“Francisco va a crear una dinastía de papas del Tercer Mundo, de Asia, de África y de América Latina”. Eso ha dicho Leonardo Boff –teólogo y principal referente de la Teología de la Liberación–, entusiasmado por las veleidades teológico-liberadoras del Papa, esperanzado ante la “destrucción de la estructura esencial romanocéntrica” que, a su juicio, está poniendo en marcha Bergoglio. A la vista de tales declaraciones, me temo que he de avisar a los creyentes: a la empleada que alquila las audioguías turísticas en la Mezquita-Catedral de Córdoba no le gusta el Papa Francisco. Y ahora paso a explicarme.
No es posible comprar online entradas para la Mezquita por lo que, cuando hace unas pocas semanas visité Córdoba con un grupo de alumnos, nos dirigimos directamente a la taquilla teniendo en cuenta el horario de visitas que figuraba en el panel de entrada del edificio: “domingos: de 9:30 a 11:30”. Daban entonces las 10:30 pero la taquilla ya estaba cerrada y el acceso era naturalmente imposible. Me quejé amablemente ante la empleada del alquiler de audioguías, argumenté que eso no constaba en la información de la puerta y pedí la hoja de reclamaciones. La empleada se negó a recoger la hoja de reclamaciones y me vociferó que la información sí que estaba en la web y que las personas que –como yo– no consultan la web son sencillamente “tercermundistas”. A eso me refería.

Bien, en el mismo orden de cosas debo decir en descargo de la Iglesia que los responsables de las visitas al Oratorio San Felipe Neri de Cádiz sí que evidencian un manifiesto apego por el Tercer Mundo: en los tiques de entrada al edificio no figura el precio (por lo que resulta imposible justificar una visita académica) y, sobre todo, la persona a la que obligatoriamente han de escuchar los alumnos de primaria y secundaria que hacen la visita tiene un discurso críptico, farragoso, errático y exclusivamente cristiano, inadecuado, cuando menos, para explicar un recinto con tanto significado constitucional (laico) y para hacerlo ante un grupo de niños.
Las declaraciones de Leonardo Boff a las que hacía referencia se extienden en detallar que Bergoglio ha emprendido una regeneración desde su gobierno en la que se aprecia una mayor consideración para mujeres y laicos, “hasta ahora invisibilizados por la Iglesia”; añade además que el Papa actual está haciendo frente al añejo “modelo doctrinario, con los dogmas del derecho canónico”, oponiéndole un nuevo modelo, “el del Pueblo de Dios, una iglesia que respeta la falibilidad del ser humano”, pues “la Iglesia tiene que aprender a leer el signo de los tiempos”.
Tanta clarividencia resulta contradictoria con ejemplos como el de la Mezquita o el Oratorio de San Felipe (y podría aportar unos cuantos más), espacios cuyo valor patrimonial descansa en mayor medida sobre su significado histórico y pagano y cuya altísima afluencia turística (y consecuente rentabilidad económica) se debe precisamente a estos valores, y no al hecho de ser templos cristianos. Prohibida la entrada a la Mezquita en horario de culto, disimulado el hecho de que en el Oratorio gaditano se promulgó la Constitución de 1812… Qué quieren que les diga: a mí todo esto me parece tercermundista. A qué va a llevar razón Leonardo Boff…

