Manos invisibles

Fotografía de Jesús Heredia Luque.

Una mano en el lateral del escenario del teatro Villamarta, tras el telón. Invisible para el público, descansa sobre una partitura anotada de la ópera Pagliacci.

Probablemente es la mano de Carmen, pero podría ser de Antonio, de Concha, de Pili, de Joan, de Isamay, de Irene, de Pepi, de María José… Cualquiera de las cientos de personas que consiguen hacer con presupuestos ínfimos y dosis superlativas de oficio que una ópera se ponga en escena en un teatro de provincias que se ha convertido en referente nacional en el ámbito de la lírica, y que ha estado a punto de caer del filo de navaja en el que siempre camina tambaleante: los problemas de financiación de las últimas temporadas han llevado a la disolución de la fundación del Teatro Villamarta (que además de ópera programa conciertos de música clásica y popular, ballet, musicales y teatro, sin olvidar el afamado Festival de Flamenco de Jerez) y a la creación de una nueva entidad en un intento de gestionar las deudas pendientes sin llegar al fatal desenlace que supondría para Jerez y su zona de influencia el cierre del teatro, ahora que se cumplen veinte años de su reapertura.

Fotografía de Jesús Heredia Luque.
Fotografía de Jesús Heredia Luque.

La ópera ha pasado sucesivamente de ser un espectáculo popular en sus inicios a pertenecer a las clases altas durante buena parte del siglo XX. Por suerte hace ya tiempo que está volviendo a sus orígenes y está dejando caer ese velo de elitismo que la acompañaba, por razones a veces con base tecnológica: la difusión de grabaciones de audio y vídeo y los espectaculares montajes que son ahora posibles, además de la popularización de grandes estrellas del canto y el apoyo que –hasta hace poco– se daba a las producciones líricas desde las instituciones públicas y el patrocinio privado han vuelto a hacer populares las grandes historias cantadas.

Casi todos podemos tararear ahora alguna de las arias que se han ido haciendo conocidas más a fuerza de la popularidad de sus intérpretes que de la de sus compositores. Hay ejemplos evidentes –y hay muchos otros– como Nessum Dorma interpretada por Luciano Pavarotti o Mio Babbino Caro interpretada por María Callas, que han pasado a formar parte de la música popular, aunque sean menos quienes sepan localizarlas respectivamente en las óperas TurandotGianni Schicchi de Giacomo Puccini; el gran maestro que junto a Giuseppe Verdi encabezan con sus obras la lista de títulos más representados del repertorio.

Volviendo a esa mano invisible: la fotografía está tomada durante los ensayos de la última ópera estrenada en el Teatro Villamarta: un programa doble formado por Pagliacci de Ruggero Leoncavallo y Cavallería Rusticana de Pietro Mascagni, que suelen representarse en la misma función debido a su corta extensión. Dos semanas haciendo fotografías de los preparativos de un espectáculo magnífico, y conociendo a muchas de las personas representadas por esa mano iluminada en la oscuridad por uno de los focos de escena. Las personas sin cuyo trabajo e ilusión la ópera en este apartado rincón el sur no sería posible.

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