En su camerino, bien organizada, su ropa para el espectáculo; y sobre una mesa, varios documentos y guiones, uno de ellos el de la serie Velvet. Incombustible. Admirable. Y en plena forma. Nos acompañaba de fondo el violonchelo de Aurora Martínez, que continuaba ensayando mientras nosotros hablábamos con uno de los actores más enormes que ha dado este país. Más de un centenar de películas. Todos los géneros teatrales, todos los registros. Y es que no hay nada que añadir, sin repetirse, sobre José Sacristán.
Como todos los que son grandes, se acercó, y lo sentimos como es: sencillo, normal, amable, dispuesto a conversar de poesía y de lo que surgiera en un rato de desconexión, previo a su trabajo en el escenario.
Caminando con Antonio Machado es un recital que recorre la vida del poeta a través de poemas escogidos de toda su obra y que conforman una impecable dramaturgia que, en todo momento, atrapa al público que reconoce cada verso. Don Antonio revive y se engrandece más, si cabe, en la voz del actor.
¿Por qué Don Antonio?
Porque es un poeta inmenso. Es el referente moral y ético de un tiempo que prevalece. El testimonio o la crónica de todo lo que le tocó vivir a él, como a toda su quinta. Cómo lo vivió, cómo lo contó, lo convierten en el referente moral y ético. Todo sigue vigente.
Machado es el gran poeta, el maestro, y el hombre al que seguir, al que escuchar. Machado es la hostia, por resumirlo de una manera clara.

¿Cómo lo recibe el público? ¿Qué sensaciones llegan desde el patio de butacas?
Pasa una cosa con Machado que va más allá de la cultura, de la poesía. Él está “ahí al lado”, es el hombre, el ser humano, tanto cuando habla de sí mismo, como cuando habla de los demás. Es acojonante lo que ocurre con Machado.
Su mirada sobre la condición humana, no deja a nadie indiferente. Es un valor añadido. Y eso lo vive el público, y se transmite, y se vive. Es curioso observar que los versos, invitan, además de al disfrute, a la reflexión sobre temas que nos afectan a todos como el amor, la muerte, el sufrimiento
Las sensaciones son muchas. Y este montaje es un capricho. Es un homenaje a su poesía, y a su vida.
Comenzamos Judith Jáuregui y yo. Ella al piano, yo, a los poemas. Y ahora es Aurora Martínez quien me acompaña. La música. La poesía. Machado. Es un disfrute, y es terapéutico, al menos para mí.
En ese momento, interrumpe la conversación y nos enseña el periódico del día, donde aparecen publicadas dos noticias a toda página, en la sección de Cultura, una junto a la otra, con sendos titulares que rezan así:
“Componer es, a veces, como un acto de liberación, una terapia», refiriéndose al músico Adrian Pitts, y «Escuchar los versos de Antonio Machado es, hoy en día, terapéutico», como titular de la entrevista realizada al actor con motivo de la representación en Puerto Real.
“¿Qué curioso, verdad?”, nos pregunta.
Cierto. Quizás la poesía sea difícil, hoy día, para según qué público. Pero en estos tiempos no deja de ser terapéutica, también. ¿Qué opina al respecto?
No seamos ilusos. No nos engañemos. La poesía no ha sido nunca moneda de cambio. No es el fútbol. Siempre ha sido un territorio por el que se han interesado menos de los que nos hubiera gustado. Sigue siendo así.
¿Tiene la gente un concepto equivocado de lo que es realmente la poesía?
No exactamente. Es más bien un problema de cultura, de educación. Está en los cimientos. Y es triste.
Y te digo más: hemos representado casi un año en Argentina, y allí, desde Misiones a Comodoro Rivadavia, hay más compromiso con la poesía. Está más cercano Machado a los argentinos que a los españoles. La gente en el teatro recita en voz baja los versos. Lo sé de primera mano, ya que mi mujer es quien controla las luces, y la mesa suele estar entre el público. No se improvisa esto. Y ahora, en la que estamos, con este ministro y este Gobierno… apaga y vámonos. Y no tiene visos de cambiar. Pero no hablemos de política.
Política y poesía, nada que ver.
La mirada del poeta y la del político son contrapuestas. Y además no sería bueno que los poetas se metieran a políticos…

Bueno, pero alguno hay..
Sí bueno, el candidato a la Comunidad de Madrid, Gabilondo, por ejemplo, es un tipo con una sensibilidad especial.
Y Luis García Montero…
¡Coño, Luisito! Es verdad. Que Dios le ampare. La que le ha caído a Luis es gorda.
Y volviendo a lo que nos ocupa, “Caminando con Antonio Machado”, ¿es otro reto conseguido?
Bueno, son muchos años ya. Alguna confianza tiene uno ya en lo que se propone hacer.
Al margen del disfrute como actor, está el compromiso como ciudadano de recuperar la voz de Machado y trasladársela hoy al personal. La sensación es la del deber cumplido.
El verdadero reto era armar la dramaturgia. Conociendo la obra de Machado, para el público es más fácil, y hay que añadir que si se conoce más es gracias a Serrat. El problema era escoger los poemas que encajaran, que encajan todos, en la propuesta, tratándose del camino de vuelta de Collioure a Sevilla. Debíamos pasar desde el Machado más político al más personal, y el más festivo, el más íntimo, el más descriptivo… hay material para mil espectáculos.
Luego, la parte musical. Al principio, como ya comentaba, el acompañamiento musical era más sinfónico, con Judith Jáuregui en el piano. Ahora, el violonchelo es más cercano a Machado. Había que hacer coincidir aquellas piezas de acuerdo con Aurora, con el esquema argumental de la obra.
Admirable e incombustible, con varias proyectos cinematográficos y televisivos.
Muchas gracias. Pues sí. No me quejo. Me siento satisfecho de seguir por aquí.
Estaré en el Festival de Cine de Málaga, en una mesa redonda a propósito de Fernando Fernán Gómez. Y luego me vuelvo porque empezamos a grabar la tercera entrega de Velvet.

