La corrupción mata la democracia

Decía el otro día Almudena Grandes en un artículo que en este país nadie tenía ya palabra de honor ni se respetaba la dignidad de los compromisos solemnes. Decía que eso lo aprendió en su familia. Yo también lo aprendí en la mía. Crecí escuchando que no debía faltar a la verdad ni a la palabra dada. “Las mentira tiene las patas muy cortas. Y cuando te descubran, no solo perderás el respeto de los demás, sino tu dignidad como persona”, —me repetían. Y la dignidad, en una familia de vencidos como la mía, era el último baluarte en el que resistir para no perder la identidad. 

Si mis antepasados levantaran la cabeza, volvían a morirse de ver la realidad actual: políticos que en su decálogo de gobierno tienen a la corrupción como un principio más sin que ello le pase factura en las urnas; empresarios que defraudan sistemáticamente en la contratación de los trabajadores y trabajadoras amparados por una Reforma Laboral que, según la propia ONU atenta contra los más elementales derechos laborales y humanos; futbolistas y clubes que defraudan millones a Hacienda, y no por ello son cuestionados por los aficionados que siguen considerándolos verdaderos ídolos; instituciones públicas como la universidad, que debiera ser ejemplo de moral, regalando títulos a ciertos personajes, mientras paga a sus investigadores y docentes cinco euros la hora; famosos incluidos en los papeles de Panamá o del Paraíso a los que les sale prácticamente gratis el pillaje: apenas han de pagar el coste de salir unos días en la prensa, lo justo hasta que el siguiente escándalo los devuelve al olvido.

Viendo esta degradación moral del país que, lamentablemente no es nueva, —desde los albores de la democracia ha habido más de 175 tramas corruptas de las cuales 126 afectan solo al PP y al PSOE—, me pregunto: ¿De verdad pasa factura ser deshonesto? ¿Qué les pasa a los mentirosos, a los corruptos, a los defraudadores? ¿Qué hacemos con estos casos más allá de volcar las iras en redes sociales o en la barra de un bar con una cerveza en la mano? ¿Tan grande, e insensible, tenemos el estómago que nada nos sirve de revulsivo para cambiar una realidad que nos está costando a los españoles unos 90.000 millones al año según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia?

Corromper, según la RAE es “el cambio por el cual es destruida una sustancia. Echar a perder. Pudrir”. Creo que estamos ante una verdadera emergencia social: se nos está pudriendo la democracia víctima de la corrupción institucional que se filtra por las más pequeñas grietas del tejido social. Y, aunque a algunos políticos esta democracia de baja intensidad les parezca una oportunidad de seguir manteniendo sus corruptelas, a la larga, incluso a ellos les perjudica. Porque la corrupción nos puede abocar a una peligrosa situación de ingobernabilidad al no ser reconocida la legitimidad de un gobierno por tener minada su credibilidad y su representatividad.

Lejos quedan los consejos de mi familia, y los de la de Almudena Grandes. Lejos, la esperanza de regeneración política y social que traería la democracia, esa a la que contribuyeron con sus vidas y privación de libertad miles de personas honestas. Cerca, la cultura del pelotazo de los años noventa que instauró el modelo del triunfador al precio que fuera, sin más valores que el enriquecimiento rápido, propio o del partido o institución que representara.

Tenemos que hacer algo como sociedad porque la corrupción no desaparece por sí sola. Hay que combatirla en todas sus manifestaciones, porque como dijo Joan Báez: “Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”. Por ello, es urgente sacar la basura a la calle. A cualquier hora. Que me perdone el señor alcalde, pero, en esta ocasión, sin respetar los horarios de recogida.

Alicia Domínguez

Autor/a: Alicia Domínguez

Gaditana nacida en Madrid. Doctora en Historia Moderna y Contemporánea por la UCA y Máster en Resolución de Conflictos y Mediación por la UOC. Autora de 'El Verano que trajo un largo invierno' y 'Viaje al centro de mis mujeres' Colaboradora de la plataforma Woman Soul's y articulista en La Voz del Sur.

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