El especialista Joe Sarno

Joseph W. Sarno fue uno de esos directores que, antes de que el cine pornográfico encontrara cauces de producción y distribución estables, cultivó ese género posibilista y tolerado que se llamó sexploitation, y que en otras latitudes se ha querido denominar softcore, porno blando o, simplemente, cine erótico. Hoy día estas películas conmueven por su ingenuidad: lo que mostraban es hoy materia común en cualquier película comercial, e incluso en telefilmes. Pero esa relajación de los límites de lo permisible no ha redundado en que estos directores, entre los que había algunos muy capacitados, hayan salido de la penumbra y sus películas se exhiban en los mismos circuitos o canales en los que, pongo por caso, puede verse Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick o Lío en Río de Stanley Donen.

A muchos de ellos, cierto, lo que terminó de condenarlos a la marginalidad fue la desaparición de la censura: abierta la posibilidad de hacer pornografía sin tapujos, se vieron confinados a la tarea de filmar las mil y una variedades –o quizá sean menos– de la cópula humana. Y salimos perdiendo, porque lo cierto es que aquellas películas “toleradas” de los años sesenta y setenta eran mucho más excitantes y divertidas que el nuevo producto, estandarizado e impersonal.

Algunas de las de Sarno figuran, desde luego, entre las mejores del género. Casi todas trataban de un asunto muy de época: la doble moral de las clases medias, en una época de creciente libertad sexual. De eso se ocupaban, más o menos, Sin in the Suburbs (1964), Moonlighting Wives (1966) y The Bed and How to Make It (1966). La primera, por cierto, presenta una especie de club de intercambios sexuales ritualizados que recuerda, como una gota de agua a otra, al que se describe en la mencionada Eyes Wide Shut. Todas ellas están fotografiadas en un primoroso blanco y negro, tienen bandas sonoras cálidas y envolventes y juegan a esa estilización de la realidad que caracteriza a los géneros más típicos del cine de serie B.

Una escena de 'Inga o Jag en oskuld'.
Una escena de ‘Inga o Jag en oskuld’.

Pero fue en la desinhibida Europa de los sesenta donde Sarno, como otros directores norteamericanos más o menos transgresores, encontró un ambiente más propicio para el tipo de cine en el que se había especializado. Y de producción europea (sueca, en concreto) es la que me parece una de sus mejores películas: Inga o Jag en oskuld (Inga o Soy curiosa), del muy significativo año 1968. En ella Sarno va más allá de las obviedades sociológicas de sus películas americanas y se embarca en una ambiciosa historia de manipulación sexual que recuerda, en su planteamiento, a Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos. La maquinación, de la que es víctima una muchacha de diecisiete años, se vuelve finalmente contra la manipuladora, tía de la jovencita. Pero no hay moraleja, porque de lo que se trata no es de amonestar a nadie, sino de describir con precisión y sin dramatismo la realidad de una sociedad abocada a la libertad de costumbres.

Años más tarde Sarno repitió trama e inspiración en la mucho más explícita Girl Meets Girl (1974), producida también en Suecia, y en la que el norteamericano demostró que podía, hasta cierto punto, controlar la nueva permisividad y seguir haciendo un cine interesante. Pero ya por entonces el cine convencional había empezado a apropiarse del repertorio de aquellos esforzados pornógrafos avant la lettre, convertidos de pronto en meros supervivientes de otro tiempo. Y nadie reclamó su herencia.

Autor

  • José Manuel Benítez Ariza

    José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) vive escribiendo y escribe sobre la vida: un poco cada día, un poco de todo, en una profusión hecha de muchas brevedades. Narrador, poeta, traductor y articulista, el hilo conductor de esta aparente dispersión de fuerzas es su "diario abierto" Columna de humo, en el que trata de explicarse.

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