Ficción

La literatura y el cine están llenos de ensoñaciones que parecen parábolas de esta cuarentena. No me refiero a las distopías futuristas, sino a aquellos episodios que recrean un espacio de ficción, ajeno al tiempo lógico, por el que los héroes transitan hasta transformarse en seres más capaces de vivir o hasta transformar la desdicha en sentimiento luminoso.

El descenso a los infiernos de Dante y Virgilio, la penitencia en la Peña Pobre de Amadís de Gaula, o la de su discípulo, Don Quijote, en la Cueva de Montesinos, la odisea a través de la noche neoyorquina de Griffin Dunne en la magistral After hours de Scorsese, el estado de gracia de la pareja perdida en la montaña de la poética Ficción de Cesc Gay… Ficción imprescindible para el ser humano, decía Kafka, afirmando que no podríamos vivir sin ella, que moriríamos de pura pena si no creyéramos en una historia que no nos pertenece.

Comienza eso que nos han dicho que debemos llamar desescalada, y que a algunos se les escapa titular regreso a la normalidad o –más inquietante aún- regreso a la realidad. Se acabó la ficción, pues. Pero han vuelto a engañarnos. Si esto que estamos a punto de dejar de vivir fuera una ficción, a la salida abrazaríamos a los que han perecido, y también a los que se han perdido para siempre porque el aislamiento les sirvió como excusa de ausencia y abandono; de ser ficción volveríamos a un país lleno de personas razonables y solidarias que no insultan con su mirada al vecino de la ventana de enfrente, y que asumen su ira y su fanatismo como un infortunio estrictamente personal.

Ahora es cuando empezamos a adentrarnos en la ficción, en la mentira perpetua de la que veníamos y que –de tan grande que se hizo- nos avocó a la realidad de la pandemia. La ficción de sentirnos a salvo en un mundo en el que la muerte de los niños y de los indefensos queda lejos, en el que la tortura de los animales es, a lo sumo, el momento más emotivo del discurso de un actor al recibir el óscar, en el que la deslealtad resulta obligada para la supervivencia estúpida de tantos.

Francamente, tengo la impresión de que esto que hemos vivido ha sido una interpretación magistral y colectiva de la realidad; también una representación del todo libre, en la que cada actor ha jugado el papel que le gustaría tener en el mundo. Lo que viene ahora es la ficción interminable de la vida, la servidumbre humillante del hombre moderno. Y de aquí solo la muerte o el amor podrían sacarnos.

‘La llave del campo’. René Magritte.

 

Imagen de portada: ‘Casa giratoria’ de Paul Klee.
María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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