La maleta de Josefina

El primer exilio es el de la infancia. “Las fronteras de la infancia coinciden con las del verano” (Caballero Bonald). El siguiente exilio es el de la patria –idioma y paisaje–. La memoria del exiliado se congela en una manera de hablar y en una mirada sobre el paisaje perdido que se desvincula de aquel paisaje que lo vio nacer a medida que pasa el tiempo. La infancia de los Niños de la Guerra se despeñó por estos dos exilios.

Entre 1937 y 1938 cerca de tres mil niños españoles fueron evacuados a la Unión Soviética en campañas organizadas por el gobierno republicano, que así intentaba alejarlos de los bombardeos, las represalias políticas de los sublevados y la desnutrición cada vez más acuciante que los amenazaba. Las campañas de evacuación fueron organizadas por el Ministerio de Instrucción Pública, que desde 1931 había asumido la tarea de una profunda reforma pedagógica que quedó frustrada por la guerra civil. El entonces responsable de este Ministerio, Jesús Hernández, escribiría al respecto: “Cuando la guerra comenzó a agravarse en el norte de España, la URSS nos hizo la oferta de estar dispuesta a recibir a unos cuantos millares de hijos de combatientes para salvarles de los horrores de los bombardeos y para educarles convenientemente. Yo era entonces Ministro de Educación Pública y organicé la salida de varias expediciones de niños de ambos sexos, haciéndoles acompañar de profesores españoles para facilitar la educación en el propio idioma. Estaba convencido de que era una verdadera suerte la de aquellos niños, tanto al alejarles de los riesgos de la guerra civil como de poder ser educados en el país del socialismo”.

Casi la mitad de estos niños nunca volvieron, hubo algunos que intentaron el regreso pero se encontraron con un país que no los acogía, que no valoraba su formación humanista y científica y que no tenía lugar para ellos porque –embriagado por el repentino bienestar económico y por las armas de destrucción masiva del amigo americano- se había desmemoriado por completo.

Niños exiliados de la Guerra Civil española.
Niños exiliados de la Guerra Civil Española.

Los niños que eternizaron su exilio en Rusia se siguen reuniendo en un piso de una céntrica calle de Moscú. Octogenarios y nonagenarios, se comunican en un castellano diverso, cada uno con el acento congelado de la aldea en que nacieron, y mantienen una asombrosa memoria de su infancia. Tienen maridos y esposas rusos, hijos rusos, y un corazón apuñalado por el regreso imposible. Culpan de su tristeza tanto a la dictadura de Franco como al gobierno de la Unión Soviética y al PCUS, de quienes muchos se sintieron rehenes políticos, y dedican el mejor recuerdo de sus primeros inviernos rusos a sus maestros republicanos, casi un centenar de maestros que los acompañaron en aquel viaje solo de ida y que procuraron que su idioma no se deshilachara entre el alfabeto cirílico: “Las clases principalmente eran en español, yo no recuerdo en aquella época que fuera en ruso alguna asignatura, eso ya más tarde. Tenía de maestra a Concha Bello, que era de verdad bella, bellísima. Estudiábamos los libros que habían preparado para los niños españoles, estupendamente, de poetas, poesías de Rafael Alberti y un texto de Mª Teresa León, me acuerdo muy bien. Tenía otra maestra, muy bonita también, Mary Suárez”.

Conocí a Josefina Iturrarán en la primavera moscovita de 2008. Bilbaína nacida en 1925, Josefina había sido evacuada a la Unión Soviética en 1937, ya con sus padres desaparecidos por los horrores de la Guerra Civil. Me entregó una maleta con veinticuatro libros, los libros escolares de su infancia, y me pidió que los llevara de vuelta a España ya que ella nunca regresaría. En la maleta de Josefina hay novelas de Cervantes, de Pérez Galdós, de Pereda, Blasco Ibáñez y Emilia Pardo Bazán; poesías de Antonio Machado, García Lorca (“asesinado salvajemente en su querida Granada por los fascistas…”) y José Martí (“gran revolucionario y demócrata cubano”); repertorios de canciones, romances y cuentos de tradición oral; y algunos textos eminentemente políticos (de Dolores Ibarruri, del Ché Guevara) encaminados a formar los futuros ciudadanos socialistas que habrían de regresar a España y emprender la regeneración de su país. Traje la maleta, pero cuando la abro muchos siguen viéndola como una caja de truenos.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

One thought on “La maleta de Josefina

  1. Me emociona el saberte portadora del legado de Josefina Iturrán. Más aún cuando esa maleta la abres, como ahora. Graciela Pelegrin

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