Mamá, me cuelo a comer

Mamá, que me cuelo a comer. Claro, ya nos apañamos!! Y con media hora de preaviso planta tu madre comida para cinco donde solo iba a comer ella. Pero si nada más que tenía media lechuga, dos papas y tres huevos en la nevera!! Ah, y harina y una tarrina de bacalao desmigao. Eso se le quita el perejil al San Pancracio y salen dos docenas de tortillitas de momento. Y así un día con un hijo y la nuera, al siguiente con dos hijas, y pasao, que si te quedas con mis niños que trabajo de tarde. Pero eso sí, te lo digo a las dos menos cuarto, que no tengo toda la mañana para acordarme de llamarte, que tengo muchas cosas en la cabeza…

Y cuando te sientas y miras la mesa que te pone, parece la «última cena». Que siempre te ve delgao, una alegría que te llevas. El plato de papas fritas que te comes en casa de tu madre es de los que desaconsejan nueve de cada diez nutricionistas pero que se lo comen igual cuando van a casa de sus madres. La fuente de gazpacho con media bolsa de hielo, que así se multiplica para todo el mundo. Nunca conseguiré sacar la cantidad de masa de croquetas del puchero que saca mi madre, haciéndolo, como lo hago, con las cantidades que ella me da en su receta. Medio vaso de harina, uno de leche, uno de caldo, la carne del puchero picaíta y perejil. ¿Y no lleva sal Mamá? Claro que lleva, un puñaíto. ¿Y cuánto tiempo moviendo la masa? Hasta que se despegue de la sarten.

Mamá, se ha acabado la leche!! Pues ya hay que comprar otra. Mamá, pero hay que comprarla cuando te quede todavía un tetrabrick!! Anda, llégate en un salto a casa de Miguel. Y te traes huevos, que solo queda uno. No hables de huevos que está la cosa que arde…¿No te has enterado de lo que ha pasado en Cádiz? Como que yo no como tortilla en la calle, ni mayonesa, ni caracoles. Que nunca están limpios del todo. Con los lavaos que yo les pego…

Mamá, ¿para los garbanzos con acelgas ponías los garbanzos antes? Sí, y échalos con el agua caliente, que si no se endurecen. Pero si los garbanzos son de bote lo echas todo junto y el majaíto al final. Y una mijita de tomate frito, para darle consistencia. Y le quitas caldo, que es mejor que queden sequitos.

Y así, como si lo estuviera viendo, repito siempre su curso de cocina, su curso de vida. Sabiendo que hay sabores que no volveré a probar porque hay ingredientes que no se pueden comprar.

Autor

  • Íñigo Blanco Alegre

    Soy cocinero doméstico por obligación y devoción a partes desiguales según me coja el día…y Físico de formación, así que esto tratará del qué, el cuándo, el cómo y el dónde, e incluso el porqué, de la cocina. Por cierto, estoy en www.CocinoAConCiencia.com.

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