David Bulpe llevaba tiempo “dándole vueltas” a un proyecto fotográfico para recuperar la identidad de viejos rincones ubriqueños, algunos prácticamente intactos desde principios del siglo pasado, otros tan cambiados que apenas se podían reconocer en ellos algunos detalles de cómo eran antes. Rincones llenos de vida, testigos mudos de la historia personal y colectiva del pueblo.
Hace unos meses, la Asociación de Vecinos de la Plaza de la Verdura le propuso una exposición y él encontró la ocasión que estaba esperando para desarrollar esta idea, que se ha concretado bajo el título Recuerdos del Presente. Un viaje a través de la historia de Ubrique: una colección de diez trabajos fotográficos en los que las imágenes del pasado se funden con las del presente. Aunque la muestra ha durado tan solo una semana, Bulpe ha querido mantener «abierto» este trabajo creando una galería virtual que dé respuesta a la demanda de “mucha gente de fuera que quería verla” y continuidad a un trabajo que espera “poder seguir ampliando”.
El primer paso para hacer realidad Recuerdos del presente ha consistido en seleccionar imágenes “que fueran muy significativas por su antigüedad, por tratarse de un acontecimiento único, de un recuerdo colectivo imborrable o de momentos de fiesta siempre añorados”, explica David Bulpe.
Para ello ha contado con todo el material recopilado por el grupo “Ubrique en el recuerdo”, dinamizado por la profesora Esperanza Cabello, que además ha sido la encargada de contar las historias testimoniadas en esas imágenes a través del “relato histórico” que acompaña a cada fotografía.

Una vez seleccionadas las imágenes antiguas, el fotógrafo ubriqueño ha realizado una auténtica labor de investigación para reconocer “al milímetro el lugar desde el que el fotógrafo antiguo hizo su instantánea, elegir el mismo ángulo, la misma altura” y tomar así una fotografía lo más fiel posible a la imagen de referencia. “Algunas fotos se pudieron hacer, otras no. En algunos casos era casi imposible reconocer el sito en el que estaban hechas, el cambio era demasiado grande. En otras ocasiones era muy difícil encajar justamente el ángulo desde el que se realizaron”, explica el fotógrafo.
El trabajo posterior ha sido ante el ordenador para “hacer coincidir las dos imágenes, superponiendo una de ellas y mezclando finalmente los elementos de las dos”.
El resultado, como él mismo admite, “es sorprendente y espectacular”. Pero David Bulpe insiste, sobre todo, en el carácter solidario que ha tenido la exposición, ya que todo el dinero recaudado con la venta de las fotos y de otros artículos relacionados con la muestra irá destinado a la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Ubrique. Memoria para “ayudar a los que por culpa de esta terrible enfermedad han perdido la memoria”. “Aún quedan postales a un euro”, apunta Bulpe, “para el que quiera contribuir”.
Para David Bulpe este trabajo de traer “momentos pasados al presente” ha sido bastante especial: «me he sentido como que me metía en la máquina del tiempo, sobre todo cuando estaba en el sitio haciendo la foto y veía lo que estaba pasando justo ahí hacía cien años”.
La proclamación de la primera república, el enorme socavón que ocasionaron las lluvias torrenciales en una de las principales calles del pueblo, las muchachas paseando sonrientes por esa misma calle, la fachada de la iglesia de San Juan de Letrán, que guarda una interesante historia que no muchos conocen… Escenas del pasado resucitadas ante nuestros ojos.
“La gente que ha visto las fotografías se ha asombrado bastante. Los mayores, porque algunos se han visto y han recordado momentos anteriores. Los más jóvenes, porque muchos no sabían qué había pasado en esos lugares cotidianos”, explica Bulpe.
Una experiencia emocionante, en todo caso. Por eso, como se apunta en la introducción a la galería fotográfica de Recuerdos del presente, merece la pena que el visitante “se tomen su tiempo” para pasear por “el Ubrique de hoy y de siempre, por edificios de 1600 y por construcciones de 1972; por la feria y la moda atemporales; por el horror de la “greera” y la paz de la fuente de la plaza; por el recogimiento de la procesión del Corpus y el bullicio de la II República; por los comercios de antaño y los transportistas de pieles; por nuestro convento, y nuestro acueducto, y nuestro Rodezno…”.


Es un consuelo que alguien haga cosas así. Muchas gracias
Muchas gracias Iñigo 🙂
Preciosa aventura