No voy a ArCo

Eran aquellos años en los que Madrid se volvió insoportablemente banal y ArCo era el ejemplo más descriptivo de lo superficial y lo mercantil. El mercado sin escrúpulos que siempre había sido y es la feria, aunque se ocultara tras una postmodernidad tardía y una frescura desconocida por estos lares, salió del armario con orgullo y sabiéndose dueño y señor del devenir artístico de una españa –en minúscula- crecida y ensoberbecida.

Eran aquellos años en que Latinoamérica era observada con condescendencia y altivez y en los que los galeristas y los nuevos coleccionistas españoles ocupaban portadas de las revistas más vacuas. Íbamos de sobrados, siempre desde una perspectiva interna y ombliguista; pues desde fuera nos miraban con el asombro que el esperpento y lo burdo generan mientras nos vendían cualquier cosa sabiendo que la burbuja explotaría. Y explotó.

Llegó la crisis y -aunque el mercado del arte disfruta de la protección de los más ricos- cayeron artistas, galeristas, intermediarios y coleccionistas peregrinos. Llegó la crisis y se evidenció la falta de capacidad que el arte superfluo tiene para generar conocimiento, para abrir entendimiento sobre el mundo que vivimos. Llegó la crisis y, con la habitual picaresca que genera la avaricia, descubrimos –otra vez- Latinoamérica con sus encantadores coleccionistas y el maravilloso arte latinoamericano. ¿Un redescubrimiento o una tabla de salvación? Ahora todos son pioneros en haber apostado por ese mercado, por sus artistas. Ahora todos son visionarios que quisieron crear puentes cuando nadie les hacía caso. Ahora todos, desesperados por el capital de la otra orilla, defienden postulados artísticos de los “países hermanos”, porque –dicen- ya no hay definiciones territoriales y las problemáticas contemporáneas son globales. Pura hipocresía.

vaso--644x562Y no es solo la falta de principios éticos relacionales lo que me aleja de ArCo; es también el triunfo del artificio, del arte más petardo y exhibicionista; es también el sometimiento servil ante el dinero, ante el sistema; es el desprecio a los creadores y, sobre todo, a la ampliación de pensamiento que el arte debe generar. Mientras estos últimos, los creadores, no se rebelen, van a seguir jugando con ellos y con el público asistente y yo, de momento, no tengo ganas de juego.

Este año, el acostumbrado y necesario escándalo se ha centrado en una pieza de Wilfredo Prieto, artista cubano etiquetado como “postconceptual” La pieza en cuestión es un “vaso de agua medio lleno” sobre una repisa de madera y cuyo precio es de 20.000 euros.

En 1973, el artista irlandés Michael Craig-Martin expuso un vaso de agua sobre repisa de cristal cuyo título era ‘Roble” y afirmaba que la pieza era un roble porque él tuvo la intención de transformar el vaso de agua en roble, aunque siguiera manteniendo la forma de vaso de agua. La obra cuestionaba la subjetividad del lenguaje y evidenciaba las carencias del mundo económico y social de aquellos años; apostaba, además, por una educación imaginativa, libre e individualizada.

Wilfredo Prieto conoce, con total seguridad, la pieza de Craig-Martin; pero los tiempos, el mensaje y la intención son muy distintos. A eso se aferra para justificar el precio y para justificar la obra en sí misma. Si se le pregunta al galerista que exhibe la pieza, afirma que:  «Es un tema puramente de mercado, de la ley de la oferta y la demanda. Es una obra muy democrática. Como vaso de agua no vale nada esta obra. De hecho, si alguien lo roba pongo otro. Así lo especifica el propio artista. Lo que da valor a la pieza es el certificado del artista” No sé si 20.000 euros es un precio muy democrático, la verdad; y el valor parece residir más en el artista, en su certificado, que en su creación. Por otra parte, si la crítica contenida en la pieza es hacia el propio mercado podría deducirse que la pieza sólo resultaría eficaz si no se vendiera, ¿no? Bueno, no es este el momento de analizar si el vaso está realmente medio lleno o medio vacío, sino de resaltar lo autorreferencial que se ha vuelto el mercado del arte. El “vaso de agua a medias” seguramente tiene mucho interés como pieza de arte, lo cual no justifica ni su precio ni el revuelo causado. El problema del arte conceptual es que tiene que tener un concepto muy desarrollado y bien definido. Si no, será verdad que “el silencio de Duchamp está sobrevalorado” (Joseph Beuys)

Por supuesto, hay otra feria ArCo más seria, más profesional, menos mediática, más dirigida a la generación de conocimiento; pero incluso a esa no hay que mantenerla con subvenciones o ayudas públicas. ArCo es una feria para profesionales del mercado de arte, no para artistas. Y a esos comerciantes no hay que mantenerles, con dinero público, sus ínfulas más o menos engordadas, sus negocios privados, sus egos, sus servilismos y sus pijadas desconectadas de la realidad social contemporánea.

El mundo del arte,  por suerte, va por otros derroteros ajenos a estos circos y que incluyen sectores muy diversos y amplios de la sociedad; algunos no considerados habitualmente como artísticos o culturales. El arte, la creación, cada vez más, abarca ámbitos contextuales inesperados y cada vez está más integrado en el día a día de la ciudadanía. Cómo decía Beuys –otra vez-:  “todos somos artistas”, aunque no “vayamos de…”

 

Autor

  • Paco Cano

    Paco Cano es gestor cultural, comisario de arte, crítico e impulsor de Plan C, un proyecto de escultura social e inteligencia colectiva para recuperar socialmente Cádiz y su entorno.

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