Clásicos básicos: ‘Hot Rats’ (1969) de Frank Zappa

Aunque en una de sus últimas entrevistas confesó que le era indiferente ser recordado, la figura de Frank Zappa (1940-1993) ha acrecentado su presencia en la crónica de la música del siglo XX desde su temprana muerte a los 52 años a causa del cáncer. Marcado por influencias que iban del doo woop al compositor vanguardista francés Edgar Varèse, limitar su impacto al mundo del rock sería injusto y reduccionista, aunque a nadie escapa que fue su profusa obra en este campo –generosa y rentablemente ampliada tras su desaparición por sus descendientes de la mano de cajas y reediciones de muy diverso tipo– la que le aportó fama y dinero. Ello no ensombrece una polémica vertiente social y política, así como sus producciones enmarcadas en el contexto de la música contemporánea, que lo condujeron a colaborar con el prestigioso compositor y director francés Pierre Boulez, quien dirigió su pieza “The perfect stranger” en un álbum homónimo de 1984.

Con más de sesenta discos publicados en vida, casi nadie escatima elogios a la hora de incluir a Hot Rats (1969) entre sus obras capitales. La famosa groupie Christine Frka –Miss Christine para los amigos– fue fotografiada vestida con un traje de ganchillo por Andee Nathanson en una piscina abandonada en una villa alrededor de Sunset Boulevard en Los Angeles. Y su amenazante mirada asoma desde la portada del trabajo, recuperado ahora de nuevo en vinilo de 180 gramos con portada desplegable por Elemental Music gracias a su alianza con Universal Music Group. Tras Lumpy Gravy (1968), Hot Rats fue el segundo álbum de Zappa que vio la luz con su propio nombre, mientras su anterior banda, The Mothers of Invention, reposaba en punto muerto. El portentoso trabajo ejemplificaba el eclecticismo estilístico del músico de Baltimore, su metódica y perfeccionista actitud exploradora –en muchos casos, también despótica con sus propios músicos– y la reivindicación de su autoridad como guitarrista, secundado por el fiel y aquí crucial Ian Underwood –quien ya había trabajado con Zappa en The Mothers–, el violín de Don “Sugarcane” Harris y amigos como Jean Luc Ponty o un adolescente Shuggie Otis. Mención aparte merece la punzante voz de su alma gemela Captain Beefheart en el soberbio “Willie The Pimp”, ácido relato sobre un proxeneta erigido en la única composición vocal del disco: “Soy un pequeño chulo con el pelo engominado hacia atrás / Combino un pantalón caqui con mis lustrosos zapatos negros / Tengo una damita… Camina por la calle, diciéndole a todos los chicos que ella no puede ser vencida / Hombre con traje y cuello de pajarita / Quiere comprar un gruñido con el cheque de un tercero”.

Valorado en su momento como un logrado encuentro entre rock y jazz, su media docena de composiciones, cinco de ellas instrumentales, superaban con creces los canónicos límites de esta alianza para apelar a formas del blues, funk u orquestales, salpicadas de gotas de ese sarcasmo e irreverencia que Zappa manejaba como un auténtico maestro. Gracias a ello, Hot Rats se convirtió en una de las piezas esenciales de este inclasificable iconoclasta, a quien David Harrington, fundador del Kronos Quartet, llegó a sentar en la misma mesa que a Charles Ives o Sun Ra.

+ 4

Captain Beefheart& His Magic Band: Trout Mask Replica (Straight, 1969).

John & Yoko / Plastic Ono Band: Some Time in New York City (Apple, 1972).

Varios: Unmatches. Tributo a Zappa (Hall Of Fame, 1996).

Perico SamBeat: Plays Zappa (Nuba, 2016).

Autor

  • Salvador Catalán

    Desde hace más de veinte años desarrollo mi labor profesional en el ámbito de la gestión cultural universitaria. Durante este tiempo también he abordado una permanente colaboración como crítico musical en medios generalistas (Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, La Voz de Cádiz,...) y especializados (Rockdelux) y como programador de festivales y ciclos musicales.

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