James Tissot y el más allá

James Tissot (1836-1902) constituye un magnífico ejemplo de aquellos pintores que se movían en los círculos del arte académico u oficial del siglo XIX, al servicio de una clientela compuesta por aristócratas y burgueses, y que reflejaba los gustos y valores de estos grupos. No fueron revolucionarios, ni siquiera innovadores, su arte es continuista, por eso durante mucho tiempo fueron ignorados e injustamente olvidados. En los últimos cuarenta años, superados ciertos prejuicios, muchos de ellos han sido rescatados del olvido y puestos en valor.

A Tissot el crítico Ruskin lo tachó en su momento de pintor victoriano que reflejaba en su pintura la vanidad de la burguesía; lo cual, aun siendo cierto, no resta un ápice de belleza a sus pinturas. Durante años, sus cuadros se vendieron casi a precio de saldo. En 1975, la sala londinense de subastas Christie’s vendió Ramo de lilas por la modesta suma de 7.000 libras. En esa misma sala, solo cinco años después, el mismo cuadro se cotizaba ya a 81.000 libras. En 1983, se pagó por Banco en el jardín, la suma de 561.000 libras, una cotización similar a la de cualquier impresionista en aquel momento.

‘Ramo de lilas’ de Tissot.

Tissot nació en Nantes, en 1836, en el seno de una familia acomodada, y su verdadero nombre era Jacques Joseph, aunque se lo cambió por James como una muestra de su admiración por Inglaterra. Su pintura, como ya hemos dicho, no es revolucionaria, pero sí que participa de la búsqueda de la modernidad, en tanto en cuanto que sus personajes, aún siendo burgueses y acomodados, son contemporáneos, hombres de su tiempo, como también lo son las actividades que realizan. Ese giro hacia la modernidad, que no tenía en sus primeras obras, se debió en gran parte a la amistad que le unía a pintores como Whistler o los impresionistas Manet y Degas, especialmente éste último, que hizo un precioso retrato de Tissot.

Su éxito fue bastante rápido y, desde 1859 hasta 1870, participó con asiduidad en el Salón en París y expuso en varias ocasiones en Londres, lo que le convirtió en un pintor conocido, apreciado y rico. Durante estos años define como será su estilo definitivo: luminosidad intensa, colores vivos, composición elegante y equilibrada, refinamiento en los detalles, y una atmósfera que se complace en envolver en un esteticismo muy marcado.

Sin embargo, tras la proclamación de la II República Francesa, y los sucesos de La Comuna de París, en los que parece que el pintor apoyó a los revolucionarios, su situación en Francia se volvió comprometida y decidió marchar hacia Inglaterra, completamente arruinado.

‘Una tormenta de paso’, otras de las obras de James Tissot.

En Londres, y valiéndose de la amistad con Whistler y los contactos que tenía en la ciudad, fue abriéndose camino poco a poco, primero como caricaturista para la revista Vanity Fair, y luego como pintor. Es ahora, en Inglaterra, entre 1871 y 1882, cuando Tissot realiza sus mejores obras. En ellos deja testimonio de la alta sociedad de su tiempo, de la distinguida sociedad victoriana. Sus cuadros son de una elegancia exquisita. Todo en ellos parece vaporoso y frágil, lo que les confiere un aire melancólico y reposado al mismo tiempo, tanto si la escena transcurre en un elegante salón, en una sala de conciertos o en cualquier actividad cotidiana sin mayor transcendencia.

En 1876, sin embargo, su suerte cambia. La férrea moral victoriana no puede ver con buenos ojos la relación que entonces mantiene con Kathleen Newton, una joven divorciada y madre de un hijo, con la que el pintor tendría otro. Profundamente enamorado de la joven, Tissot sacrifica por amor a ella a su propia clientela, que empieza a abandonarlo. La belleza de su amante ha quedado en multitud de cuadros de esta época, en la que fue su modelo.

En noviembre de 1882, con tan sólo 28 años y enferma de tuberculosis, muere Kathleen. Tissot no encuentra razones para continuar en Inglaterra y vuelve a Francia. Allí, su vida sufre una transformación espiritual y mística, y emprende el proyecto de ilustrar la Vida de Cristo, para lo que no dudará en viajar a Oriente Próximo, a Palestina, hasta en tres ocasiones (1886, 1889 y 1896), para documentarse in situ de los paisajes, de la luz, en busca de impregnar su obra de realismo. La obra tiene una gran acogida, tras lo cual, decide continuar con la ilustración del Antiguo Testamento, que dejaría inconcluso al sorprenderle la muerte en 1902.

