La Venus Capitolina y el destape de Margarita

La delicada izquierda europea se echó las manos a la cabeza, el año pasado, con la decisión tomada por las autoridades italianas ante la visita a Roma de Hasan Rohani, Presidente de Irán: tapar las estatuas desnudas que decoran el Capitolio. Al parecer la proverbial hospitalidad italiana y un exceso de celo en mostrar respeto hacia la cultura del visitante llevaron a tomar tales medidas. El caso es que durante unos días la Venus Capitolina (siglo II a.C.) y el resto de los desnudos que decoran el Capitolio estuvieron ocultos tras paneles y que a tal deferencia hacia el invitado se sumaron otras, como la de evitar el alcohol en la mesa durante la cena oficial.

Venus capitolina.

Venus Capitolina.

La delicada izquierda europea comete con frecuencia este tipo de paternalismos, llegándose a parecer a veces a esos padres y madres de adolescentes que solo beben fuera de casa y que juran solemnemente que sus hijos no prueban el alcohol pues ellos, muy responsablemente, se ocupan de olerle el aliento cuando regresan al hogar de madrugada.

La delicada  izquierda española tuvo un comportamiento similar durante el período previo a las elecciones del 20D y coincidiendo con la celebración, el 25 de noviembre, del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En ese tiempo, colgó de las sedes del PSOE un cartel alusivo protagonizado por la célebre escena de la bofetada de Gilda (1946), ese castigo que Glenn Ford le aplica a Margarita Carmen Cansino (Rita Hayworth para el cine) justo después de que ella interprete “Put the blame on Mame y se quite sensualmente su larguísimo guante negro.

Como ya sabemos, nuestra poco delicada Dictadura censuró el destape de Gilda, realmente censuró a Gilda por completo, amenazando de excomunión a todo aquel que se atreviera a ver el film. Ante el cartel de la bofetada (cuyo lema rezaba “Esto no es una película”) tuve la sensación de estar ante la segunda censura de Gilda, la censura de la delicada izquierda, que esta vez se rasgaba las vestiduras ante una escena que interpretaba como realidad…

Estimados políticos: Gilda es ficción; cuenta la historia de una mujer que procura hacer lo que le da la gana, ser libre en suma (¿no se trata de eso?) y de un hombre aventurero y tramposo que se siente humillado. Las mujeres reales, para no sufrir el acoso y la violencia de los hombres (o de otras mujeres más poderosas, que de todo hay) necesitamos leyes hechas y aplicadas en libertad, no cuentos paternalistas que nos advierten que no hay que quitarse el guante mientras bailamos y cantamos. Queremos aprender de Margarita Cansino a mover las caderas al son del cha-cha-cha de “Amado mío” y si Glenn Ford, algún otro o alguna otra se enfurece con eso, es su problema.

Evitar a Hasan Rohani la contemplación del desnudo de la Venus Capitolina es tan casposo como evitarnos a las mujeres la contemplación de Gilda: de Rita, de la canción, del destape y de la bofetada. “Para bailar me quito la capa / para bailar la capa quitar / yo no puedo bailar con la capa / yo sin la capa no puedo bailar” dice la adivinanza popular. La respuesta es la peonza, y así va nuestra moral, la moral que tratan de imponernos desde la delicada izquierda, dando vueltas, cambiante, arbitraria, como las peonzas.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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2 Comentarios

  1. Juan Pablo Maldonado García

    Cuánta razón, María Jesús. Nuestra “delicada” izquierda, a la que yo suelo calificar de “izquierda despistada”, de tan delicada y despistada la verdad es que ya no es ni izquierda, sino que muchas veces es decididamente puritana y por tanto, reaccionaria.

    Una veces se despista con sus bobadas puritanas de lo políticamente correcto; o tras veces con sus casposas simpatías hacia todo tipo de costumbres rancias; otras veces con sus demenciales simpatías hacia los regímenes totalitarios de una falsa “izquierda” (lo más opuesto a los verdaderos principios izquierdistas basados en la plenitud de todo tipo de derechos y libertades); otras veces se despista simpatizando con ideologías esencialmente retrógradas como son todas la patrioteras y nacionalistas; a veces se despista hasta niveles infames cuando se vuelve “tolerata” con los peores oscurantismos fundamentalistas, como los de estirpe islámica…

    Y lo malo es que abandona causas propiamente laicistas, liberales y democráticas de la izquierda verdadera y, por desgracia, se las deja en bandeja a la peor derechona…

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