Territorio Dylan

“Me han puesto a caldo desde el primer día. Dicen que no puedo cantar. Que croo, que sueno como una rana. ¿Por qué no dicen lo mismo sobre Tom Waits?. Dicen que mi voz está fundida, que no tengo voz. ¿Por qué no dicen lo mismo sobre Leonard Cohen. ¿Por qué me dan ese tratamiento especial?”. El mito se hizo carne durante la entrega de los premios MusiCares Person of the Year 2015, el pasado 6 de febrero en Los Angeles. Habitualmente reservado en sus apariciones y críptico en sus opiniones y declaraciones, sobre todo en las que atañen a su propia obra, Bob Dylan bajó al ruedo y se despachó a gusto mientras su nuevo álbum Shadows in the Night (Sony Music; 2015) preparaba su desembarco en el mercado. Un trabajo, de nuevo controvertido, destinado a redimensionar desde su prisma el estándar en general y la figura de Frank Sinatra en particular a modo de excelso intérprete de ese fantástico cancionero concebido hace décadas por colosos de la partitura como Joseph Kosma, Irving Berlin, el propio Sinatra o el tándem Richard Rodgers & Oscar Hammerstein II.

A sus 73 años, Dylan no sabe vivir sin retos. Antes que buscar refugio o jubilación, su conexión con las exigencias del mercado discográfico –su último álbum, Tempest, data de 2012 pero el volumen número 11 de su archivo oficial The Bootleg Series centrado en The Basement Tapes fue publicado a finales del pasado 2014– y una permanente presencia escénica de la mano de su Never Ending Tour, lo sitúan en un escaparate del que, no obstante, no siempre ha salido bien parado. De hecho, sus conciertos han arrojado durante los últimos años sobrados motivos para la decepción tanto por su merma vocal como por un tratamiento lineal de su mítico repertorio.

Pero Dylan nunca dejará de ser Dylan y su indeleble huida del arquetipo lo ha conducido por terrenos que otros nunca se han atrevido a pisar y que él ha terminado conquistando hasta hacerlos suyos. La enésima evidencia es este Shadows in the Night  que en otras voces sonaría a inofensiva anécdota pero que en el caso de Dylan se muestra como intransferible catálogo de versiones donde sempiternas melodías como “Autumn Leaves”, “I’m A Fool To Want You” o “That Lucky Old Sun” reciben otra dosis de vida. Una elegante instrumentación delineada por guitarras y vientos, la cuidada producción de Jack Frost y, sobre todo, una voz recuperada, que parece dejar atrás esas sombras no muy lejanas para ganar en profundidad y matices, dan forma y sentido a un seductor catálogo a media luz que termina sabiendo a puro Dylan.

Autor

  • Salvador Catalán

    Desde hace más de veinte años desarrollo mi labor profesional en el ámbito de la gestión cultural universitaria. Durante este tiempo también he abordado una permanente colaboración como crítico musical en medios generalistas (Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, La Voz de Cádiz,...) y especializados (Rockdelux) y como programador de festivales y ciclos musicales.

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