Ciprian Iordan, cocinero emocional

Recién llegado de Madrid Fusión, nos recibe con un entusiasmo contagioso. Enlaza en la conversación, unos temas con otros, enérgicamente, presumiendo de un perfecto castellano con un estilo más gaditano que del Este de Europa, concretamente de su Rumanía natal.

Su gran seguridad demuestra que ha sabido extraer todo el fruto a estos últimos diez años, desde que llegó a España para unas vacaciones cortas. Pero se quedó. Se enamoró de su oficio. Ya no sería mecánico, como entraba en sus planes. Aquí descubrió su verdadera vocación. Y ahora dicen de él, que apunta maneras, que es una promesa.  Pero cuando se vive la experiencia de probar lo que se trae entre manos este chef de veintiocho años, se adquiere conciencia, de forma automática, de que se trata de alta cocina.

Ciprian Jordan.
Ciprian Jordan.

El bendito culpable de toda esta aventura fue su cuñado, según él mismo nos cuenta, el chef Juan Luis Fernández, mano derecha de Ángel León.  Fue quien le descubrió este mundo y le inició en sus primeros pasos en Aponiente, restaurante del mediático “chef del mar”.  donde completó su formación y llegó a hacerse imprescindible en la “tripulación”.

Amor verdadero, auténtica pasión es lo que Ciprian Iordan transmite, habiéndose ganado la confianza y un digno lugar, junto a los mejores profesionales de los fogones del panorama nacional, habiendo trabajado ya en las cocinas de Koldo Miranda, absorbiendo experiencia junto a cocineros como Pepe Rodríguez en restaurantes como El Bohío, codeándose con grandes, como Martín Berasategui, Paco Roncero o Marcos Morán.

Es un hombre con suerte, como él mismo se define. Suerte para saberse escuchar, y así descubrir su talento, desarrollarlo, y convertir su labor en todo un espectáculo. Talento y trabajo, mucho trabajo. Tesón y sacrificio. No hay fórmulas secretas, y Ciprian Iordan lo sabe: solo constancia y responsabilidad. Por eso a su paso encuentra las puertas abiertas. Por eso recoge lo que siembra, habiendo invertido su juventud en un sueño.

Impresiona su currículum, sorprende su brillante trayectoria. Domina el arte de los sabores. No los cubre, los realza. Y los moldea con mimo: cuida las texturas, respeta al máximo la materia prima, huye de los químicos en su cocina. Desea sorprender. Y sorprende, creando deseo.

El deseo de más, de repetir vivencias, por ejemplo, en el delicioso Hotel Restaurante La Breña, un proyecto de Alberto Reyes y José Manuel Morillo, en Los Caños de Meca, donde podemos encontrarle, cuando se abre la temporada, al frente de un concepto diferente en la cocina, en la alta cocina, en la que vuelca todo su potencial creativo al servicio de las emociones.

Sí. Porque así es como se anuncia y se describe este último rincón de Los Caños, como “restaurante emocional”, cuyas vistas al mar, a los pies del Parque Natural de la Breña, también ayudan a disfrutar de una cita memorable. En palabras de Pepe Landi: “La capilla hedonista al borde de la orilla y el pinar, entre mi espalda y tu pared, entre la brisa verde y la carne viva, entre el vino y el beso, entre el blanco vital y el azul sinfín, se acostumbró a servir emociones”.

Allí conocimos, el pasado verano, lo que Iordan es capaz de hacer con el atún (que sabe a atún), con el arroz (a su manera), con el plancton, pintando platos donde todo se come, soñando postres en preciosas copas de cristal.

Mucho de lo que allí puede disfrutarse, está en un libro, Cocina emocional. Las recetas de La Breña, editado por la Fundación Cajasol y la Cope,  que recibimos en casa como el mejor regalo en mucho tiempo. La exquisita Ensalada de Tataky y Samorejo, la sugerente Merluza Frita con Crema de Plancton, las maravillosas Albóndigas de Atún, el voluptuoso Ceviche de Atún y Frutos Secos, el erótico Mousse de Chocolate,…

Un puñado de recetas que descubren quizás algunos de los secretos del alquimista, del mago en la vanguardia. Pero no. Qué va. Algo hay en la marmita, que oculta, que no dice. Y mejor.

Ciprian Iordan es cocinero por instinto, autodidacta, pero estricto, investigador constante, que asegura no tener aún un estilo definido en su forma de proceder. Discrepamos. Es el cocinero de las emociones, para ponerlas en su punto.  Aunque sea joven. Aunque desde su humildad y su voraz capacidad de aprendizaje, no se considere a sí mismo un artista. Pero lo es.

Valiente, temerario quizás, al principio, en una tierra hostil reacia a lo nuevo, a lo de fuera, a lo distinto. Un lugar antipático, los primeros años, que reaccionó ante las ansias de traer los colores de las cocinas del mundo, e integrarlas, enriqueciendo el gusto, el olfato, la vista y el corazón, de Japón a Perú, pasando por Asturias, hasta Barbate.

Solo era cuestión de tiempo aprender a valorar. Era necesario esperar, continuar innovando, creer en el Sur y acercar toda la fusión, todo el cariño y un extra de ilusión para seguir arriesgando. Por fin allí es posible saborear mejor el océano, y llevárselo impregnado en los labios. Es posible sobrevolar los sueños, y mirar, desde allí, con otros ojos el mundo.

Una vez él se hizo la pregunta, la más importante, sobre el rumbo que habría de tomar su vida. Encuentra la respuesta siendo feliz con la felicidad en los otros, los que prueban, los que saborean y disfrutan con su juego en la cocina.

Y ahora es su momento, más allá de la novelería que vivimos con el boom de la cocina de diseño y los masterchefs.

Conózcanlo. Buen provecho.

Autor

2 thoughts on “Ciprian Iordan, cocinero emocional

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *