Dos Passos, que lo llevó años más tarde a mostrar su solidaridad con la República durante la guerra civil, incluyó un episodio dramático, posterior a las impresiones que recoge este libro, pero del que se ocupa oportunamente el estudio preliminar a esta edición: la desaparición de José Robles Pazos, amigo y traductor de Dos Passos, tras una posible detención extrajudicial efectuada en la retaguardia republicana en el contexto de las luchas de los servicios secretos soviéticos contra anarquistas y trostkistas, según documenta Ignacio Martínez de Pisón en su imprescindible investigación Enterrar a los muertos, citada en la bibliografía.  El “caso Robles” llevó a Dos Passos a replantearse sus simpatías comunistas y a derivar, con el tiempo, hacia posiciones más conservadoras. Es posible que, desde ese comprensible escepticismo de madurez, el escritor viera con desapego estos poemas tempranos, por más que en ellos consiguió deslindar casi a la perfección ideología y simple empatía con las clases populares de un país amado. También por esa razón se siguen leyendo con sumo agrado hoy.

José Manuel Benítez Ariza

Autor/a: José Manuel Benítez Ariza

José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) vive escribiendo y escribe sobre la vida: un poco cada día, un poco de todo, en una profusión hecha de muchas brevedades. Narrador, poeta, traductor y articulista, el hilo conductor de esta aparente dispersión de fuerzas es su "diario abierto" Columna de humo, en el que trata de explicarse.

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