Tissot nunca fue capaz de aceptar totalmente la pérdida de Kathleen y, desesperado, llegó a ponerse en manos de un médium para contactar con su amada. En aquellos años, especialmente en Francia e Inglaterra, se despertó un gran interés por lo sobrenatural, que se tradujo en el desarrollo del espiritismo, el ocultismo y las sociedades teosóficas.

La literatura de la época se hizo eco de esta moda, que trata de llegar allí donde no llega la ciencia. El escritor escocés Arthur Conan Doyle, por ejemplo, era un gran entusiasta del espiritismo, y creó el personaje literario del profesor Challenger, que podemos considerar como el contrapunto espiritista y fantástico del frío, académico y científico Sherlock Holmes, el otro gran personaje creado por Conan Doyle, y mucho más conocido. La aventura del profesor Challenger que mejor refleja las inquietudes y creencias espiritistas de Conan Doyle es, sin duda, El País de la niebla.

Tanto éste, como otros personajes literarios menos populares, intentan dar una apariencia científica a sus métodos de trabajo, y emplean cámaras fotográficas, explicaciones psicoanalíticas y ectoplasmáticas, campos de fuerza inducidos por electricidad, hipnosis, etcétera. Todo ello destinado a entrar, la mayor parte de las veces, en contacto con el más allá.

‘Voces interiores (ruinas)’ de James Tissot.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, esta moda caló en todo tipo de círculos sociales, y especialmente en los más selectos, lo que no deja de ser chocante. Ya hemos mencionado a Arthur Conan Doyle, pero la nómina de personajes importantes que creían en él es mucho mayor, y no sólo literatos, sino también científicos, como el propio Alfred Russell Wallace, cofundador de la teoría evolucionista con Darwin, quien llegó incluso a afirmar que “el espiritualismo moderno es una ciencia experimental”. Ideas parecidas mantuvieron el astrónomo francés Camille Flammarion, fundador de la Sociedad Astronómica Francesa, los físicos William Croques y Oliver Lodge, el matemático Augustus de Morgan, y hasta el primer ministro inglés William Gladstone, que fue miembro de la Society for Psychical Research. Afortunadamente, eran muchos más los que estaban totalmente en contra de la “ciencia espiritista”.

Quizá esta pequeña disgresión sirva para entender mejor lo que le ocurrió a Tissot. En 1885 conoció a uno de los más famosos médiums del momento, el inglés William Eglinton. Ilusionado con la idea de poder entrar en contacto con Kathleen, Tissot concertó una sesión con él el 20 de mayo de 1885, en la que estuvo convencido de que se apareció su esposa. Es el propio Conan Doyle quien nos narra el suceso del siguiente modo:

“En París, Eglinton encontró al famoso artista M. Tissot, con quien tuvo una sesión, visitándole luego en Inglaterra. Tissot ha inmortalizado en un cuadro titulado Aparición medianímica, una notable sesión de materialización, en la cual aparecieron dos figuras, una de las cuales era una señora, pariente del artista. El cuadro de Tissot, verdaderamente hermoso, una de cuyas copias está expuesta en el domicilio de la Alianza Espiritista, de Londres, muestra a las dos figuras iluminadas por las luces sobrenaturales que llevan en las manos. Tissot ejecutó además un retrato del médium, que ilustra la portada del libro de Farmer, Entre dos mundos“. (A. Conan Doyle, Historia del espiritismo).

Sin embargo, no fue este el único caso de contacto extrasensorial o sobrenatural que tuvo James Tissot, ya que en otra ocasión, y ese mismo año, durante una misa en la iglesia de Saint-Sulpice, en París, tuvo también una visión sobrenatural , en la que parece que vio al propio Cristo, y que luego trasladó también al lienzo, en la obra Voces interiores (ruinas).

En fin, no digo más, pero eu non creo nas meigas, pero habelas hailas.

Imagen de portada: Dama joven en un bote de James Tissot.
Gonzalo Durán

Autor/a: Gonzalo Durán

Gonzalo Durán es profesor. Desde hace varios años se dedica a la divulgación del arte a través del blog 'Línea Serpentinata' y colaboraciones en diferentes medios de comunicación.

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