Higinia

En el verano de 1890 se llevó a cabo una de las últimas ejecuciones a garrote vil de una mujer. Fue en Madrid, en el patio de la antigua Cárcel Modelo, y acudió a presenciarlo una multitud: curiosos, periodistas y algunos intelectuales como Pío Baroja (que dejó testimonio de ello en sus memorias) y Emilia Pardo Bazán. La ejecutada era Higinia Balaguer, acusada dos años antes del asesinato de una viuda adinerada a la que servía como criada, y protagonista desde entonces de un largo proceso judicial que tuvo en vilo a todo el país, pendiente a diario de las novedades que periódicos y ciegos copleros iban dando sobre el famoso Crimen de Fuencarral.

No acudió a la ejecución Benito Pérez Galdós quien, sin embargo, había seguido muy de cerca el juicio, llegándose a entrevistar más de una vez con Higinia y llegando a publicar dos novelas basadas en el caso, La incógnita y Realidad. Galdós, por entonces, publicaba crónicas en un periódico bonaerense, La Prensa, al que hizo llegar sus retratos a lápiz de Higinia Balaguer, su inquietud por el doble proceso (el de los jueces y el de la calle) y también su admiración por la mujer ágrafa y desheredada pero de innato talento que, en sucesivas declaraciones, confundió a todos con sucesivas mentiras, bien sostenidas por ese “arte de novelar” que en algún momento hizo exclamar al escritor: “¡Qué gran actriz!”.

La verdad es que el caso tenía todos los mejores ingredientes folletinescos. Se acusaba a una criada analfabeta de cometer un premeditado crimen del que resultaban más que sospechosos el hijo de la asesinada, el «Gallo Varela», y su amigo cómplice, José Millán Astray (director de la Cárcel Modelo y padre del que sería más tarde fundador de la legión); sucedía todo en un clima de ardiente agitación política y social (fundación del PSOE, comienzos del movimiento anarquista…) que llevó a la opinión popular a reclamar desde el principio la culpabilidad de los finalmente exculpados (Varela y Millán Astray); los relatos de Higinia (al menos a juicio de Galdós) hacían sospechar una relación amorosa –y desigual– entre la criada y el señorito (“La mujer más criminal y empedernida es capaz de inmolarse sola antes que delatar al hombre que ama”); Higinia, en fin, representaba en aquellas circunstancias una heroicidad popular, una epifanía callejera y un martirologio que, de algún modo, culminó con su muerte pública y con la extravagante leyenda de que había llegado a resucitar.

A esas alturas, Galdós había denostado públicamente el folletín como inspiración literaria, clamaba contra sus excesos sentimentalistas y lacrimógenos, a pesar de defender la novela como la consecuencia de “estudiar la vida misma, de donde el artista saca las ficciones que nos instruyen y embelesan”. Vivió, pues, el escritor escindido entre la seducción irrefrenable que le provocaba el talento narrativo y la personalidad de Higinia Balaguer y la ética literaria extremadamente racionalista que le imponía su condición de intelectual. Mostró solo lo segundo, publicando esas novelas que procuran no dar oportunidad al lado folletinesco del asunto.

En la intimidad, quizás sucediera algo distinto. A esas alturas, Don Benito vivía el momento más álgido de su apasionada relación amorosa con Doña Emilia Pardo Bazán. Las cartas que la escritora mandaba a su amante (encabezadas muchas de ellas por la salutación de “Miquiño mío”) hablan, por su tono, de que quizás fuera la Condesa quien agrietaba con sentimentalismos y lágrimas el iglú del riguroso escritor. ¿Qué hacía, si no, la Pardo Bazán en el patio de la Cárcel Modelo el 19 de julio de 1890?, ¿qué podía hacer si no era presenciar la realidad y el clamor del pueblo de Madrid por la ejecución de una inocente para, después, contarle a su amado que andaba equivocado, que la justicia de los magistrados es inviable en este país de bárbaros clasistas, curas hipócritas y señoritos delincuentes? Galdós nunca publicó los testimonios recogidos a Higinia. Tampoco conocemos sus misivas de respuesta a Emilia… siguen guardadas, o fueron destruidas para siempre, en el Pazo de Meirás.

Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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