Manolo Mesa: pintar el miedo en París

Las ciudades tienen piel como hay personas que solo ven muros entre las personas. Un día, el color o la textura de esos muros ofenden el corazón intoxicado de alguien y de repente estallan cascotes de fuego, corren ríos de sangre y el aire huele a perfume quemado y a pólvora.

“Me llamo Manolo Mesa, nací en El Puerto a finales de los ochenta, soy artista urbano y desde hace ya casi tres años trabajo con un grupo de personas de París, que forman un colectivo llamado PDP: una galería nómada que organiza exposiciones colectivas donde establecer campamentos base para conectar con la gente”.

Manolo Mesa trabajando en una de sus obras.
Manolo Mesa trabajando en una de sus obras.

La normalidad vuelve poco a poco a las calles de París, dicen los noticiarios, que trata de remontar los ataques del viernes más oscuro de su historia reciente. La gran capital recorrida de nuevo por turistas hambrientos de imágenes, sedientos de impresiones. París recupera el sentido insuflando aliento a sus principales puntos emblemáticos, esos que luego tomarán forma de imanes en los frigoríficos y de torres parpadeantes en las estanterías. “La noche del viernes trece, iba camino al Barrio 11, donde me encontraría por primera vez con una chica de El Puerto para ver el concierto de unos amigos comunes. Por fortuna, ese local no estaba en el lugar de los atentados, sino al final de una de las barriadas abatidas. Pero al querer bajar en una de las paradas próximas a la zona de Republique entraron corriendo dos chicas asustadas que se apresuraron a advertirnos que no saliéremos, que estaban cerrando las paradas de metro de la zona y que habían escuchado tiroteos. Minutos después, preocupados y extrañados por lo que dijeron, empezamos a recibir mensajes de gente preguntando dónde estábamos y pidiéndonos que corriéramos a nuestras casas y no nos moviésemos de allí”.
Han vuelto los viajeros, los visitantes, y con ellos han regresado las colas, los selfies y las fotos de toda la vida. Bien es cierto que la afluencia no se parece a esos habituales oleajes que hacen imposible avanzar por algunas de sus arterias, pero la gente está recuperando la calle; en parte gracias al importantísimo despliegue policial que vigila todas las zonas, en especial las que congregan mayor número de curiosos. “Empezamos a alarmarnos; todo el mundo caminaba muy rápido; había poca gente. Encontramos abierto el bar de un amigo y allí nos resguardamos hasta que la cosa se tranquilizara. Dentro había de todo: gente que bebía, gente que lloraba, gente muy preocupada escuchando la radio, y ahí fue cuando empezamos a saber lo que ocurría realmente: por algunas calles unos locos disparaban indiscriminadamente”.

Uno de los murales del artista portuense.
Uno de los murales del artista portuense.

La villa parisina continuará en situación de estado de urgencia durante tres meses más, lo cual no significa que haya toque de queda: se puede pasear como siempre; aunque, eso sí, esto significará acostumbrarse a una mayor presencia policial. Pero ni esa presencia se notará demasiado, afirman los que mandan, ni los controles, salvo en lugares muy concretos, serán muy exhaustivos. Figuras armadas apostadas en las esquinas y estaciones de metro de toda la ciudad eran ya habituales desde que en enero se declaró la alerta de atentado y se puso en marcha el plan de seguridad Vigipirate tras el ataque contra Charlie Hebdo. “Al salir a la calle, cuando se normalizó algo la situación, no había nadie, apenas circulación, pocos taxis, casi todo cortado, acordonado, y nos hospedó una amiga  que vivía en Bellebille, porque era imposible llegar a nuestras casas. Noche extraña, sentimientos fuertes de desolación, impotencia. Al día siguiente, fui directamente a visitar a mis amigos, y al ver las noticias y saber que en ese momento pudieron haber estado allí algunos de ellos…”.

El estado de urgencia en París comprende diversas medidas de seguridad pública, que vienen a incrementar, aún más, los controles fronterizos que ya habían sido reforzados con ocasión de la Conferencia sobre el Cambio Climático. La noche del jueves diecinueve de noviembre se encendieron las luces de Navidad. Como cada año, los tradicionales destellos que alegran las fiestas ya engalanan la avenida Campos Elíseos, visten los monumentos típicos y alumbran los  mercadillos navideños. “El mismo domingo 14, por necesidad de expresarme, tomé mis pinceles y comencé mi vuelta al trabajo, quería que toda aquella rabia fluyera a través de mi pintura. Creo en un arte que sirva para unir, que pueda convivir con todas las personas, todas las clases, todos los credos. Mi futuro en los dos próximos años esta en Paris, una de las capitales mundiales del arte urbano. Uno de los proyectos que más me ilusionan es mi primera exposición en esta ciudad llena de muros como cuerpos que quieren ser pintados”.

Autor

  • Ángel Mendoza

    Ángel Mendoza (El Puerto de Santa María, 1969), maestro y pedagogo, ha publicado, entre otros, los libros de poemas 'Pequeñas posesiones', 'Horario de invierno' y 'La luz de hoy' y la colección de relatos 'Huellas de elefante'. Como crítico literario colabora en diferentes publicaciones periódicas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *