Mi loro republicano

Desde su habitación de la casa paterna de Málaga José Moreno Villa veía el mar (“Gris y morado / es mi verde olivar, / blanca mi casa / y azul mi mar”). Así principia su Vida en claro (1944), la autobiografía hilada al son del exilio Mexicano y al tiempo de la melancolía por la patria perdida que se iba instalando para siempre en su corazón. Aquel Mediterráneo finisecular orillaba en una España bostezante, un país que estiraba sus brazos (puño cerrado uno, dedos extendidos el otro) hacia el cielo y que quería acoger a sus dos clases de hijos. No pudo ser.

Portatda 001Al calor de los del 27 y de la Institución Libre de Enseñanza, José Moreno Villa (Málaga, 1887 – México DF, 1955) se hizo poeta, bibliotecario, traductor y pintor, ensayando así ese hombre nuevo que tantos otros ensayaron y que no tenía cabida en el país real de aquel entonces. Cantó un amor alegre y apasionado, el de Jacinta la pelirroja (1929), ultimátum del costumbrismo y del romanticismo y deslumbrante anticipación de ritmos que habrían de ocurrir mucho después (rock, rap…): “… bailaré con ella / el ritmo roto y negro / del jazz… / Oh, Jacinta, pelirroja, peli-peli-roja / pel-pel-peli-pelirrojiza…”. Huyó. Sin comprender por qué podrían matarlo pero convencido de que podrían hacerlo, se fue. En 1937 el exilio lo llevó a Estados Unidos y después definitivamente a México. “México crece en mí”, dijo como bálsamo del destierro, debiendo a ese país que lo brotaba el gran amor y el único hijo.

Ser padre al otro lado de otro mar lo instaló para siempre en este lado, el de su infancia, y eternizándose como raro niño memorialista publicó un puñado de canciones del Sur en Navidad, villancicos, pastorelas, posadas y piñatas. Congelada la memoria infantil, congelado el pulso en el dibujo antiguo, publicó el más hermoso juguete de versos, Lo que sabía mi loro.

La Segunda República había convocado la voluntad creadora y regeneradora de intelectuales, artistas y profesores alrededor de unos pocos y claros objetivos: llevar el arte y la cultura a cada rincón (por muy remoto y aldeano que fuera) del país, conseguir la igualdad (por la vía de la educación) de ricos y pobres y de hombres y mujeres, democratizar el teatro como el milagro que hace saborear la libertad a todo aquel que en él participa, y rescatar el riquísimo patrimonio de la tradición oral española para incorporarlo a nuestra memoria cultural. Cuando el destierro se impuso, los republicanos no pudieron llevarse consigo ni sus muebles ni sus casas ni sus perros; como los judíos sefarditas de cuatrocientos años antes, sí se llevaron el frondoso repertorio poético-musical que habían recolectado en calles y plazas, y como aquéllos también se llevaron la llave. La llave de la memoria.

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Canción ilustrada del libro ‘Lo que sabía mi loro’.

Lo que sabía mi loro es la llave que abre la puerta de la casa de nuestra memoria infantil, poesía nutridora como la leche materna, memoria viva que nos identifica, nos vincula a un ser y nos hace ser de un pasado y de un futuro, eslabones humanos que la Dictadura franquista aniquiló. Retahílas, canciones, versos e imágenes que nos hubieran mecido a un ritmo natural de habernos llegado en su momento y que la arritmia del terror nos arrebató.

Puede que algunos fantaseemos con lo que fue la Segunda República y que, como Don Quijote en el refugio de los cabreros, tengamos una ensoñación de la Edad de Oro cuando la evocamos. Eso opinan los demócratas bienpensantes. Puede ser, pero, a la vista de los libros de Moreno Villa y de tantos otros libros de la memoria exiliada, nadie me quitará de la cabeza que, de no haberse interrumpido la Historia, en la cultura, las escuelas y las universidades de este país, hoy por hoy, no campearía a sus anchas la que es dueña absoluta de nuestros trabajos y días, a saber: la Indecencia.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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