La gente no existe. Laura Ferrero. Alfaguara. Barcelona, 2022. 205 pp.
Aunque a su muerte en 1904 Antón Chéjov era considerado un autor menor, eclipsado por las grandes figuras de la literatura rusa del XIX como Tolstoi o Dostoievski, su importancia ha crecido con el paso de los años hasta ocupar un lugar preeminente en la historia de la literatura. Sin él no se conciben autores como Sherwood Andersen, Stephen Crane, Ernest Hemingway, Norman Mailer, J.D. Salinger ni, por supuesto, Raymond Carver, el gran cuentista del siglo XX, a quien a menudo se ha llamado “el Chéjov americano”. Porque, efectivamente, en sus cerca de mil cuentos Chéjov renovó el género de la narrativa breve, derivándolo hacia temas y personajes cotidianos, modificando las estructuras tradicionales e introduciendo el uso de un lenguaje sencillo, contenido y preciso para explorar los recovecos de la naturaleza humana.
Los cuentos de La gente no existe, de Laura Ferrero (Barcelona, 1984), beben de los mismos postulados estéticos: retratan situaciones comunes y personajes que nada tienen de extraordinarios aparte de su propia individualidad. Para hablarnos de unas y de otros su autora recurre a la concisión, a la belleza de lo simple, a la profundidad de lo que se insinúa sin llegar a explicitarse. Se aprecia en estos diecisiete relatos la influencia innegable de Raymond Carver (el cual aparece incluso mencionado al principio del cuento Una trenza: “No importa qué estés haciendo, las malas noticias te pillan siempre a trasmano. Si estás en una película o en un relato de Carver, sonará el teléfono en medio de la quietud de la noche.”). Sin embargo, en el enfoque de los temas Laura Ferrero se aleja de lo que se ha llamado el “realismo sucio” del escritor norteamericano, cuyos cuentos suelen ser fotografías implacables de personas atrapadas en la banalidad de sus tragedias cotidianas, para adoptar la mirada de Chéjov, cargada de humanidad y compasión por el sufrimiento ajeno.
Mientras nos muestran parcelas de sus vidas, los personajes de La gente no existe transitan por escenarios diversos: un hospital, un viaje a un país más o menos remoto, una fiesta en el jardín de una residencia familiar, una boda, un bloque de pisos, las calles de Madrid o Barcelona. Predominan los femeninos y la narración en primera persona. Los temas abarcan la soledad, la vejez, la incomunicación, el desconcierto ante los propios sentimientos o la negación de los mismos, la enfermedad, el maltrato psicológico, la familia tóxica y la familia que reconforta. En esta amalgama, el dolor queda redimido por la empatía con la que Laura Ferrero contempla el sufrimiento de sus personajes, que se implican, queriendo o sin querer, con aquellos que forman parte de sus vidas. Generalmente, la anécdota sirve para diseccionar un sentimiento: el amor de una nieta adulta a sus abuelos, ya muy mayores; el miedo de un padre por su hijo recién nacido que lucha por su vida en una incubadora; la nostalgia de un hombre que acude a la boda de su mejor amiga, a la que no ha tenido el valor de confesar su amor; el dolor de un médico traumatizado por la muerte de un desconocido en un accidente; el deseo de cuidar en una niña que se siente obligada a proteger a su madre…
Las relaciones sexuales o románticas, a las que tan a menudo se recurre como la panacea de todos los males, no figuran en la lista de consuelos. Solo en el caso de algunos personajes secundarios se nos muestra la imagen de un matrimonio felizmente avenido, mientras que, por el contrario, abundan las descripciones de mujeres que abandonan o han abandonado a sus parejas en rupturas elegidas por ellas, pero igualmente dolorosas, y en las que con frecuencia manifiestan el no saber por qué lo han hecho, como si a la necesidad de amar se superpusiera el miedo a ser amado. A este respecto resulta significativo el cuento «Verano 2017», en el que la narradora, una mujer joven que no encuentra su lugar en el mundo, se compara con Frida, la niña huérfana protagonista de la película Verano 1993. El relato termina con la siguiente reflexión: “A Frida creo que lo que le ocurre es que se piensa que todos van a abandonarla y por eso decide marcharse. O no. Quizás lo que le ocurre es que tiene miedo de no saber corresponder a los que le dan una casa, a los que la quieren. Así, dinamita lo que tiene para escoger ella su camino. Para que la dejen de querer cuando ella decida. Por eso, al final de la película, llora por única vez: porque entiende que no van a hacerlo. Porque puede intentar irse de casa, estar enfadada, gritar, abandonarlos en medio de la noche. Pero no, no lo harán. No se irán. Es aterrador saber que puedes volver, que te quieren de esa manera, incondicionalmente”.
Además de La gente no existe, Laura Ferrero es autora de Piscinas vacías (su primer libro de relatos), de las novelas Qué vas a hacer con el resto de tu vida y Los astronautas, del libro ilustrado El amor después del amor en colaboración con Marc Pallarès, y del guión de la película Un amor, basado en la novela de Sara Mesa. Asimismo, escribe habitualmente en prensa y participa en programas de radio.
Hay libros que nos regalan belleza, ternura y luz a partes iguales. La gente no existe es uno de ellos. Si quieren historias que narren lo íntimo, si buscan emoción sin impostura, si desean que al terminar cada relato les quede la sensación de que, a pesar de todo, la vida merece la pena, léanlo. No se arrepentirán.


