Pepa Bautista, presidenta de la Asociación Beatriz Pacheco, llega algo cansada, tras subir demasiado deprisa la suave pendiente de la calle Corredera de Arcos de la Frontera, a la cafetería Puerta del Sol, donde ha quedado con sus compañeras de la asociación y con el escritor Pedro Sevilla, que se encarga de su club de lectura. Van a escuchar a la profesora María Jesús Ruiz, que tiene previsto hablarles sobre el origen del repertorio tradicional de la zambomba, que ellas tan bien conocen.
Pepa Bautista ha escuchado hace poco en la radio que la Junta de Andalucía ha declarado Bien de Interés Cultural a las zambombas de Jerez y Arcos: “Lo primero que he pensado es que qué zambomba de Jerez, porque en Jerez lo único que hay son coros. Zambomba de verdad, la nuestra es la única”, comenta.
La Asociación Beatriz Pacheco tiene como objetivo la acción social y la difusión cultural y lleva cumpliendo con su compromiso con la sociedad arcense desde hace más de veinte años. Además, este grupo de mujeres veteranas y entusiastas, capaces de vivir con ilusión y entrega su labor colectiva, forman una de las pocas zambombas tradicionales, “zambombas de verdad”, de la provincia de Cádiz. Nada que ver con los espectáculos que proliferan en estas fechas bajo el marchamo de celebración tradicional y que, según comenta la profesora Ruiz, “es un invento institucional de los años 80, cuando hay un intento de comercializar, y por extensión desvirtuar, una manifestación cultural que ha terminado por perder su esencia” más allá de los escasos reductos que permanecen atrincherados en la memoria y en la sensibilidad de mujeres como éstas.

Guitarras, cajones, cañas y otros instrumentos ajenos a la celebración tradicional acompañan a un repertorio aflamencado en el que conviven textos totalmente ajenos a la tradición. Y es que la zambomba no es flamenca, ni nunca ha sido de pago, ni sobre un escenario, ni se han vendido nunca entradas para escucharla. “Y, por supuesto, nunca ha tenido nada que ver con el flamenco. Además, la zambomba no es algo exclusivo de la provincia de Cádiz, ni siquiera de Andalucía. Hay zambombas en toda España e incluso en algunos países del Mediterráneo con otros nombre”, explica la profesora Ruiz a su atento auditorio.
Las mujeres de la Asociación Beatriz Pacheco lo tienen claro: en esta manifestación cultural popular “no hay más instrumentos que la zambomba, el almirez, la pandereta y la botella”. La “zambombera” de la asociación, Ana Palmero, ha cargado con el instrumento dispuesta a arrancarle el peculiar sonido que hasta no hace tanto tiempo acompañaba la Navidad en improvisadas veladas entre familiares y vecinos. A ella y a sus compañeras no les cuesta arrancarse con Garbanzos verdes («Entren pa dentro, los que están en la puerta, entren pa dentro»), una invitación a participar en una fiesta en la que todos son iguales, en la que no hay intérpretes y público que escucha: todo el mundo canta. Juntas son cultura viva. El patrimonio intangible se concreta en sus voces armoniosas capaces de emocionar, sorprender y hacer reír con un repertorio que incluye, y a veces hace convivir en una misma composición, temas religiosos y profanos (“Levanta la hoja y coge la flor/ María se llama la madre de Dios/ Aquí te lo traigo sobre el delantal/ un conejo vivo y a medio pelar”); romances tradicionales, algunos con más de seis siglos de antigüedad (La hermana cautiva), y letrillas críticas y jocosas que hablan de la maledicencia de la suegra (La cochina de mi suegra) o de la extraña fiebre de una tal Micaela (El mal de la Micaela). Irreverentes, sencillas, emocionantes, verdaderas.
“Cuando yo era niña, y tengo sesenta años, Remedios, que era la casera de la placita, sacaba un baño y allí encendía una candela y nos reuníamos los vecinos a cantar”, explica Ana Palmero. Esa es la esencia de la zambomba. Una reunión espontánea en la que se cantaba para celebrar la Navidad, un espacio de convivencia lúdica en el que, a veces, “se sacaba hasta novio”, explica Isabel Valle, que señala a su compañera Manuela Fraidía como miembro de una de las familias que ha consolidado esta tradición en Arcos: “La de los Porrúas”.
Josefa García Becerra toca el almirez y, junto a su hermana Rafaela, es una de las integrantes más veteranas de la zambomba de la Asociación Beatriz Pacheco. No le faltan ganas y entusiasmo para continuar con una tradición que “es de toda la vida”.
Pepa Bautista lo tiene claro: “No es que no nos guste lo que se hace ahora, pero lo que no queremos es que esto se pierda”. Y es que el futuro de la zambomba es incierto. “Los jóvenes no están demasiado interesados en aprender, aunque algunos hay. Nosotros somos las últimas”.
Escuchándolas se comprenden muchas cosas y se echan de menos otras. Se entiende, por ejemplo, la variedad y la riqueza de ese patrimonio que no es de nadie sino de todos, transmitido de viva voz generación tras generación, que es historia y que nos ayuda a comprender mejor nuestra propia historia. Y no deja de sorprender el menosprecio hacia estas manifestaciones que, en la mayoría de los casos, demuestran las personas encargadas de velar y defender nuestra cultura desde la verdad, el conocimiento y el respeto.


